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Ángel Santisteban-Prats
Prisión 1580
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2 de mayo de 2013
22 de marzo de 2013
Diario en la cárcel IV. Cuba: Legalidad urgente
El cubano es culpable hasta que demuestre lo
contrario. Así funciona la justicia en el archipiélago. Si
sospechan te detienen, luego investigan, y si no encuentran elementos
para procesarte, de todas formas te envían a la cárcel por el
beneficio de la duda.
De esa manera pululan los acusados en las penitenciarias, sin una prueba que amerite tenerlos en prisión. Personas que claman ser inocentes pero no siempre pueden probarlo, por ende, hasta tanto, serán condenadas.
Las sentencias “por convicción” que los jueces determinan según su olfato y percepción son las que deciden si son culpables o no.
También, desde hace décadas, a través de los Jefes de Sectores, se entregan los nombres de los que deben ir a prisión porque se considera que son elementos delictivos y pudieran cometer fechorías, pero en realidad no lo son, quizás ni lo hayan pensado.
Hay casos en que los Jefes de Sectores, algo así como los dueños de los destinos de los convivientes donde radiquen o sean ubicados, han enviado a la cárcel a hombres con bellas esposas y, con la intención de separarlos y hacerlas asequibles a sus propósitos morbosos, les inventan esa clasificación de “peligro”; en otras ocasiones lo hacen para presionar a una hermana que se resiste a ser su amante, o simplemente porque un enemigo le paga un precio acordado para que se lo aparte del camino y ampliar su negocio al suprimirle la competencia.
En ocasiones los han elegido para incluirlos en la lista negra por una mirada que les disgusta o porque su rostro no les agrada, u otra impresión según su carácter o complejos de su personalidad.
Una injusticia que provoca diariamente la llegada de decenas de jóvenes que nadie quiere, a los jóvenes cubanos.
De esa manera pululan los acusados en las penitenciarias, sin una prueba que amerite tenerlos en prisión. Personas que claman ser inocentes pero no siempre pueden probarlo, por ende, hasta tanto, serán condenadas.
Las sentencias “por convicción” que los jueces determinan según su olfato y percepción son las que deciden si son culpables o no.
También, desde hace décadas, a través de los Jefes de Sectores, se entregan los nombres de los que deben ir a prisión porque se considera que son elementos delictivos y pudieran cometer fechorías, pero en realidad no lo son, quizás ni lo hayan pensado.
Hay casos en que los Jefes de Sectores, algo así como los dueños de los destinos de los convivientes donde radiquen o sean ubicados, han enviado a la cárcel a hombres con bellas esposas y, con la intención de separarlos y hacerlas asequibles a sus propósitos morbosos, les inventan esa clasificación de “peligro”; en otras ocasiones lo hacen para presionar a una hermana que se resiste a ser su amante, o simplemente porque un enemigo le paga un precio acordado para que se lo aparte del camino y ampliar su negocio al suprimirle la competencia.
En ocasiones los han elegido para incluirlos en la lista negra por una mirada que les disgusta o porque su rostro no les agrada, u otra impresión según su carácter o complejos de su personalidad.
Una injusticia que provoca diariamente la llegada de decenas de jóvenes que nadie quiere, a los jóvenes cubanos.
Ángel Santiesteban-Prats
Prisión La Lima, marzo de 2013
14 de marzo de 2013
Ángel Satiesteban se portó como una dama
Por Camilo Venegas Yero
Cada vez que algunos miembros Unión de Escritores y Artistas de
Cuba (UNEAC) se han visto en la necesidad de firmar algún documento en apoyo al
régimen, lo han hecho por docenas. Incluso en el caso más grave, donde insistían
en la necesidad de fusilar a dos jóvenes negros, no fueron pocos.
Llama la atención que para “Tod@s contra la violencia” (a
propósito de la sentencia contra el escritor Ángel Santiesteban) —tanto la
arroba como el paréntesis son del documento original— solo se prestaran 8
mujeres: Sandra Álvarez, Marilyn Bobes, Luisa Campuzano, Zaida Capote, Danae
Diéguez, Laidi Fernández de Juan, Lirians Gordillo y Helen Hernández.
