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6 de abril de 2013

Ángel Santesteban " ya no es tan angelical, sino que actúa como demonio, diciendo verdades que muchos prefieren sepultar"

 

Cosas personales de Ángel Santiesteban


Warhol P


HAVANA TIMES — No he seguido con énfasis el caso de Ángel Santiesteban, porque para ser sincero desde el inicio de esa sórdida historia que se tejió y que muchos conocemos, creí que el autor del libro de cuentos: “Los hijos que nadie quiso”, uno de mis libros preferidos en la década actual, no era culpable, y aún mantengo la duda de una real culpabilidad.

Es cierto que he visto poco a Ángel, pero las veces que he tenido la oportunidad han servido para conocer que al menos su apariencia no encierra para nada a un hombre obsesivo (al no ser en su literatura) rondando lo psicopático como lo ha descrito el escritor Yoss en su carta abierta publicada originalmente en La llaga el 14 de marzo de el año en curso.

Algo así, no me parece bien para el que dice llamarse en reiteradas ocasiones amigo, hermano.

Es cierto que nunca llegamos a conocer del todo a las personas, considero que solo la convivencia y un tiempo prolongado nos serviría para conocernos a fondo, y aún así, lo inesperado podría salir a flote, dependiendo de alguna circunstancia en específico, todos tenemos un poquito de claro y oscuro.

Yo mismo, no me considero violento, abogo por la paz y la tranquilidad espiritual personal y ajena, pero no puedo negar que ante situaciones desagradables he llegado a sentir deseo de golpear a alguien, pero no lo he hecho, porque las aguas se han calmado rápidamente y poco a poco mi ira se ha desvanecido.
Eso sí, como todo ser humano discuto con mi pareja, y alguna que otra vez en una discusión ha estado rondando la violencia física y verbal, pero eso tiene un nombre: Problemas personales, sencillamente es mi asunto, mi vida, y debo resolver las cosas de la mejor manera posible.

Estoy totalmente en contra de la violencia en general, ya sea a personas o animales, nadie tiene el derecho de agredir a nadie, siempre es mejor optar por el dialogo y cuando no funciona la comunicación pues damos la espalda y resuelto el dilema.


Percibo que en el caso de Ángel hay algo raro. Ahora me remito a lo que mi colega María Matienzo ha escrito acerca de que la violencia contra mujeres y niñas no puede ser un pretexto político para sofocar una voz incómoda de la intelectualidad cubana.

Lo he escrito tal y como María lo publicó en su diario bajo el título: Una caricatura de proceso judicial para Ángel Santiesteban. Y concuerdo plenamente con su artículo.

En situaciones como estas, lo más importante es contar con evidencias, algo que pruebe que en verdad Ángel es culpable. Yoss, que parece tan conocedor de la vida personal de Ángel, puede decir que Santiesteban es su amigo sin realmente serlo, porque él mismo en otro artículo publicado en Havana Times ha desmentido tal amistad.

Yoss en su carta abierta habla como si se conocieran de toda una vida, hasta hace mención de Kenia, la ex-mujer dolida, que según Yoss fue hostigada, y recibió más de una golpiza, e incluso habló de cartas amenazadoras, y por demás, lo hace público.

Respecto a la señora Kenia, no sé porque motivos no impidió que Ángel fuese a la cárcel, hasta donde sé, creo que ambos tienen un hijo en común. De haber sido real la agresión debió pensar en su familia.
Porqué no buscar otras alternativas, tratar de que las cosas mejorasen, sin llegar a ese extremo, en todas las cuadras hay un comité de defensa y por ende también nos toca un jefe de sector, ¿porqué Kenia no fue directamente al jefe de sector para que este intercedería por ella? Considero que ese debió ser el primer caso.

Donde vivo, muchas parejas tienen problemas y cuando ocurren casos violentos las mujeres buscan ayuda con la policia, los esposos se someten a la charla de la policía municipal, quizás se les amenaza con hacerles una carta de advertencia y hasta con ir preso, pero de ahí no pasa, siempre las parejas tratan de arreglarse, y de no volver a caer en lo mismo.

Claro, aquí es donde para mi está lo raro, lo misterioso, en fin, lo político, pensar lo incómodo que puede resultar Ángel para algunos que se han dado cuenta de que el escritor, ya no es tan angelical, sino que actúa como demonio, diciendo verdades que muchos prefieren sepultar, para no verse implicados en asuntos políticos.

Por el momento, prefiero mantenerme al margen de la noticia, sin dejar de pensar que sin ninguna evidencia, Ángel Santiesteban no es culpable, y si lo fuese, solo Dios, Kenia y él lo saben.


Publicado en Havana Times

30 de marzo de 2013

Ignorancia selectiva: las escritoras de la UNEAC

¡Paredón, paredón!



http://www.cubanet.org/wp-content/uploads/2013/03/angel1.jpg

 Por Luis Cino Álvarez

LA HABANA, Cuba, marzo, www.cubanet.org – Un poeta digno que ha sabido enfrentar décadas de ostracismo, Rafael Alcides, ha escrito:  “Lamentaciones y esperanzas por un nuevo escritor encarcelado”. A partir de la carta de Alcides, empezaron a circular por los correos electrónicos notas de apoyo y firmas de varios escritores a favor de Santiesteban.
Entonces se produjo el contrataque oficial. Fue un ardid envuelto por lo políticamente correcto: ocho escritoras y periodistas firmaron un llamamiento contra la violencia de género, en el que el caso de Santiesteban parece ser el epítome del abuso masculino contra las mujeres, y el sistema judicial cubano queda impoluto, libre de  sospechas, excepto la de  haberse quedado corto en la sentencia de cinco años de cárcel.
Hasta parecen escucharse  los gritos de las féminas de la UNEAC contra el escritor-machista- abusador: ¡Paredón, paredón!
El documento, firmado por Sandra Álvarez, Marilyn Bobes, Zaida Capote, Luisa Campuzano, Danae Diéguez, Lirian Gordillo, Helen Hernández y Laidi Fernández de Juan, se solidariza con la ex esposa de Santiesteban  -de la que curiosamente no se menciona su nombre, Kenia Rodríguez-  y llama “a las instituciones y organizaciones cubanas a que se pronuncien sobre este caso en particular y también acerca de la violencia contra la mujer en nuestra sociedad”.
Así, luego de tanto esfuerzo por aclarar que el proceso judicial que envió a la cárcel al escritor por una riña ocurrida hace casi cuatro años, no tuvo motivaciones políticas ni la intención de represaliarlo por disidente, todo el que abrigue alguna duda al respecto, queda como machista y misógino empedernido. Amén de quedar señalado como proclive a ser manipulado por “la contrarrevolución”. ¡Y ya usted sabe lo que significa eso en la UNEAC!
¿Sabrán las firmantes  de las frecuentes palizas, atropellos e insultos sexistas que reciben las Damas de Blanco y otras opositoras  de parte de los segurosos y los porristas de las brigadas de respuesta rápida en los también frecuentes mítines de repudio?
Deben saber algo de estos mítines de repudio. Al menos una de las firmantes, Laidi Fernández de Juan, hace unos años, en el periódico Juventud Rebelde, calificó de “repudiables” estos progroms.
¿Se habrán enterado de que hace solo unas semanas, en Santa Clara, la opositora Iris Tamara Aguilera,  dirigente del movimiento femenino “Rosa Parks”, recibió fuertes golpes en la cabeza cuando fue proyectada contra la acera por un esbirro y fue maltratada en el hospital donde la condujeron por ser “contrarrevolucionaria”?
¿Conocerán del caso de Sonia Garro, una opositora que está presa hace más de un año, sin juicio, y que al ser arrestada en su casa, en Marianao, durante un aparatoso y violento operativo policial, fue herida con un proyectil de goma en una pierna?
¿Habrán tenido todos estos hechos en cuenta cuando redactaron su llamamiento y habilitaron una dirección electrónica para recoger firmas contra el abuso de género?
¿Estarán dispuestas a combatir la violencia contra las mujeres absolutamente en todos los casos?
Si es así, independientemente de la situación de Santiesteban,  seguro que recogerán muchas firmas más.

