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22 de marzo de 2013

Diario en la cárcel IV. Cuba: Legalidad urgente

El cubano es culpable hasta que demuestre lo contrario. Así funciona la justicia en el archipiélago. Si sospechan te detienen, luego investigan, y si no encuentran elementos para procesarte, de todas formas te envían a la cárcel por el beneficio de la duda.

De esa manera pululan los acusados en las penitenciarias, sin una prueba que amerite tenerlos en prisión. Personas que claman ser inocentes pero no siempre pueden probarlo, por ende, hasta tanto, serán condenadas.


Las sentencias “por convicción”  que los jueces determinan según su olfato y percepción son las que deciden si son culpables o no.


También, desde hace décadas, a través de los Jefes de Sectores, se entregan los nombres de los que deben ir a prisión porque se considera que son elementos delictivos y pudieran cometer fechorías, pero en realidad no lo son, quizás ni lo hayan pensado.


Hay casos en que los Jefes de Sectores, algo así como los dueños de los destinos de los convivientes donde radiquen o sean ubicados, han enviado a la cárcel a hombres con bellas esposas y, con la intención de separarlos y hacerlas asequibles a sus propósitos morbosos, les inventan esa clasificación de “peligro”; en otras ocasiones lo hacen para presionar a una hermana que se resiste a ser su amante, o simplemente porque un enemigo le paga un precio acordado para que se lo aparte del camino y ampliar su negocio al suprimirle la competencia.


En ocasiones los han elegido para incluirlos en la lista negra por una mirada que les disgusta o porque su rostro no les agrada, u otra impresión según su carácter o complejos de su personalidad.


Una injusticia que provoca diariamente la llegada de decenas de jóvenes que nadie quiere, a los jóvenes cubanos.









Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima, marzo de 2013

14 de marzo de 2013

Ángel Satiesteban se portó como una dama

 

Por  Camilo Venegas Yero

Cada vez que algunos miembros Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) se han visto en la necesidad de firmar algún documento en apoyo al régimen, lo han hecho por docenas. Incluso en el caso más grave, donde insistían en la necesidad de fusilar a dos jóvenes negros, no fueron pocos.
Llama la atención que para “Tod@s contra la violencia” (a propósito de la sentencia contra el escritor Ángel Santiesteban) —tanto la arroba como el paréntesis son del documento original— solo se prestaran 8 mujeres: Sandra Álvarez, Marilyn Bobes, Luisa Campuzano, Zaida Capote, Danae Diéguez, Laidi Fernández de Juan, Lirians Gordillo y Helen Hernández.
No cabe la menor duda de que el "espontáneo manifiesto” (estas comillas sí son mías) no es más que una maniobra del régimen, en apuros por el enorme apoyo internacional que ha recibido Ángel Santiesteban, quien guarda prisión tras un juicio exageradamente irregular y manipulado.
Hay mil maneras de responder a la perversidad que se esconde detrás del discurso “solidario y liberador” (las comillas otra vez son mías) de estas 8 escritoras. Pero es innecesario. Desde la cárcel de La Lima, en Guanabacoa, el propio Ángel se ocupó de refrescarles su mala, terrible, memoria.
“Resulta paradójico que dichas escritoras que con tanto énfasis rechazan la violencia contra la mujer, parapetándose en las falsas acusaciones que se me imputan y esgrimiendo conjeturas sobre mi proceso, no hayan alzado su pluma ni una sola vez, para rechazar o denunciar las graves y constantes violaciones físicas y morales que han sufrido y sufren las Damas de Blanco, símbolos de valor y resistencia pacífica en Cuba”, escribe Ángel.
Todo lo que digan o hagan de ahora en adelante estas 8 damas (que también lo son y como tales deben ser tratadas), carecerá del más mínimo valor si antes no tienen la delicadeza y, sobre todo, la decencia de también defender a esas cubanas que han sido vejadas hasta lo indescriptible por una maquinaria represiva exageradamente machista.
Invito a las firmantes de “Tod@s contra la violencia” a pasar por el blog de la Seguridad del Estado de Cuba, para que tomen nota de todos los comentarios sexistas que contiene. Las Damas de Blanco y Yoani Sánchez son tan mujeres como ustedes y tan cubanas como ustedes. ¿O acaso pensar diferente les quita esos derechos?
Estoy orgulloso de Ángel Santiesteban, porque frente a un ataque tan cobarde se portó como una dama.