No cabe la menor duda de que el "espontáneo manifiesto” (estas
comillas sí son mías) no es más que una maniobra del régimen, en apuros por el
enorme apoyo internacional que ha recibido Ángel Santiesteban, quien guarda
prisión tras un juicio exageradamente irregular y manipulado.
Hay mil maneras de responder a la perversidad que se esconde
detrás del discurso “solidario y liberador” (las comillas otra vez son mías) de
estas 8 escritoras. Pero es innecesario. Desde la cárcel de La Lima, en
Guanabacoa, el propio Ángel se ocupó de refrescarles su mala, terrible,
memoria.
“Resulta paradójico que dichas escritoras que con tanto énfasis
rechazan la violencia contra la mujer, parapetándose en las falsas acusaciones
que se me imputan y esgrimiendo conjeturas sobre mi proceso, no hayan alzado su
pluma ni una sola vez, para rechazar o denunciar las graves y constantes
violaciones físicas y morales que han sufrido y sufren las Damas de Blanco,
símbolos de valor y resistencia pacífica en Cuba”, escribe Ángel.
Todo lo que digan o hagan de ahora en adelante estas 8 damas (que
también lo son y como tales deben ser tratadas), carecerá del más mínimo valor
si antes no tienen la delicadeza y, sobre todo, la decencia de también defender
a esas cubanas que han sido vejadas hasta lo indescriptible por una maquinaria
represiva exageradamente machista.
Invito a las firmantes de “Tod@s contra la violencia” a pasar por
el blog de la Seguridad del Estado de Cuba, para que tomen nota de todos los
comentarios sexistas que contiene. Las Damas de Blanco y Yoani Sánchez son tan
mujeres como ustedes y tan cubanas como ustedes. ¿O acaso pensar diferente les
quita esos derechos?
Publicado en El Fogonero
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11 de marzo de 2013
Las escritoras de la UNEAC y el "Día del Trabajador Jurídico"
Ángel Santiesteban: juicio después del juicio
Antonio José Ponte
Hace dos días, en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y con la intención de denunciar la violencia machista, ocho escritoras y periodistas hacen un llamamiento público a propósito del caso del escritor Ángel Santiesteban, acusado de violencia de género, condenado a cinco años de prisión y recién encarcelado.
Se solidarizan con la exesposa del escritor, ya que han circulado notas de apoyo a Santiesteban que rebajan los hechos a simples riñas domésticas y le achacan a ella invenciones o demencia.
Esas notas ponen en entredicho un procedimiento judicial que las firmantes del llamamiento defienden en toda su pureza: el acusado fue juzgado por lo ocurrido entre él y su exesposa, sin intromisión de matiz político alguno.
Ellas, sin embargo, equivocan la fecha de despegue de la campaña que hacen. Habilitan una dirección electrónica, reclaman adhesiones al llamamiento, y no es el Día Internacional de la Mujer lo que en verdad celebran, sino, en todo caso, el Día del Trabajador Jurídico. Porque dicen defender la suerte de la exesposa de Ángel Santiesteban (a la que nunca llaman por su nombre), hablan por las mujeres que sufren violencia machista, pero su mayor preocupación es lo inobjetable del aparato de justicia.
No es extraño entonces que vengan a indignarse cuando ha pasado el juicio y han dictado sentencia. Y es que ellas, antes que a lo ocurrido entre acusado y acusadora, reaccionan a las críticas hechas al proceso judicial. Su indignación va contra esas notas que apoyan a Santiesteban. Su objetivo es exorcizar el peligro de que esas notas se conviertan en campaña política contra el régimen.
La efemérides, el detalle de que todas las firmantes sean mujeres: trucos en pro de verosimilitud o de sensiblería. Los derechos de la mujer, el mejor de los pretextos. Convocan a ese ejemplo cercano, el de Santiesteban, no por hacer visible lo extendido de un fenómeno, sino para que toda la violencia machista incida en su caso. Y entonces poder exigir, después de una sentencia judicial, todavía más intervenciones: "Las instituciones y organizaciones cubanas deben pronunciarse sobre este caso en particular y también acerca de la violencia contra la mujer en nuestra sociedad".
La cuestión es abrirle otro juicio a Ángel Santiesteban. Castigarlo por las sospechas despertadas por su sentencia. Desbaratarlo, para que no alcance a ser bandera del enemigo.