 Publicado por Cubanet



uneac
uba actualidad, Arroyo Naranjo, La Habana, (PD) No dejan de desconcertarme los escritores de la UNEAC, con sus poses de liberales a la hora de creer en la apertura del régimen y sus murumacas y acrobacias para no arriesgar sus premios, viajes y publicaciones.
Con el encarcelamiento de Ángel Santiesteban en circunstancias bastante dudosas, no esperaba una protesta de los escritores de la UNEAC, ni siquiera de los que posan de más osados. Eso hubiese sido pedir demasiado de ellos. Pero suponía que al menos sus amigos, como Eduardo Heras León, que hasta hace unos años proclamaba orgulloso que Santiesteban era "uno de sus muchachos" del Taller Narrativo "Onelio Jorge Cardoso Cardoso", y Laidi Fernández de Juan, que lo consideraba de sus amigos más queridos, si no protestaran, al menos lo lamentaran.
Pero, ¡oh, sorpresas, milagros y birlibirloques de la cultura oficial!, he aquí que sí hubo una carta del poeta Rafael Alcides –uno de los pocos dignos- y notas de apoyo y firmas a favor de Santiesteban; y entonces fue precisamente Laidi Fernández de Juan una de las ocho intelectuales que firmaron un llamamiento contra la violencia de género, en el que el caso de Santiesteban parece ser el epítome del abuso masculino contra las féminas, y el sistema judicial cubano queda libre de toda sospecha, excepto la de haberse quedado corto en la sentencia de cinco años de cárcel.
En otros tiempos, se hubiesen escuchado los gritos de ¡paredón, paredón!
El documento, firmado por Sandra Álvarez, Marilyn Bobes, Zaida Capote, Luisa Campuzano, Danae Diéguez, Lirian Gordillo, Helen Hernández y Laidi Fernández de Juan, se solidariza con la ex –esposa de Santiesteban y llama "a las instituciones y organizaciones cubanas a que se pronuncien sobre este caso en particular y también acerca de la violencia contra la mujer en nuestra sociedad".
Así, todo el que ose dudar del proceso sin motivaciones políticas ni ánimo de vendetta que envió a la cárcel al escritor-abusador, queda como machista y misógino empedernido.
¡Y yo que esperaba, iluso que soy, que al menos con papá Retamar, el poeta--comisario-presidente con gorra bolchevique de la Casa de las Américas, en la intimidad del hogar, Laidi Fernández se quejaría y lamentaría que Santiesteban estuviese en la cárcel a ver si papito no se ponía calibánico, se condolía y podía hacer valer sus influencias "allá arriba"!
¿Sabrá Laidi Fernández de Juan –que dice ser "tan devota a la revolución como ácida en sus críticas"- de los frecuentes golpes y empellones que reciben las Damas de Blanco y otras opositoras de los segurosos y los porristas de las brigadas de respuesta rápida en los también frecuentes mítines de repudio que ella misma en alguna ocasión ha calificado de "repudiables"?
¿Se habrán enterado ella y las demás firmantes del llamamiento de que hace solo una semana, en Santa Clara, la opositora Iris Tamara Aguilera recibió fuertes golpes en la cabeza cuando fue proyectada contra la acera por un esbirro del MININT?
¿Habrán tenido estos hechos en cuenta cuando redactaron su llamamiento y habilitaron una dirección electrónica para recoger firmas contra el abuso de género?
Hace varios años, en una entrevista con el propio Ángel Santiesteban (revista El Cuentero, no.6, 2008), Laidi Fernández de Juan dijo no compartir el criterio de que entre los escritores no puede existir la amistad. "Lo que sucede es que a veces creemos que alguien (sea escritor o no) pertenece a ese círculo de amigos y luego descubrimos que es miserable, repugnante e hijo de puta. Pero eso no tiene nada que ver con la literatura", aclaró.
¿Será eso lo que le ocurrió con Ángel Santiesteban? ¿No habrá pesado más el temor de que la relacionaran con un disidente?
El caso de Santiesteban, bien confuso y contradictorio, se las trae. Muchos consideran que la Seguridad del Estado utilizó como pretexto el incidente con su ex esposa –que se llama Kenia Rodríguez por si no lo saben las autoras del manifiesto que se solidarizan con ella sin nombrarla- ocurrido hace cuatro años, para represaliar a Santiesteban por su vinculación a Estado de Sats.
Si eso es así, uno se pregunta, ¿y por qué precisamente a él? ¿Acaso es el más crítico de todos los blogueros? ¿Pretenden dar un escarmiento en la UNEAC? ¿Valdría la pena para el régimen, precisamente ahora que pretende simular cierta apertura, pagar el costo político de enviar a la cárcel a un escritor que ganó hace unos años el premio Casa de las Américas con el libro "Dichosos los que lloran"?
He escuchado a algunos intelectuales que sospechan si a Ángel Santiesteban la Seguridad del Estado no le estará creando una leyenda de súper disidente con este encarcelamiento. "Aquí ya no se sabe quién es quién", murmuran. Y así, además de hacerse los listos, justifican su miedo de meterse en este lío y quedar como machistas. Y puede que hasta tengan razón. Nunca se sabe...
Para Cuba actualidad: luicino2012@gmail.com

Publicado en Primavera Digital

22 de febrero de 2013

Unas ficciones reales y dolorosamente incómodas

Carlos Espinosa Domínguez

Con sus tres libros de cuentos, Ángel Santiesteban Prats ha cimentado una obra de sólidos valores que significa una valiosa aportación a nuestra narrativa
El de Ángel Santiesteban Prats (La Habana, 1966) constituye un caso bastante singular en el panorama de la literatura cubana de las últimas décadas. Aunque a fines de los años 80 había dado a conocer algunos cuentos, algunos de los cuales fueron incluidos en varias antologías, y había obtenido algunos reconocimientos (mención en el Premio Juan Rulfo, 1989; primer premio en el Concurso Nacional de los Talleres Literarios, 1990; menciones en el concurso de cuento de La Gaceta de Cuba en 1994, 1995 y 1996), nada permitía anticipar la destacada y ascendente trayectoria que años después ha desarrollado. Un dato que lo pone de manifiesto lo es el hecho de que los tres libros que hasta la fecha ha publicado recibieron los galardones más importantes que se otorgan en la Isla: el UNEAC, el Alejo Carpentier y el Casa de las Américas. Pero más allá del aval que representan esos galardones, están los sólidos valores de una obra que ha significado una valiosa aportación a nuestra narrativa.
El primer libro suyo que vio la luz fue Sueño de un día de verano (Ediciones Unión, La Habana, 1998, 78 páginas). Resultó ganador en el Premio UNEAC de cuento en 1995, cuyo jurado integraban Julio Travieso, Reinaldo Montero y Alberto Garrandés. En la breve nota que aparece en la contraportada, se apunta que en esas narraciones la participación de los cubanos en la guerra de Angola se pone de manifiesto “no a la manera épica de los primeros intentos de abordar esta temática, ahora Santiesteban prefiere darnos el antihéroe, el arrepentido, el corrompido, en fin, personajes que también son hijos legítimos de cualquier conflagración bélica”.
En efecto, la participación de los soldados cubanos en la guerra de Angola (1975-1991) se había plasmado en obras testimoniales y narrativas que solamente mostraban su lado heroico (a esos libros hay que sumar las películas Caravana, Kandanga y Sumbe, que siguen con fidelidad esos patrones). Con la irrupción de los llamados “novísimos”, empezó a incorporarse otra visión, mucho menos hipotecada al paradigma heroico. Un ejemplo representativo es la novela Cañón de retrocarga, con la que Alejandro Álvarez Bernal obtuvo en 1989 el Premio David. Su protagonista es un joven de veinticinco años que no teme expresar: “La guerra me tiene harto, me cago en mi condición heroica de dilecto hijo de la patria”, al tiempo que se pregunta: “¿Estoy obligado a sonreír a las nuevas generaciones desde una foto rígida mientras mi nombre cuelga en un CDR?”. El tema del conflicto bélico lo trataron algunos de los novísimos en cuentos aislados, pero hasta la publicación de Sueño de un día de verano no había sido el tema central de un libro completo.

Lo invisible tras la hinchazón patriótica

Esta nueva visión a partir de la cual se aborda el tema se advierte ya desde el primero cuento, cuyo título corresponde al del libro. Al igual que sus compañeros, al protagonista la lejanía lo lleva a encontrarse a sí mismo, a descubrir aspectos que no conocía, a extrañarse de las cosas más cotidianas y a saber su verdadero precio. Desaprueba así actitudes suyas que ahora reconocen fueron inmaduras, como lo fue la de haber aceptado venir a pelear en Angola. Allí descubre además la retórica vacía que hay en frases y consignas como internacionalismo proletario y solidaridad con los hermanos pueblos de África: “El teniente no entiende o no quiere entender. No se cansa de decir que esto es un pedazo de la patria. Pero no es lo mismo, aunque hagamos los mismos sacrificios. Y qué carajo se va a hablar de la patria, de allá, tan lejos, y lo difícil que está aquí”.
En Sueño de un día de verano no hay glorificación de grandes hazañas bélicas. Aunque no deja de estar presente, el autor no pone énfasis en resaltar el coraje de los soldados cubanos. Evita además el impulso épico, así como el didactismo ideológico y las valoraciones impuestas desde fuera. Su intención es, ante todo, mostrar el lado puramente humano de esa guerra, revelar lo invisible tras la hinchazón patriótica. Los cuentos se centran en las incidencias cotidianas de unos hombres expuestos a situaciones extremas. No son héroes ni paladines, sino personas de carne y hueso que combaten sin retroceder, pero que como cualquier soldado en cualquier guerra libran diariamente una batalla individual por sobrevivir.
Aunque no lo pongan en evidencia a través de su comportamiento, el miedo a morir nunca los abandona. Algo, por lo demás, perfectamente comprensible al tratarse de un enfrentamiento bélico, en el cual las opciones que se tienen son dos: matar o que lo maten a uno. Eso justifica que la muerte tenga una presencia constante a lo largo del libro. En uno de los mejores cuentos, “Después del silencio”, Santiesteban Prats incluso pasa a convertirla en personaje: “No soporta perder. Los que nos quedamos, sabemos lo que nos espera, porque Ella es rencorosa y se la cobra más temprano que tarde. No tiene escrúpulos. Nunca se conmueve. Y desde ese momento no queda más remedio que empezarla a entretener, y nos turnamos con las cartas, y le enseñamos números de magia, y a jugar damas, y ajedrez, a ver si de alguna manera se olvida o nos perdona. De todas formas siempre nos alegra que alguien se le haya ido, porque un poco que sentimos que nosotros la jodimos también”.
En Sueño de un día de verano dominan los hechos simples y ordinarios, que por lo general los libros de Historia nunca recogen. El médico que, a escondidas de sus superiores, cura la gonorrea a los reclutas. El soldado que está orgulloso de seguir vivo para su familia, pues “son los únicos que lo van a agradecer”. El que quisiera ser el oficial que, dos horas antes de que dieran la orden de una ofensiva contra un campamento enemigo, es autorizado a regresar a Cuba debido a que su padre falleció. El que ante la visión de los senos desnudos de dos jóvenes angolanas, no puede evitar una hinchazón en la entrepierna y, disimuladamente, se la aprieta con el puño. El que al dar cuenta de su “primera contradicción”, confiesa: “El primer herido que vi me puso muy triste; no pensaba en la herida de él, sino en las que me pudieron hacer a mí”.
Por otro lado, en algunos cuentos Santiesteban Prats muestra las secuelas físicas y sicológicas que esa experiencia dejó en quienes tomaron parte en ella. En “En la guerra no hay misa”, un joven que era pianista pese a haber regresado a Cuba, sigue estando “allá”. Ya no es el mismo. No logra dormir. Siente miedo por los que quedaron. Ahora piensa “en mapas, no en partituras; ni en el piano como antes, sino en fusiles”. No busca “informaciones de concursos, sino partes de guerra”. Algo similar le ocurre al protagonista de “Suerte que tienen algunos” (5). Hace dos años que volvió de Angola, aunque con una pierna de menos. En su barrio lo consideran un héroe y lo apodan el Inter. Fue condecorado y le dieron un apartamento. Pero “por las noches, siempre sueña con las mismas imágenes. Sueña que lo han mandado a avanzar sobre el terreno minado el día anterior”.
Pero el mérito de esos textos no solo radica en mostrar la guerra de Angola sin maquillajes, eso que podríamos llamar su lado B. Al interés de la propuesta temática, se suma el aspecto formal con que Santiesteban Prats ha sabido plasmarla. En esos cuentos consigue una inteligente coherencia entre lo que narra y la manera como lo hace. Eso se hace más evidente en los mejores, en los que esa manera muestra ser idónea y eficaz. Digo esto pensando en narraciones tan logradas como “Carta amarilla”, “Sueño de un día de verano”, “La misión”, “El puente”, “Sur: latitud 13” y “La última carta”. Su autor además abreva en el mejor realismo, esto es, un realismo no dogmático ni contenidista.

Tuvo que eliminar cinco de los cuentos

A partir de esa opción estética, Santiesteban Prats ha escrito unos cuentos en los que se alternan distintas personas narrativas (primera, segunda, tercera). Esa polifonía de voces tiene una perfecta correspondencia con el protagonista colectivo que tiene el libro, y contribuye a crear un gran fresco de la realidad que se muestra. Aunque cada texto posee entidad por sí mismo, existe una aleación sutil entre todos. Tanto los cuentos como las viñetas que integran los bloques titulados “La Cruz del Sur”, “Suerte que tienen algunos” y “Dos pájaros de un tiro”, pueden muy bien ser leídos como piezas de una novela que se disgrega en varias direcciones para luego volver a confluir. Asimismo conviene señalar que esos y otros aciertos hacen que, pese a tratar un solo tema, Sueño de un día de verano esté muy lejos de ser un libro monocorde.
Aquel libro tuvo unos avatares que, dada su poco complaciente visión del tema, era de prever. En su versión original se titulaba Sur: latitud 13, y en 1992 estuvo a punto de ganar el Premio Casa de las Américas. Pero evidentemente no era el libro sobre la guerra de Angola que quienes se encargan de esos menesteres querían que llegara a los lectores de la Isla. Su autor, sin embargo, no desistió de su empeño de que se publicase. Como él comentó en una entrevista, en 1995 dio a aquel original otro título, Sueño de un día de verano, lo envió al concurso convocado por la UNEAC y resultó galardonado. Pero demoró tres años en llegar a las librerías, solo después que él aceptara la condición de eliminar cinco de los cuentos.
Y sobre eso, Santiesteban Prats cuenta: “Luego lo saqué completo por una editorial fantasma que ideé, y a la que puse Emily, el nombre de mi madre. Puse que estaba editado en España, pero es incierto. Hice una impresión de cuatro mil ejemplares, que fui regalando a cuanto intelectual hay en Cuba, así como también a amigos”. Al cotejar los dos libros, Sur: latitud 13 y Sueño de una noche de verano, comprobé que, en efecto, hay tres cuentos y dos viñetas que no aparecen en el segundo. Se trata de “Mambrú no fue a la guerra”, “Siete tristes tigres”, “Los olvidados”, “Suerte que tienen algunos” (7) y “La Cruz del Sur” (6). Por cierto, su autor logró rescatar el tercero de esos textos, al incluirlo en su siguiente colección.
Con Los hijos que nadie quiso (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2001, 95 páginas), Santiesteban Prats demostró que el hallazgo de aquel estupendo primer libro no fue obra de un flautazo casual. Así debió entenderlo el jurado del Premio Alejo Carpentier, que en la edición de 2001 le concedió el galardón correspondiente al género de cuento. Este segundo título recoge seis narraciones que superan en extensión a las de Sueño de un día de verano. Y a diferencia de las de aquel volumen, no están escritas en torno a un mismo núcleo temático. Tres de las mismas muestran aspectos de la vida de los cubanos durante el llamado Período Especial (“Lobos en la noche”, “Los aretes que le faltan a la luna”, “Los hijos que nadie quiso”). Otras dos narran historias que tienen lugar en el microcosmos carcelario (“La Puerca”, “La Perra”). Y la que cierra el libro, “Los olvidados”, está ambientado en la guerra de Angola.
“Lobos en la noche” ocurre durante la hambruna que sufrió el país durante la primera mitad de los años 90. Sus dos protagonistas roban y matan vacas, como una desesperada salida para poder comer. Se trata, ambos lo saben, de un delito que es severamente castigado. Pero para ellos la subsistencia está más allá de leyes y códigos éticos. Xinet, la protagonista de “Los aretes que le faltan a la luna”, se ha visto forzada a abandonar temporalmente sus estudios en la universidad para dedicarse a la prostitución con extranjeros. Gracias a eso, su familia no sufre necesidades, penurias ni estrecheces. Pero el precio que les toca pagar a todos es alto, pues conlleva la frustración de sueños e ideales, la destrucción de los valores familiares y la dignidad humana. Y “Los hijos que nadie quiso” recrea el “maleconazo” de 1994, a través de las incidencias de un grupo de hombres que se lanzan al mar en una improvisada y endeble balsa.
Al inicio de “Los olvidados”, el narrador expresa: “Desde que montamos el helicóptero tengo el presentimiento de que no regresaremos con vida. Algo me sobrecoge, la piel se me ha puesto como una lija y los ojos llorosos”. Una vez que son dejados en medio de una inmensa ciénaga, los dieciséis soldados y el oficial que los manda van a parar a una situación límite. Varios de ellos pierden la vida, incluido el sargento. “Les aseguro que se van a arrepentir, deben actuar como seres humanos y no como animales”, le comenta el narrador a sus compañeros. Y precisamente lo que el cuento desarrolla es el proceso de animalización que se va produciendo en el grupo. Personalmente, pienso que el autor lleva esa idea hasta límites demasiado extremos, con lo cual ello el cuento pierde verosimilitud. Con ello se desvía un tanto del propósito de humanización de los conflictos y de evitar la simplificación, uno de los aciertos de Sueño de un día de verano.
Dos de los cuentos más logrados e impresionantes son aquellos en que Santiesteban Prats nos sumerge sin anestesia en ese entorno tan proclive a la degradación y el abuso que es la cárcel. Sus personajes son presos comunes que cumplen condenas por causas que no se especifican. La violencia que impera en ese mundo cerrado aparece presentada con toda crudeza. Así, en “La Puerca” se desencadena a partir de la necesidad sexual. Esta se convierte en un instinto primario y animal que lleva a que dos reclusos se enfrenten, a causa de la posesión de un “gordito tímido” que hace poco llegó a la galera. Pero del mismo modo que saca y amplifica las pasiones más bajas, la cárcel también es capaz de hacer que afloren las características positivas de la condición humana. El travesti apodado la Perra transgrede las normas penitenciarias y ofrece ayuda a un preso que ha sido golpeado salvajemente por los guardias. A su vez, este termina por pasar por encima de su “educación machista” y establece una relación humana con “la única persona que lo había socorrido arriesgando su seguridad personal”.