Sandra Álvarez, Marilyn Bobes, Luisa Campuzano, Zaida Capote Cruz, Danae Diéguez, Laidi Fernández de Juan, Lirian Gordillo Piña y Helen Hernández Hormilla, firmantes del llamamiento y convocantes de más firmas, cumplen así lo que tanto negaran: la intromisión de la política en el caso. Consideran al sistema judicial más allá de toda crítica y, sin embargo, se atreven a discutirle la decisión final y el turno último de castigo.
Uno lee los nombres de estas ocho intelectuales y se pregunta qué habrán podido sacar de ciertos libros tremendos sobre la justicia. Kafka, por ejemplo. Dostoievski. Job. Los habrán leído para hacerse peores personas, para no entenderlos.
Publicado por Diario de Cuba
La cuestión es castigarlo por las sospechas
despertadas por su sentencia, desbaratarlo para que no alcance a ser
bandera del enemigo.
Antonio José Ponte
Hace dos días, en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y con la intención de denunciar la violencia machista, ocho escritoras y periodistas hacen un llamamiento público a propósito del caso del escritor Ángel Santiesteban, acusado de violencia de género, condenado a cinco años de prisión y recién encarcelado.
Se solidarizan con la exesposa del escritor, ya que han circulado notas de apoyo a Santiesteban que rebajan los hechos a simples riñas domésticas y le achacan a ella invenciones o demencia.
Esas notas ponen en entredicho un procedimiento judicial que las firmantes del llamamiento defienden en toda su pureza: el acusado fue juzgado por lo ocurrido entre él y su exesposa, sin intromisión de matiz político alguno.
Ellas, sin embargo, equivocan la fecha de despegue de la campaña que hacen. Habilitan una dirección electrónica, reclaman adhesiones al llamamiento, y no es el Día Internacional de la Mujer lo que en verdad celebran, sino, en todo caso, el Día del Trabajador Jurídico. Porque dicen defender la suerte de la exesposa de Ángel Santiesteban (a la que nunca llaman por su nombre), hablan por las mujeres que sufren violencia machista, pero su mayor preocupación es lo inobjetable del aparato de justicia.
No es extraño entonces que vengan a indignarse cuando ha pasado el juicio y han dictado sentencia. Y es que ellas, antes que a lo ocurrido entre acusado y acusadora, reaccionan a las críticas hechas al proceso judicial. Su indignación va contra esas notas que apoyan a Santiesteban. Su objetivo es exorcizar el peligro de que esas notas se conviertan en campaña política contra el régimen.
La efemérides, el detalle de que todas las firmantes sean mujeres: trucos en pro de verosimilitud o de sensiblería. Los derechos de la mujer, el mejor de los pretextos. Convocan a ese ejemplo cercano, el de Santiesteban, no por hacer visible lo extendido de un fenómeno, sino para que toda la violencia machista incida en su caso. Y entonces poder exigir, después de una sentencia judicial, todavía más intervenciones: "Las instituciones y organizaciones cubanas deben pronunciarse sobre este caso en particular y también acerca de la violencia contra la mujer en nuestra sociedad".
La cuestión es abrirle otro juicio a Ángel Santiesteban. Castigarlo por las sospechas despertadas por su sentencia. Desbaratarlo, para que no alcance a ser bandera del enemigo.
Sandra Álvarez, Marilyn Bobes, Luisa Campuzano, Zaida Capote Cruz, Danae Diéguez, Laidi Fernández de Juan, Lirian Gordillo Piña y Helen Hernández Hormilla, firmantes del llamamiento y convocantes de más firmas, cumplen así lo que tanto negaran: la intromisión de la política en el caso. Consideran al sistema judicial más allá de toda crítica y, sin embargo, se atreven a discutirle la decisión final y el turno último de castigo.
Uno lee los nombres de estas ocho intelectuales y se pregunta qué habrán podido sacar de ciertos libros tremendos sobre la justicia. Kafka, por ejemplo. Dostoievski. Job. Los habrán leído para hacerse peores personas, para no entenderlos.