Una fábrica que produce animales humanos

Realmente, aquellos dos textos formaban parte del que iba a ser el tercer título de Santiesteban Prats, Dichosos los que lloran (Fondo Editorial Casa de las Américas, Las Habanas, 2006, 149 páginas). Con él obtuvo el premio de cuento en el concurso convocado anualmente por esa institución. Se lo concedió un jurado integrado por escritores de Argentina, Colombia, México, Uruguay y Cuba. Puntualmente, los libros galardonados se presentan el año siguiente, en enero. No fue ese el caso de Dichosos los que lloran, que por razones que nunca se explicaron no fue presentado hasta septiembre de 2008, en el Sábado del Libro. Lo curioso es que en la última página se dice que “se terminó de imprimir en el mes de diciembre de 2006”.
Para su autor, Dichosos los que lloran significó el retorno al libro de estructura monotemática, además de que en este caso partió de una realidad que conoció de primera mano. A los diecisiete años, cuando estaba por ingresar en la Escuela Interarmas Antonio Maceo, cayó preso por acompañar a la costa a sus hermanos, quienes intentaban salir clandestinamente del país. Ellos fueron penalizados con diez años, mientras que a él lo sancionaron por encubrimiento con catorce meses, que cumplió en La Cabaña. Como él ha comentado, allí fue donde descubrió la pasión por la literatura.
“La cárcel es una fábrica que produce animales humanos”, afirma el protagonista de La fábrica de animales, la magnífica novela de Edward Bunker. Santiestban Prats lo confirma en esas veinticinco narraciones, en las que aborda sin ningún tipo de concesiones el mundo de las prisiones. En esos cuentos ese microcosmos aparece captado con una minuciosa y opresiva intensidad. De ello resulta un libro poderoso, dolorosamente incómodo y lleno de sabiduría. Que nos golpea con fuerza en el estómago y, tras concluir su lectura, nos hace pensar. Son, como argumentó el jurado del Premio Casa, unos “relatos conmovedores que nacen del encierro, los miedos, las soledades, las frustraciones y la pérdida de valores humanos”, y que su autor escribió “sin emitir juicios moralizantes, y desde una visión objetiva y a la vez desgarradora”.
En Dichosos los que lloran, la cárcel es mostrada desde dentro, con toda su carga de marginalidad y degradación moral. Se trata, ante todo, de un espacio que se rige por unas leyes propias, y que pese a no estar escritas son inquebrantables. A una de esas normas recurre Chepe cuando envía un emisario al Llanero Solitario, para tratar de convencerlo de que acate su derecho a ser el primero en disfrutar sexualmente de la Puerca: “Ve y díselo, a ver si te entiende y acepta y se aparta de mi camino, que no rompa las costumbres establecidas, esto no lo inventé yo, desde que la cárcel es cárcel las cosas han sido así: el mandante es el que reparte”.
La nota que domina en la vida de los presidiarios es la violencia. La ejercen por igual mandantes y guardias. Estos últimos actúan con una brutalidad que, en muchos casos, es injustificada (esto se muestra en cuentos como “La Perra” y “El Padrino”). En “Los trabajos y los días”, un error durante el recuento de los presos hace que el oficial golpee con su tablilla al mandante de la galera. Este se desquita después con los hombres bajo su manado. Coge un pedazo de madera que se ha zafado del mural y “les dice que por culpa de ellos ha sido golpeado, por estar en la bobería y no atender a lo que debían (…) ¿Yo puedo irme?, pregunta el Jábico. El mandante no contesta, solo alza el listón para dejarlo caer muchas veces sobre los reclusos que se ahogan en sus propios gritos, piden de favor que no los golpee más, que ya es bastante; uno dice que está herido, y el jefe se detiene cuando le ve el rostro cubierto de sangre y un hilillo salpicando la camisa. Les dice que vayan hasta la puerta y pidan ir a la enfermería, cuando les pregunten qué les pasó, digan que fue la tablilla del oficial”.
Eso convierte la prisión en un submundo de barbarie, en donde el único objetivo de los reclusos es sobrevivir mientras dure la condena. Sobrevivir sin que los cosan a puñaladas o les partan el culo. Eso significa estar dispuesto a todo, incluso a sabotear la libertad del compañero que ha sido amigo, hermano y guardaespaldas por tantos años (“La despedida”). La agresividad, la constante actitud defensiva, la venganza, el miedo, son los códigos de conducta que van forjando el carácter de los reos. En ese entorno brutal y violento, donde la vida no vale nada, conservar algo de humanidad e inocencia es así un empeño imposible. Solo queda el recurso de escapar a un mundo alterno, creado por la imaginación, como hacen los protagonistas de “El francotirador” y “Pabellón”.
En esa summa del mundo carcelario que es Dichosos los que lloran, Santiesteban Prats reserva espacio para las personas que padecen las consecuencias desde otra perspectiva. Aparece en algunos cuentos y es el asunto central de “Síndrome del nido vacío” y “La madre”. En el segundo, una mujer acude el día de la visita a ver a su hijo. La vez anterior le dijeron que por indisciplina lo habían mandado a la celda de castigo. Allí iba a estar veintiún días, con media ración de comida y sin salir al sol. Ahora, por más que los oficiales le aseguran que su hijo está en el salón, la mujer no consigue dar con él. Solo ve a un muchacho solitario, que duerme con el rostro oculto entre los brazos. No puede ser su hijo, pues este es alto y fuerte. En cambio, aquel joven pelado al rape tiene brazos flacos, la piel muy blanca y la espalda estrecha. Aunque sabe que es por gusto, se le acerca, desconsolada. “Con temor, le toca por el hombro; el muchacho levanta la cabeza y la abraza”.

Este mundo también nos pertenece

Si en Sueño de un día de verano su autor cuestiona la naturaleza de toda guerra, en Dichosos los que lloran hace una demoledora crítica contra la deshumanización de la vida en prisión. Si en el siglo XIX se sentían orgullosos de ellas, como recuerda Michel Foucault en Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, en nuestros días por el contario nos dan vergüenza. Acostumbramos pensar que las cárceles son sitios a donde se envía a los elementos dañinos de la sociedad, para que sean rehabilitados y reintegrados. Pero en la práctica, el sistema penal se muestra incapaz de asumir esas funciones. Allí van a parar, por haber cometido pequeños delitos, hombres que, al tener que convivir entre delincuentes y asesinos, salen convertidos en auténticos criminales. Para ellos, ir a la cárcel significa un viaje sin retorno a la fábrica de producir animales.
Eso plantea una cuestión a la cual se refirió el filósofo argentino Edgardo Castro, en una entrevista reciente. Si las cárceles no cumplen la función que debieran cumplir, ¿por qué las mantenemos? O mejor dicho, ¿por qué las mantenemos de la misma manera, combinando la privación de libertad con el castigo frecuentemente arbitrario? Humanizar las prisiones sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes que todos los países sin excepción tienen hoy.
Durante la presentación de Dichosos los que lloran, Francisco López Sacha expresó que al leerlo sintió que “estaba ante un testimonio literario, ante un hecho de la literatura, es decir, ante una expresión que tomaba un referente real, objetivo y lo convertía en arte. Inmediatamente me di cuenta de que tal vez desde 1938, desde Hombres sin mujer, no existía en la literatura cubana un libro tan compacto sobre un asunto común, no digo un tema. El asunto era la vida del hombre en un presidio común”. Suscribo plenamente su opinión. Esos cuentos destilan un nivel de autenticidad que no resulta impostado, que denota un conocimiento cabal de lo que cuenta. Pero su autor ha logrado que lo que pudo haberse quedado en un testimonio se materialice en excelente literatura.
Dichosos los que lloran es una obra en la cual la importancia de la propuesta temática se enriquece con el acierto estético de su plasmación. En lugar de literatura que se concibe como escritura autónoma, aquí las formas surgen como consecuencia de los contenidos. Santiesteban Prats demuestra un dominio mucho más maduro y afinado de las técnicas narrativas, así como de las exigencias propias del cuento. Este es, como ha recordado el novelista Rodrigo Fresán, el género donde más se ven los defectos de un escritor. O dicho de otro modo, donde mejor se ponen de manifiesto sus cualidades. En ese sentido, hay que decir que los cuentos de Dichosos los que lloran cumplen espléndidamente esas reglas de oro del género que son la intensidad, la medida y la necesidad.
Poseen el acierto de que desde la primera línea atrapan al lector y lo mantienen atento e interesado hasta el final. Están escritos además con una impecable factura y una estructura unitaria y llena de claves interiores. Asimismo me parece pertinente destacar el acierto del autor de eludir los juicios morales sobre los personajes. Por el contrario, lo que más bien este parece decirnos es, como comentó López Sacha: “observen este mundo, este mundo también nos pertenece, hemos sido causantes también de la desdicha de esas personas; esas personas tienen derecho a reivindicar su vida, a modificarla”.
Tras esa sobresaliente trayectoria como escritor, reconocida con varios premios, Ángel Santiesteban Prats se enfrenta ahora a la cruel ironía de estar a punto de ingresar en el mismo régimen carcelario que cuestionó en su último libro. Se le acusa de un supuesto delito de violación de domicilio y lesiones, cargos que las evidencias presentadas no han podido demostrar convincentemente. En realidad, se trata del más reciente hecho de su caída en desgracia. Comenzó a partir de que el autor de Sueño de un día de verano abrió un blog donde escribió comentarios críticos de carácter político.
El pasado 8 de noviembre Santiesteban Prats fue brutalmente golpeado y detenido cuando acudió a una estación de policía de La Habana para interesarse por la suerte de varios opositores arrestados el día anterior. “Cuando me detuvieron”, declaró a Café Fuerte, “el que me arrestó me advirtió que si no me bastaba con los cinco años de sanción que me esperaban”. Hace pocos días el Tribunal Supremo Popular le dio la razón a aquel fulano, al confirmar la sentencia de cinco años de cárcel para el escritor. Eso me ha hecho recordar una breve escena de Alicia en el país de las maravillas:
“—¡Que el jurado considere el veredicto! —ordenó el Rey por enésima vez aquel día.
—¡No, no! —atajó la Reina—. ¡La sentencia primero! ¡Ya habrá tiempo para el veredicto!”.

Publicado en Cubaencuentro

21 de febrero de 2013

El tren de las generaciones



Me sorprende el asombro que expresan algunos intelectuales de que esté atravesando un proceso jurídico amañado por la Seguridad del Estado, ¿acaso pensaron que decir las verdades en el rostro de la dictadura, además desde el interior de la isla, iba a pasar inadvertido? No creo que existan cubanos con tanta ingenuidad ni tampoco con tan mala memoria.
Recuerdo que esta realidad que ahora sufro me la hizo saber un extranjero que reside en Francia, estudioso de la literatura cubana, y también conocedor del proceso totalitario que persiste por más de cincuenta años en Cuba, y en los días que concebía el blog me advirtiera lo que ocurriría conmigo al comenzar a escribir los primeros post, ¿si estaba preparado a perderlo todo y a enfrentar la maquinaria mediática, demoledora física y mental que arremeterían en mi contra? Le respondí que sí, ya no soportaba más el silencio, continuar con la máscara.
Reconozco que para ese entonces no imaginé que llegaran a tales degradaciones, embustes y atropello. Uno siempre piensa que un Estado, por fascista que sea, tendrá el escrúpulo, o al menos, una manera más inteligente para hacerlo, y no de la forma burda con que han manejado la situación para desacreditarme. Jamás sospeché que podría serles tan importante, un enemigo vital como lo que han demostrado según su dedicación y riesgos, al punto de construir testigos falsos, que gracias a la suspicacia de una amiga, pudo entrevistar al más importante y filmarlo, y por suerte, todas aquellas acusaciones que llegaron a sumar los 54 años de cárcel como petición Fiscal, se cayeran al presentarles a su “testigo” relatando las presiones y sobornos que había recibido por parte de la denunciante (cómplice del gobierno) y de la policía (el testigo asegura la relación marital entre la denunciante y el Mayor Pablo, Jefe de los Jefes de Sectores del municipio Plaza), para que aceptara mentir en mi contra.
Por si fuera poco, ese mismo testigo asegura en el video que no hubo tal visita mía por encontrarse casualmente en las afueras de la vivienda de la denunciante, por ende, no existió de mi parte “violación de domicilio ni agresión”, y lo que resultaba el “flamante testigo” de la Fiscalía, pasó a ser una prueba contundente de mi abogado, y que el Tribunal desaprobara para beneficio de la propia Fiscalía, como fueron desaprobados los demás testigos que aseguraban mi inocencia y mi permanencia en otro lugar en el mismo momento donde la denunciante asegura que me encontraba. El tribunal desaprobó otro testigo, amigo de la denunciante, que aseguraba que como mínimo en dos ocasiones, antes que se efectuara la denuncia, ésta le confesó que me haría “un número 8 judicial”, y no escuchó sus ruegos de que no lo hiciera, que recordara que yo era el padre de su hijo. También el Tribunal desaprobó a la testigo maestra del menor y Directora de la escuela, en este caso de mi hijo, y que éste le revelara que su madre le pedía que falseara hechos denigrantes en contra de su padre.
¡Siempre me pregunto qué hubiera sucedido hoy si alguien, en este caso ese “testigo”, hubiera mentido, declarado que me encontraba en aquella vivienda y hube de cometer todos los horrores que me quisieron endosar! Entonces ahora mi realidad fuera otra, si me condenaron a cinco años sin pruebas, ¿a cuánto hubiera ascendido con los demás horrores que me endilgaban? En estos momentos yo fuera el hombre más solo de la dictadura, porque pocos creerían que un “Estado” fuera capaz de cometer semejantes vejámenes espurios contra un intelectual por el solo hecho de abrir un blog.

La soledad del intelectual en un Estado sin derechos.

Desde el principio me convirtieron en un marginado de la cultura cubana, ese fue el primer castigo, luego, en un intento de aislarme internacionalmente, cerraron el correo que el Ministerio de Cultura me había contratado y por el cual pagaba el alquiler, por usarlo para enviar los post al exterior, eso dijeron.
A los pocos días me golpearon y fracturaron el brazo. Muchos, como ahora con el proceso jurídico, se mostraron inseguros de creerlo, la policía política del país no trabaja así, dijeron, porque les conviene mostrarse inseguros, aceptarlo los llevaría a una realidad que no quieren asumir de ninguna manera. Por supuesto, cuando vieron la golpiza filmada que arremetieron bestialmente contra mi persona, entonces hicieron silencio. Por lo general solo opinan para esconderse detrás de la inseguridad y no correr riesgos, no quedar de un lado ni del otro, salvo cuando son convocados directamente y no les queda más remedio que mover la banderita ante el paneo de la cámara de televisión oficialista.
Desde hace tiempo aprendí a comprenderlos. El miedo los corroe. Nada puede sorprendernos de una generación que humillaron, castigaron, les hicieron las injusticias más increíbles, y siguen apoyando desde su miedo. ¿Qué solidaridad se puede esperar para los demás si no fueron capaces de ejercerla con ellos mismos y exigir, ni siquiera tenue, sus derechos?, y resistieron las degradaciones y pidieron perdón sabiendo que no cometieron pecado para merecerlo, si no lo es escribir con el alma la realidad que los circundaba o ser homosexuales. Y esperaron años, décadas, a que el Gran Dios de la revolución les hiciera falta para cubrir su imagen, y les brindara espacio cultural, televisivo y hasta puestos de funcionarios.
La duda de esos intelectuales es la capa de miedo que los cubre. No tuvieron voces para ellos ni para los artistas de generación que fueron castigados, vilipendiados, profanados. El silencio siempre ha sido su vocación. Esperar lo contrario, máxime ahora que son una generación anciana, sería una ingenuidad. Así nacieron, así sobrevivieron, y así morirán.

La generación del espejo

En ese espejo, les siguió una generación que comenzó a imitar el estilo de sobrevivencia que les antecedía. Hicieron silencio porque alcanzaron a ver a los castigados, les contaron las atrocidades cometidas contra ellos. También consiguieron a recibir castigo y silencios culturales. Vieron partir al exilio a gran parte de su generación. Y callaron, esa fue la mejor lección aprendida. Con los líderes no se juega porque entonces les enseñaban los famosos “instrumentos” que tanto les hablaron. Hicieron una obra a medio tono, para que no exaltara las molestias del Estado. Ellos comenzaron el cinismo, intentar pasar inadvertido, escribir sin levantar ronchas y sobrevivir.

La generación de los novísimos.

Así nos llamaron, y fuimos los primeros en mostrar rebeldía, irreverencia, porque sabíamos que más importante que nosotros mismos era la obra, el arte, y nada podía llevarnos al estatus de las generaciones que nos antecedieron y que nos mostraban sus desdichas como trofeos. Todos fuimos perseguidos, golpeados, castigados, gran parte detenidos, interrogados, maltratados, asustados.
De esa generación que encontré en aquel Seminario de Narrativa en el Centro Alejo Carpentier a mediados de los años ochenta, si mal no recuerdo, soy el único que se mantiene en el país con el oficio de escritor. Todos decidieron partir y llevarse consigo las heridas y cicatrices que la policía cultural y política les había propinado por esa insistencia de hacer una literatura honesta.
El hecho de dar la espalda a su país y a la familia, era una respuesta tácita a que no soportarían los designios políticos ni las injusticias cometidas por décadas. Partieron para salvar sus vidas y su obra. Y ahora sus voces redimidas, en su mayoría, desde sus espacios de total libertad, claman justicias históricas y un proceso democrático para el país.
Otros intelectuales de generaciones que nos siguen han comenzado a levantar sus voces de solidaridad, arriesgando conscientes los que puede acarrear sus actitudes y los posibles castigos que recibirán por ello.
Pero a veces la voluntad del corazón puede más que la fuerza del bolsillo y del bienestar físico. Y eso lo desconocen la gran mayoría que albergan en su pecho, como inquilino permanente, el desbastador terror que les sembraron.
Jamás le pediría a ningún intelectual que clame por mí. Eso es de una naturaleza que se necesita hacerlo o sientes que mueres. Algunos se han adaptado a estar muertos.
Pues que en gloria estén, si sus conciencias se los permite. 


Ángel Santiesteban-Prats 

20 de febrero de 2013

Confesiones de un novelista por sus Ángeles desamparados

Rafael Vilches Proenza/ Foto: Luis Felipe Rojas
 
 
 
 
Confesiones de un novelista por sus Ángeles desamparados,
a favor del escritor y hermano Ángel Santiesteban.


Por Rafael Vilches Proenza.

Les basta ser, y esto es inexpresable.
Pero nosotros tenemos miedo, y no solo en la oscuridad
sino que en la luz fecunda.
V. Holan