Publicado por Diario de Cuba
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21 de febrero de 2013
El tren de las generaciones
Me
sorprende el asombro que expresan algunos intelectuales de que esté
atravesando un proceso jurídico amañado por la Seguridad del
Estado, ¿acaso pensaron que decir las verdades en el rostro de la
dictadura, además desde el interior de la isla, iba a pasar
inadvertido? No creo que existan cubanos con tanta ingenuidad ni
tampoco con tan mala memoria.
Recuerdo
que esta realidad que ahora sufro me la hizo saber un extranjero que
reside en Francia, estudioso de la literatura cubana, y también
conocedor del proceso totalitario que persiste por más de cincuenta
años en Cuba, y en los días que concebía el blog me advirtiera lo
que ocurriría conmigo al comenzar a escribir los primeros post, ¿si
estaba preparado a perderlo todo y a enfrentar la maquinaria
mediática, demoledora física y mental que arremeterían en mi
contra? Le respondí que sí, ya no soportaba más el silencio,
continuar con la máscara.
Reconozco
que para ese entonces no imaginé que llegaran a tales degradaciones,
embustes y atropello. Uno siempre piensa que un Estado, por fascista
que sea, tendrá el escrúpulo, o al menos, una manera más
inteligente para hacerlo, y no de la forma burda con que han manejado
la situación para desacreditarme. Jamás sospeché que podría
serles tan importante, un enemigo vital como lo que han demostrado
según su dedicación y riesgos, al punto de construir testigos
falsos, que gracias a la suspicacia de una amiga, pudo entrevistar al
más importante y filmarlo, y por suerte, todas aquellas acusaciones
que llegaron a sumar los 54 años de cárcel como petición Fiscal,
se cayeran al presentarles a su “testigo” relatando las presiones
y sobornos que había recibido por parte de la denunciante (cómplice
del gobierno) y de la policía (el testigo asegura la relación
marital entre la denunciante y el Mayor Pablo, Jefe de los Jefes de
Sectores del municipio Plaza), para que aceptara mentir en mi contra.
Por
si fuera poco, ese mismo testigo asegura en el video que no hubo tal
visita mía por encontrarse casualmente en las afueras de la vivienda
de la denunciante, por ende, no existió de mi parte “violación de
domicilio ni agresión”, y lo que resultaba el “flamante testigo”
de la Fiscalía, pasó a ser una prueba contundente de mi abogado, y
que el Tribunal desaprobara para beneficio de la propia Fiscalía,
como fueron desaprobados los demás testigos que aseguraban mi
inocencia y mi permanencia en otro lugar en el mismo momento donde la
denunciante asegura que me encontraba. El tribunal desaprobó otro
testigo, amigo de la denunciante, que aseguraba que como mínimo en
dos ocasiones, antes que se efectuara la denuncia, ésta le confesó
que me haría “un número 8 judicial”, y no escuchó sus ruegos
de que no lo hiciera, que recordara que yo era el padre de su hijo.
También el Tribunal desaprobó a la testigo maestra del menor y
Directora de la escuela, en este caso de mi hijo, y que éste le
revelara que su madre le pedía que falseara hechos denigrantes en
contra de su padre.
¡Siempre
me pregunto qué hubiera sucedido hoy si alguien, en este caso ese
“testigo”, hubiera mentido, declarado que me encontraba en
aquella vivienda y hube de cometer todos los horrores que me
quisieron endosar! Entonces ahora mi realidad fuera otra, si me
condenaron a cinco años sin pruebas, ¿a cuánto hubiera ascendido
con los demás horrores que me endilgaban? En estos momentos yo fuera
el hombre más solo de la dictadura, porque pocos creerían que un
“Estado” fuera capaz de cometer semejantes vejámenes espurios
contra un intelectual por el solo hecho de abrir un blog.
La
soledad del intelectual en un Estado sin derechos.
Desde
el principio me convirtieron en un marginado de la cultura cubana,
ese fue el primer castigo, luego, en un intento de aislarme
internacionalmente, cerraron el correo que el Ministerio de Cultura
me había contratado y por el cual pagaba el alquiler, por usarlo
para enviar los post al exterior, eso dijeron.