Fueron años difíciles los que escogí para escribir la novela Ángeles desamparados, libro que escribiera entre Santa Clara y Vado del Yeso y que terminara en 1996 en mi casa en Chichacoja, a un costado de Vado del Yeso.
El culpable de la aventura, o del viaje hacia la novela fue ese entrañable ser que es y seguirá siendo para todos sus amigos, por siempre Guillermo Vidal.
Había leído 2 o 3 cuartillas de algo que yo llamaba cuento en un Encuentro de Talleres Literarios en Bayamo a principio de los 90, donde el Guille había sido jurado hacía un momento. Por supuesto que no me dieron ni mención.
Zoelia Frómeta me permitió que acompañara al Guille a almorzar en el entonces Hotel Central, ahora Escuela de Artes Plásticas. Ahí, con dos lacones de por medio, él me pidió que le hablara del cuento, y yo lo hice, le narré una historia y el muy cabrón se atrevió a decirme: “Vilches, ahí tienes una novela, una cabrona novela, hermano”. Y yo entre pasmado e incrédulo le dije “no jodas, que novela ni novela, si son dos míseras cuartillas, solo escritas para participar en el encuentro debate y estar junto a ustedes compartiendo estos momentos”. “Sí”, -dijo- “te lo voy a demostrar”. Y seguimos almorzándonos aquellos dos lacones, que para el período especial por el que estábamos pasando casi todos los habitantes de la isla (o sea, los cubanos de a pie que se ha pasado la vida entera en período especial, que no significa nada bueno ni glorioso, todo lo contrario y por más que luchamos no logramos salir de él) era y sigue siendo un suculento manjar.
Más tarde, en el parque Carlos Manuel de Céspedes, me dijo: escucha, y sacó un libro del peruano Jaime Baily, que yo no sabía quién rayos era en ese momento:  No se lo digas a nadie y me leyó un fragmento, solo un fragmento de la novela, “mira, la novela que vas a escribir deberá estar por ese tono o por esa cuerda, recuérdalo”, - me dijo- “no lo olvides”. Y me leyó las palabras de contracubierta del libro, escritas nada más y nada menos que por Mario Vargas Llosa, a un escritor entonces muy joven y de mi generación. Y ahí comenzó el maldito-bendito viaje hacia una novela que me ha dado muchas alegrías.
Años después, mi amigo y hermano el poeta Omar Parada me prestó dos libros de Jaime, y siguió siendo el mismo escritor fabuloso que un mediodía bayamés me descubriera en su voz Guillermo Vidal mientras esperábamos por la aparición de Zoelia Frómeta en esa preciosa ciudad que sigue siendo Bayamo.
Solo bastaron unos pocos años para que el Guille leyera mi novela y me diera un fuerte abrazo en la plaza cultural de Las Tunas, y otros consejos para que la culminara. Novela que me mereciera la amistad de Mariela Varona, que se la leyó en su original que le fue pasado por Michael Hernández Miranda, que sabe otra historia alrededor de la novela y un premio, pero como es una historia fea, no la cuento, porque no pretendo mencionar nombres. Novela por la cual Martha María Montejo dejó de hacer su programa de las medianoches bayamesas en vivo, y tuvo que hacerlo desde entonces grabado y supervisado, por permitirme leer varios fragmentos de mi entonces novela inédita y al otro día la querían incinerar, degollarla viva, el gobierno, el partido y la dirección de la radio en pleno; pero esa noche estuvimos hasta bien entrada la madrugada compartiendo y recibiendo llamadas de los oyentes que querían comprar la novela, pero aún no se había publicado en ninguna parte. Novela de la cual escribieron Manuel Navea y Carlos Manuel Pérez mucho antes de su primera publicación que solo contó con 600 ejemplares que desaparecieron ese mismo año de las librerías. Novela de la que se volvió un ferviente promotor y prestamista, hasta que no le devolvieron su ejemplar dedicado, mi hermano Luis Felipe Rojas Rosabal, a quien donde quiera que se encuentre vaya mi eterno agradecimiento. Novela que escribí en los años que más recio fue El Periodo Especial, en una casa de tablas y de pencas de guano que se mojaba por todas partes, y que el agua de lluvia permanecía por varias semanas dentro de la casa. Casa en que yo me levantaba temprano todos los días en un verano terrible y desolador y escribía como un loco hasta las 3 o las 4 de la tarde sin parar en mi pequeña máquina de escribir Erika, y mi vecina Ana me traía por la ventana, donde yo estaba apostado, un plato con harina, huevo frito, con manteca de puerco, cuando no había nada más que comer y Betsy se encontraba de vacaciones en Santa Clara con nuestro pequeño hijo. Y no hay en esta novela la más mínima alusión a esos años duros, cuando miraba en el lodo las lombrices gordas y coloradas retorcerse. El hambre de todos los días. Ese vivir a tope sin saber cómo sería el próximo día. No me pasó por la cabeza jugar con el dolor de todos, ya bastaba con las miserias que sufrían y siguen sufriendo mis personajes en la novela.
Hace pocos días cuando fui a felicitar a Mariela Varona por haber terminado de escribir su primera novela, se lo comentaba a su esposo el historiador y amigo Ramón Legón y me dijo muy categórico, “eso fue lo mejor que le pudo pasar a la novela, si no la hubieras envenenado con historias circunstanciales que serán para otra historia o para ninguna”.
Cuando en 2002 la novela se presentó en la Feria Internacional del Libro de La Habana, ahí en el público estaban mientras la presentaba Eduardo Heras León, Guillermo Vidal, Amir Valle, Alberto Garrido, Reinaldo García Blanco, Luis Felipe Rojas, Michael Hernández Miranda, Francisco López Sacha, Bladimir Zamora, Lucy Araujo, entre otros amigos que ahora la memoria no los retiene porque la Sala Lezama Lima estaba llena; ahí también me acompañaba Ángel Santiesteban, que entonces para todos era un gran escritor, y que ahora aunque lo siga siendo se debe encontrar en el infierno, como puede ser para cualquiera que cae en desgracia y por el que estoy pidiendo sin miedo ninguno, porque hoy es él, mañana puede ser cualquiera de nosotros…, ya lo sufrí una vez, y quién levantó la voz por mí o por Manuel García Verdecia: unos pocos, y quién se disculpó con nosotros. Ahora paso por un mal momento del que no hablo, porque las personas involucradas son de mi querencia, y ya una vez traté de aclarar una injusticia, y todo se enredó más, así que ahora no pretendo aclarar nada, y que la vida siga.
Ángel como mismo estuviste aquella mañana en la presentación de mis Ángeles desamparados, y has estado todos estos años de amistad junto a mis martirios y momentos felices, la última vez que nos vimos no fue en la casa de María Antonia, pero si en la casa de unos amigos y hablamos mucho. Ahora levanto la mano para que se haga justicia y sé a lo que me expongo.
Agradezco a todos los que se leyeron mi novela y me dieron sus opiniones valederas y sinceras, a Edgardo Higinio Fonseca que en su momento quiso que yo la reescribiera, a Héctor García Quintana que cuando la estaba editando para la editorial española El Barco Ebrio me hizo releer la novela con mucha calma porque le parecía que le faltaban fragmentos completos, a Yoenia Gallardo que leyó la primera impresión, a Yulia Carrazana que al mecacopiar la novela se comió algún pedazo y fue la culpable de esta reescritura, a Eliécer Almaguer que me obligó a reescribirla en su totalidad sentado a mi lado como un editor quisquilloso y como el amigo y hermano que es. Y nuevamente a La Editorial el Barco Ebrio por confiar en mí y publicarla. Gracias amigos.
Soy una voz que se suma a otras voces por la causa del escritor y amigo Ángel Santiesteban, sabiendo las consecuencias. Libertad para Ángel Santiesteban. ¿Dónde están los que se decían sus amigos? ¿Dónde están los que me decían que era él el mejor narrador de Cuba?
Todos tenemos miedo. Pero hay otra cosa peor que el miedo. Las miserias humanas.

P.D: Juventina Soler me hizo caer en la cuenta que quien presentó mi libro en La Habana fue Guillermo Vidal.

14 de febrero de 2013

Los hijos que la revolución no quiso




LA HABANA, Cuba, febrero, www.cubanet.org -La historia se repite. Otro escritor cubano será enviado a prisión. Ángel Santiesteban, autor del blog Los hijos que nadie quiso, fue condenado a cinco años de cárcel bajo el supuesto delito de violación de domicilio y lesiones. El Tribunal Supremo Popular ratificó la sanción.
De acuerdo con lo expresado por Santiesteban a martíoticias.com, en el juicio no se mostró evidencia alguna sobre su culpabilidad. Una de las supuestas pruebas descansa en la declaración de una teniente coronel del régimen, quien argumentó que su caligrafía indicaba culpabilidad.
El laureado escritor (por libros como Sueño de un día de verano, Premio UNEAC 1995, Los hijos que nadie quiso, ganador del Alejo Carpentier 2001, y Dichosos los que lloran, galardonado en Casa de las Américas 2006), declaró que ante su condena a prisión sin pruebas procesales, sus ex colegas dentro de Cuba guardan un silencio cómplice, con tal de preservar pequeños privilegios.
No es de extrañar. Tanto el encarcelamiento de algunos escritores que disienten de la ideología oficial, como el silencio y la complicidad de los intelectuales ante las arbitrariedades de la política cultural cubana, han sido una constante en más de medio siglo de revolución.
Desde su fundación, el 22 de agosto de 1961, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), no ha sido más que un “cascarón de figurones”, como la definiera el poeta Heberto Padilla en su polémica con el escritor Lisandro Otero, a través de las páginas del suplemento cultural El Caimán Barbudo.
Ya en 1965, el “sálvese quien pueda” corrió por los pasillos de la UNEAC, y el silencio cómplice y ominoso se instaló como huésped permanente entre sus integrantes, quienes no levantaron la voz ante el envío a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), del poeta José Mario Rodríguez, acusado de “disoluto y liberaloide”, junto a otros integrantes de Ediciones El Puente.
Tampoco lo hicieron luego de un discurso pronunciado por Fidel Castro, en marzo de 1966, donde arremetía contra los homosexuales de la UNEAC y los amenazaba con enviarlos a trabajar a la agricultura. Mucho menos alzaron su voz los escritores y artistas cuando, en el denominado “Quinquenio gris”, también fueron encarcelados los poetas Lina de Feria y Heberto Padilla, y los escritores José Lorenzo Fuentes, Reinaldo Arenas y Manuel Ballagas, por supuestas difamaciones contra la revolución o por escribir textos subversivos.
Fueron los integrantes de la UNEAC quienes en el prólogo de los libros Los siete contra Tebas (teatro) de Antón Arrufat, y Fuera de Juego (poesía) de Heberto padilla, galardonados con el premio de esa organización, en 1968, los denunciaron como “contrarios ideológicamente a nuestra revolución”.
¿Acaso los miembros del “cascarón de figurones” le salieron al paso a las acusaciones lanzadas desde la revista Verde Olivo contra Antón Arrufat, Heberto Padilla, Guillermo Cabrera Infante y José Triana, entre otros escritores, por un censor oculto bajo el seudónimo de Leopoldo Ávila?
El sentimiento de pecado que les sembró el Che a los intelectuales cubanos que no lucharon contra la dictadura de Fulgencio Batista, más su cobardía personal y algunas prebendas astutamente otorgadas por el régimen, los convirtió en dóciles amanuenses que sólo escriben al dictado del amo.
Los escritores que caen en desgracia son como apestados de los que se alejan los demás, y no sólo se les saca del gremio, sino también del círculo de amistades, hasta que sean reivindicados, si llegan a serlo en vida, por lo que algunos llaman rectificación de la política cultural. Este acto de bajeza lo ilustró el escritor Eduardo Heras en sus memorias sobre las purgas intelectuales, recogidas en una conferencia titulada “Quinquenio gris: testimonio de una lealtad”, dictada como exorcismo contra la censura en el Instituto Superior de Arte (ISA) en 2007.
La prueba de “lealtad”, según Heras, se da cuando se cruza cada día, al regreso del trabajo, con otro señor. Se miran, pero nunca se saludan. Lo único que los une en ese malhadado año 1971, es que ambos son escritores y cumplen un insólito castigo por escribir libros calificados como contrarrevolucionarios. Sin embargo, añade, sólo los unía en ese instante crucial de sus vidas, la capacidad de resistencia ante la injusticia.
De modo que, de acuerdo con lo escrito por Heras León, aguantar humillaciones, abusos, callarse y no tener valor siquiera para saludar a otro marginado, es un acto de unidad. ¿Unidad en la miseria? ¿En la desgracia humana?
Sin embargo, más tarde, ya reivindicados, ¿no firmaron el propio Heras, Arrufat, Arango, Pablo Armando Fernández, César López, Miguel Barnet, Nancy Morejón y compañía, la Demanda de la UNEAC contra la Carta de los Diez intelectuales que pidieron reformas al régimen, el 31 de mayo de 1991?
Según expresaban en sus años de angustia Heras y otros integrantes de la UNEAC, los firmantes de la Carta de los Diez, más que colegas, eran amigos, y compartieron las buenas y las malas en ese proyecto social abierto y democrático que después los devoró. Entonces, ¿por qué  apoyaron con su firma el ataque y marginación a colegas de reconocida trayectoria literaria como Manuel Díaz Martínez, Raúl Rivero, Manuel Granados, José Lorenzo Fuentes y Bernardo Marqués-Ravelo? ¿Les tendieron la mano alguna vez? ¿Los volvieron a saludar? ¿Se atrevieron Heras León o Antón Arrufat a levantar la voz por María Elena Cruz Varela, Roberto Luque Escalona, Fernando Velázquez Medina, Víctor Serpa Riestra y Nancy Estrada Galván, también firmantes de la Carta de los Diez?
Cuando, dos años después, una turba instigada por la Seguridad de Estado obligó a María Elena Cruz Varela a tragarse sus poemas, y fue condenada a dos años de cárcel por firmar la Carta de los Diez y crear el movimiento Criterio Alternativo, ningún miembro de UNEAC protestó. Tampoco lo hicieron cuando el poeta Raúl Rivero fue condenado a veinte años de prisión, en el año 2003, por ejercer un periodismo libre. Todo lo contrario: condenaron en una Carta Abierta todos estos actos que denominaban conspirativos y en contra de la revolución.
Por ello, aunque demuestre ser inocente, el escritor Ángel Santiesteban será enviado a prisión, único sitio, junto al exilio, adónde van a parar los hijos que la revolución no quiso ni querrá. Sus compañeros de la UNEAC, en el mejor de los casos callarán una vez más, si es que “de arriba” no les “orientan” firmar algún documento condenatorio.

vicmadomingues55@gmail.com


Publicado por Cubanet

12 de febrero de 2013

La caza de la dictadura.

Hoy he recibido la copia de un email que llevó una denuncia a Amnistía Internacional en el que se  demuestra que el gobierno cubano desde hace años venía tras de mí. En su televisión oficial había exhibido mi blog como “espacio al servicio del enemigo”, entiéndase enemigo los Estados Unidos de América. En aquella oportunidad alguien me lo hizo saber al verlo en el programa oficialista Las Razones de Cuba.
Desde entonces me agregaron a su lista negra sabiendo que encontrarían, inventada o no, la manera de hacerme pagar la afrenta de criticarlos desde el corazón de Cuba. Para ello quisieron acallarme de múltiples maneras: me han fracturado el brazo, amenazas verbales, golpizas, apresamientos, marginación del mundo cultural del país, impedir mi participación en espacios internacionales, e infundadas acusaciones legales, y hasta el momento ninguna ha logrado su denodado esfuerzo a pesar de encontrarme sancionado, sin prueba alguna que me implique en el asunto, a cinco años de cárcel. A pesar de que han invertido horas de vigilancia y malévolas injusticias como la propia violación de sus leyes por los tribunales, aun persiste mi posición ante el gobierno y mi crítica desde mi blog loshijosquenadiequiso.blogpost.com

Hace varios días un gran amigo de la niñez, pero que solo piensa en su estatus migratorio y su economía, a mis espaldas, medió a través de su amiga, que en su momento fue fiscal del Tribunal Provincial de La Habana, y a la que aún le perduran los contactos en dicha instancia, para que intercediera por mí.

Con mucho misterio fui citado a casa del amigo que solo entiende su modelo de supervivencia. Allí me esperaba la amiga, y con todo el poder que en ese momento representaba, me hizo saber que ella podía “resolver mi problema legal”. Para ello solo tenía que hacer una llamada, de hecho estaban esperando la respuesta. Mientras hablaba la observé con repugnancia. Al final del ofrecimiento llegó la propuesta “solo tienes que dejar la política. Si lo prometes quedas libre de pecado”.

Mi amigo me miraba desesperado, el sufre mi determinación y estoy seguro que no tiene capacidad de entender, según él, “mi sacrificio para nada”.

“A ese precio quiero mis cinco años intacto”, le dije, “día a día, no me quite ni uno”. Mi amigo dio un salto sobre su asiento mientras pegaba un puñetazo sobre la mesa: te lo dije, eso es lo que respondería.

Ahora estoy a las puertas de ingresar a un régimen carcelario que pondrá todo su odio contra mí. Que me unirán a presos comunes que responden como soldados suicidas a los pedidos de los militares por obtener algún beneficio que los libere de tanto sufrimiento. Que aplicarán su astucia malévola para doblegarme, humillarme, hacerme claudicar.

Realmente no logro divisar el momento que me sometan. Estoy orgulloso de cada minuto de mi sufrimiento actual, y el que está por venir. Con toda la seguridad de mi alma les digo que preso en el hoyo más oscuro de sus mazmorras, seré más libre que ellos mismos, más independiente que muchos que caminan por las calles de Cuba como autómatas o vegetan sin decidir sobre su entorno y opinión propia.

Solo, como Martin Luther King, he tenido un sueño donde los cubanos, igual que lo soñó el más grande de los nacidos en este archipiélago, José Martí, vivíamos en democracia. 
 
Ángel Santiesteban-Prats
Escritor cubano.



---------- Mensaje enviado ----------
De: elisa tabakman
Fecha: 11 de febrero de 2013 00:18
Asunto: Cuba: escritor a punto de ser encarcelado
Para: press@amnesty.org

Aquien corresponda,
Ruego a ud. lea con atención la denuncia que aquí le traigo.

Ángel Santiesteban-Prats es un reconocídísmo escritor cubano que ha sido galardonando con importantísmos premios literarios -nacionales e internacionales-. Pero el régimen castrista se ha ensañado con él por no ser afin al mismo y haber osado expresar sus ideas en un blog llamado Los hijos que nadie quiso http://loshijosquenadiequiso.blogspot.com.ar/ .



 Ángel Santiesteban nació en  La Habana  en 1966. Graduado de Dirección de Cine, reside en La Habana, Cuba. En 1989 ganó mención en el concurso Juan Rulfo, que convoca Radio Francia Internacional, y el relato fue publicado en Le Monde Diplomatique, Letras Cubanas y la revista El cuento de México. En 1995, envía al premio nacional del gremio de escritores (UNEAC), ganándolo en esa oportunidad; pero por su visión humana (o inhumana) hacia la realidad de la guerra en Angola, donde participaron los cubanos por espacio de 15 años, fue retenida su publicación. El libro: Sueño de un día de verano, fue publicado en 1998. En 1999 ganó el premio César Galeano, que convoca el Centro Literario Onelio Jorge Cardoso. Y en el 2001, el Premio Alejo Carpentier que organiza el Instituto Cubano del Libro con el conjunto de relatos: Los hijos que nadie quiso. En el 2006, gana el premio Casa de las Américas en el género de cuento con el libro: Dichosos los que lloran. Ha publicado en México, España, Puerto Rico, Suiza, China, Inglaterra, República Dominicana, Francia, EE UU, Colombia, Portugal, Martinica, Italia, Canadá, entre otros países.

En Cuba se paga muy cara la osadía de ejercer el derecho a ser libres. Es un delito salirse de la raya marcada a fuego por el gobierno y rematada con barrotes y alambres de púas.

Y Ángel lo hizo; un día decidió que nada ni nadie podrían cortarle las alas. Y abrió un blog que irritó irremediablemente al gobierno solo por su autenticidad, por poner las palabras justas para contar la realidad de su país sumido en la miseria, y lo que es peor, en la más cruel opresión y represión.

Y la única manera que encontró el régimen para neutralizarlo fue esforzándose en desacreditarlo como persona puesto que como escritor jamás lo consiguieron.
Ua mujer despechada sirvió de presa fácil para lograr el objetivo. Un uso vil y machista de una fémina que no supo darse cuenta a tiempo de que era usada como un objeto de poco valor; que produjo un daño enorme a su propio hijo a quien privó de su papá por dos años, dos años que jamás recuperará.

Muchos, demasiados, fueron los que optaron por el camino del silencio cómplice y dejaron de lado a Ángel. Otros muchos cuestionaron la veracidad del argumento esgrimido por él: que todo se trataba de una manipulación del régimen en venganza por osar expresarse con libertad.

Y hoy se encuentra con una condena firme por cinco años sin saber cuándo irán por él.

La justicia sigue insistiendo en su culpabilidad; las acusaciones -todas sin pruebas- iban desde  asesinato en grado de tentativa hasta el robo de dinero.
Tras un proceso lleno de irregularidades y sin garantías procesales, fue condenado a 5 años de prisión por "violación de domicilio” y “lesiones".