A
los pocos días me golpearon y fracturaron el brazo. Muchos, como
ahora con el proceso jurídico, se mostraron inseguros de creerlo, la
policía política del país no trabaja así, dijeron, porque les
conviene mostrarse inseguros, aceptarlo los llevaría a una realidad
que no quieren asumir de ninguna manera. Por supuesto, cuando vieron
la golpiza filmada que arremetieron bestialmente contra mi persona,
entonces hicieron silencio. Por lo general solo opinan para
esconderse detrás de la inseguridad y no correr riesgos, no quedar
de un lado ni del otro, salvo cuando son convocados directamente y no
les queda más remedio que mover la banderita ante el paneo de la
cámara de televisión oficialista.
Desde
hace tiempo aprendí a comprenderlos. El miedo los corroe. Nada puede
sorprendernos de una generación que humillaron, castigaron, les
hicieron las injusticias más increíbles, y siguen apoyando desde su
miedo. ¿Qué solidaridad se puede esperar para los demás si no
fueron capaces de ejercerla con ellos mismos y exigir, ni siquiera
tenue, sus derechos?, y resistieron las degradaciones y pidieron
perdón sabiendo que no cometieron pecado para merecerlo, si no lo es
escribir con el alma la realidad que los circundaba o ser
homosexuales. Y esperaron años, décadas, a que el Gran Dios de la
revolución les hiciera falta para cubrir su imagen, y les brindara
espacio cultural, televisivo y hasta puestos de funcionarios.
La
duda de esos intelectuales es la capa de miedo que los cubre. No
tuvieron voces para ellos ni para los artistas de generación que
fueron castigados, vilipendiados, profanados. El silencio siempre ha
sido su vocación. Esperar lo contrario, máxime ahora que son una
generación anciana, sería una ingenuidad. Así nacieron, así
sobrevivieron, y así morirán.
La
generación del espejo
En
ese espejo, les siguió una generación que comenzó a imitar el
estilo de sobrevivencia que les antecedía. Hicieron silencio porque
alcanzaron a ver a los castigados, les contaron las atrocidades
cometidas contra ellos. También consiguieron a recibir castigo y
silencios culturales. Vieron partir al exilio a gran parte de su
generación. Y callaron, esa fue la mejor lección aprendida. Con los
líderes no se juega porque entonces les enseñaban los famosos
“instrumentos” que tanto les hablaron. Hicieron una obra a medio
tono, para que no exaltara las molestias del Estado. Ellos comenzaron
el cinismo, intentar pasar inadvertido, escribir sin levantar ronchas
y sobrevivir.
La
generación de los novísimos.
Así nos llamaron, y
fuimos los primeros en mostrar rebeldía, irreverencia, porque
sabíamos que más importante que nosotros mismos era la obra, el
arte, y nada podía llevarnos al estatus de las generaciones que nos
antecedieron y que nos mostraban sus desdichas como trofeos. Todos
fuimos perseguidos, golpeados, castigados, gran parte detenidos,
interrogados, maltratados, asustados.
De
esa generación que encontré en aquel Seminario de Narrativa en el
Centro Alejo Carpentier a mediados de los años ochenta, si mal no
recuerdo, soy el único que se mantiene en el país con el oficio de
escritor. Todos decidieron partir y llevarse consigo las heridas y
cicatrices que la policía cultural y política les había propinado
por esa insistencia de hacer una literatura honesta.
El
hecho de dar la espalda a su país y a la familia, era una respuesta
tácita a que no soportarían los designios políticos ni las
injusticias cometidas por décadas. Partieron para salvar sus vidas y
su obra. Y ahora sus voces redimidas, en su mayoría, desde sus
espacios de total libertad, claman justicias históricas y un proceso
democrático para el país.
Otros
intelectuales de generaciones que nos siguen han comenzado a levantar
sus voces de solidaridad, arriesgando conscientes los que puede
acarrear sus actitudes y los posibles castigos que recibirán por
ello.
Pero
a veces la voluntad del corazón puede más que la fuerza del
bolsillo y del bienestar físico. Y eso lo desconocen la gran mayoría
que albergan en su pecho, como inquilino permanente, el desbastador
terror que les sembraron.
Jamás
le pediría a ningún intelectual que clame por mí. Eso es de una
naturaleza que se necesita hacerlo o sientes que mueres. Algunos se
han adaptado a estar muertos.
Pues
que en gloria estén, si sus conciencias se los permite.
Ángel Santiesteban-Prats
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