La única verdad es que todo -desde las falsas acusaciones de la ex esposa hasta el juicio amañado- son solo tapaderas para esconder el hecho que sí está probado de que el régimen se la tiene jurada.
El programa de televisión  Razones de Cuba, de la televisión castrista, es quien nos regala la prueba:

La grabación -subida a Youtube- de un programa especial titulado Ciberguerra, pone a Angel Santiesteban como enemigo declarado de la revolución (y del régimen). Tras tamañana declaración de odio e intolerancia del régimen a través  de los brazos ejecutores del lavado de cerebro televisivo, es increíble que aun pueda existir alguien que crea la versión oficial.

Aquí les enseño las capturas de pantalla del momento en que declaran "culpable" a Ángel. Luego puede ud. ver el programa completo en los dos links que le ofrezco aquí mismo:


http://elisatabakmanmetalypiedra.files.wordpress.com/2013/02/los-hijos.png


http://elisatabakmanmetalypiedra.files.wordpress.com/2013/02/los-hijos-2.png




 

Le ruego inicien cuanto antes una acción para declararlo prisionero de conciencia, aunque como bien lo han definido, es todavía hoy  -y no sabemos hasta cuándo- un preso libre.

El único "delito" que cometió Ángel fue pensar y expresarse.
En internet puede seguir todo su bochornoso caso.

http://www.cubaencuentro.com/cuba/noticias/escritor-cubano-condenado-a-cinco-anos-de-prision-282080
http://www.cubaencuentro.com/entrevistas/articulos/el-estado-se-esfuerza-por-ahogar-las-voces-267076

Francia no es ajena a esta gran injusticia y en sus medios hay numerosas manifestaciones de repudio y de preocupación por Ángel.

http://www.franceculture.fr/emission-revue-de-presse-culturelle-d-antoine-guillot-flux-et-reflux-de-la-censure-2013-01-18


Desde Argentina, segura de que tomarán cartas en el asunto como siempre lo hacen demostrando un auténtico compromiso con los DDHH, le saluda atentamente

El teléfono de Ángel Santiesteban es +5352427900


Elisa Tabakman
UB-UBA



Solicitud de apelación de la sentencia.



ANTES DE INVOCAR LAS CAUSALES DE CASACION PREVISTAS EN LEY, ES PRECISO DEJAR SENTADO QUE EL RECURRENTE, SANTIESTEBAN PRATS, NO SE SIENTE RESPONSABLE DE LOS HECHOS DECLARADOS PROBADOS EN LA SENTENCIA QUE SE PRETENDE IMPUGNAR.

…por no expresarse en la sentencia clara y terminantemente cuáles son los hechos que se consideran probados o resulte manifiesta contradicción entre ellos.

La sentencia que se impugna adolece del vicio de oscuridad por la omisión de elementos esenciales con trascendencia jurídica.

En virtud de lo expuesto, solicito que disponga la nulidad de la sentencia para que el Tribunal de instancia dicte nueva sentencia en la que se subsanen los vicios señalados.

…la sentencia incurrió en el vicio procesal denominado Incongruencia por Exceso, al adicionar al relato histórico elementos que no fueron descritos por el fiscal, que luego trascendieron al marco de la calificación e influyeron en el fallo.

En el primer Resultando de la sentencia se agregan al relato del Ministerio Público dos efectos negativos adicionales no descritos en la imputación.

… variación sustancial del hecho imputado que ni siquiera pudo haberse incluido a través del empleo de la fórmula del artículo 350 de la Ley de Procedimiento Penal debido a que vulnera el derecho Constitucional de Derecho a la Defensa, ya que su adición sorpresiva causó Estado de Indefensión al recurrente Santiesteban Prats. No se defendió de este particular.

En mérito a cuanto queda expuesto, solicito al Tribunal de casación que disponga la nulidad de la sentencia y, en consecuencia, se retrotraiga el proceso a fin de subsanar las formalidades quebrantadas.

…la sanción impuesta no se corresponde, según la Ley, a la calificación adoptada en relación uno de los ilícitos penales y, en relación al otro, habiéndose impuesto la sanción dentro de los límites que la Ley señala, no se hizo un adecuado uso del arbitrio judicial.

En primer orden, se dispuso una sanción ilegal en torno al delito Violación de Domicilio, pues en el Primer Considerando de la Sentencia la sala enmarcó esta figura delictiva solo en el apartado 1) del artículo 287 que cuenta con un marco penal abstracto de tres meses a un año de privación de libertad o multa de cien a trescientas cuotas; sin embargo en la parte dispositiva o Fallo de la resolución se dispuso sancionar al recurrente a dos años de privación de libertad. Un año por encima del límite máximo.

De acuerdo a la irregularidad denunciada debe declararse la nulidad de la aludida pena ilegal, a fin de que se ajuste al precepto legal calificado.

En segundo lugar, es notorio que la sala de instancia no ha hecho un adecuado uso del arbitrio judicial al imponerle al recurrente por el delito de Lesiones cinco años de privación de libertad. Sanción máxima en cuanto a cualidad y cuantía.

En torno a lo expuesto, salta a la vista la severidad o desproporción en relación con el hecho mismo.

En otro orden, también resulta obvio que las circunstancias personales del recurrente no ameritan la pena impuesta, pues la propia sala en el Primer Resultando reconoce que, “posee buenos referencias personales y de conducta, no le constan antecedentes penales e incluso se expone que en su profesión ha obtenido logros significativos”.

OTROSI PRIMERO: Aún cuando no es permitido a las partes, a través del Recurso de Casación, denunciar determinadas violaciones en la Ley; sugerimos al Tribunal de Casación que de conformidad con lo dispuesto en el artículo 79 de la Ley de Procedimiento Penal declare de oficio el quebrantamiento de forma de la sentencia por vulnerarse garantías esenciales del proceso como los principios de legalidad en relación al cumplimiento de términos procesales, in dubio pro reo, presunción de inocencia y motivación de la sentencia sobre la base de las pruebas practicadas en el acto del juicio oral.

Lo más notorio en cuanto al cumplimiento de principios generales de derecho, es la infracción de la legalidad en cuanto a la infracción injustificada de los términos procesales y la dilación injustificada del proceso seguido en contra de Santiesteban Prats. Desde la denuncia, 28 de julio de 2009 a la fecha, han trascurrido tres años y casi cuatro meses.

Durante este periodo el Expediente de Fase Preparatoria, ha transitado de la Instrucción a la Fiscalía municipal, provincial y General y, en dos ocasiones, al Tribunal Provincial. En la Primera, fue devuelto a la fiscalía luego de haberse dispuesto incluso señalamiento a juicio oral, desconocemos el precepto legal que amparó tal decisión. Finalmente, luego de tanto tiempo en libertad se ha dispuesto la reclusión del recurrente ¿Cuál ha sido el fin o propósito de esta pena? ¿Qué objetivo cumple? Lamentablemente, este quebrantamiento debido al carácter irreversible del tiempo, es irreparable. Con respecto a ello solo existe un perjudicado, el hoy recurrente.

Se estima, además, que para arribar al fallo sancionador se han quebrantado otras garantía esenciales tales como la presunción de inocencia, in dubio pro reo e, incluso, en algunos aspectos la motivación de la sentencia sobre la base de las pruebas practicadas en el acto del juicio oral.

A pesar del cúmulo de pruebas practicadas, durante el proceso solo se vertió un elemento de cargo con carácter de prueba directa: el testimonio contradictorio de la denunciante; sin embargo su declaración en el acto del juicio oral no se corresponde.

En el juicio la denunciante manifestó que realizo la denuncia y luego fue llevada por la policía a un centro asistencial para realizar el aludido Certificado Médico. Otro elemento falso, pues el Certificado Médico de foja 24 tiene fecha 28 de julio y la denuncia se efectuó el 29 del propio mes. Concurrió a la policía al día siguiente ya con el Certificado ¿Por qué?


El 28 de julio de 2009, día de los hechos, vertió sus declaraciones solo sobre la entrada al domicilio no consentida, golpes y amenazas. (F/3 y 4)


En varias declaraciones hizo alusión a amarres en manos y pies con esparadrapo y entregó el rollo utilizado, pero sin embargo en el Peritaje realizado no se encontró huellas del acusado.


De lo expuesto se evidencia que el hecho declarado probado, no se corresponde con ninguna de las declaraciones hechas por Kenia Diley, sumariales ni siquiera con la primera que es a la más se acerca (F/ 3y 4)


Sobre lo sucedido el 28 de julio de 2009, la denunciante fue incorporando paulatinamente un conjunto de acusaciones que no solo aludían a los delitos hoy imputados, sino además a otros como Amenazas, Robo con Fuerza en las cosas, violación y asesinato en grado de tentativa. ¿De qué forma se le ha atribuido credibilidad para unos delitos y descredito en relación a otros? ¿Cómo puede afirmarse que su testimonio es confiable y atribuirle total credibilidad sin riesgos de posible injusticia?


Salta a la vista que se practicaron pruebas idénticas que fueron acogidas unas por ser de cargo y desestimado otras de descargo en igualdad de condiciones.


Otro ejemplo está dado en que todos los testigos fueron apercibidos legalmente antes de declarar y sin embargo no corrieron con igual suerte los de la imputación y los de la defensa ¿Por qué?

De acuerdo a todo lo expuesto hasta aquí estimamos que la sala de instancia ha desestimado todo cuanto represento elementos de descargo y acogió en contra del acusado cuanto particular le perjudicó para arribar a un fallo extremo que lo deja en estado de indefensión.


Lamentablemente nuestra Ley no faculta a las partes a denunciar la infracción de las garantías esenciales y solo mediante el instituto de la Casación de Oficio, puede el Tribunal ad quiem, remediar tales vicios, de ahí la instancia que se le dirige.


La Habana, 11 de febrero 2013.