Publicado en El Fogonero

11 de marzo de 2013

Las escritoras de la UNEAC y el "Día del Trabajador Jurídico"

Ángel Santiesteban: juicio después del juicio





La cuestión es castigarlo por las sospechas despertadas por su sentencia, desbaratarlo para que no alcance a ser bandera del enemigo.  

Antonio José Ponte



Hace dos días, en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y con la intención de denunciar la violencia machista, ocho escritoras y periodistas hacen un llamamiento público a propósito del caso del escritor Ángel Santiesteban, acusado de violencia de género, condenado a cinco años de prisión y recién encarcelado.

Se solidarizan con la exesposa del escritor, ya que han circulado notas de apoyo a Santiesteban que rebajan los hechos a simples riñas domésticas y le achacan a ella invenciones o demencia.
Esas notas ponen en entredicho un procedimiento judicial que las firmantes del llamamiento defienden en toda su pureza: el acusado fue juzgado por lo ocurrido entre él y su exesposa, sin intromisión de matiz político alguno.
Ellas, sin embargo, equivocan la fecha de despegue de la campaña que hacen. Habilitan una dirección electrónica, reclaman adhesiones al llamamiento, y no es el Día Internacional de la Mujer lo que en verdad celebran, sino, en todo caso, el Día del Trabajador Jurídico. Porque dicen defender la suerte de la exesposa de Ángel Santiesteban (a la que nunca llaman por su nombre), hablan por las mujeres que sufren violencia machista, pero su mayor preocupación es lo inobjetable del aparato de justicia.
No es extraño entonces que vengan a indignarse  cuando ha pasado el juicio y han dictado sentencia. Y es que ellas, antes que a lo ocurrido entre acusado y acusadora, reaccionan a las críticas hechas al proceso judicial. Su indignación va contra esas notas que apoyan a Santiesteban. Su objetivo es exorcizar el peligro de que esas notas se conviertan en campaña política contra el régimen.
La efemérides, el detalle de que todas las firmantes sean mujeres:  trucos en pro de verosimilitud o de sensiblería. Los derechos de la mujer, el mejor de los pretextos. Convocan a ese ejemplo cercano, el de Santiesteban, no por hacer visible lo extendido de un fenómeno, sino para que toda la violencia machista incida en su caso.  Y entonces poder exigir, después de una sentencia judicial, todavía más intervenciones: "Las instituciones y organizaciones cubanas deben pronunciarse sobre este caso en particular y también acerca de la violencia contra la mujer en nuestra sociedad".
La cuestión es abrirle otro juicio a Ángel Santiesteban. Castigarlo por las sospechas despertadas por su sentencia. Desbaratarlo, para que no alcance a ser bandera del enemigo. 
Sandra Álvarez, Marilyn Bobes, Luisa Campuzano, Zaida Capote Cruz, Danae Diéguez, Laidi Fernández de Juan, Lirian Gordillo Piña y Helen Hernández Hormilla, firmantes del llamamiento y convocantes de más firmas, cumplen así lo que tanto negaran: la intromisión de la política en el caso. Consideran  al sistema judicial más allá de toda crítica y, sin embargo, se atreven a discutirle la decisión final y el turno último de castigo.
Uno lee los nombres de estas ocho intelectuales y se pregunta qué habrán podido sacar de ciertos libros tremendos sobre la justicia. Kafka, por ejemplo. Dostoievski. Job. Los habrán leído para hacerse peores personas, para no entenderlos.

Publicado por Diario de Cuba

21 de febrero de 2013

El tren de las generaciones



Me sorprende el asombro que expresan algunos intelectuales de que esté atravesando un proceso jurídico amañado por la Seguridad del Estado, ¿acaso pensaron que decir las verdades en el rostro de la dictadura, además desde el interior de la isla, iba a pasar inadvertido? No creo que existan cubanos con tanta ingenuidad ni tampoco con tan mala memoria.
Recuerdo que esta realidad que ahora sufro me la hizo saber un extranjero que reside en Francia, estudioso de la literatura cubana, y también conocedor del proceso totalitario que persiste por más de cincuenta años en Cuba, y en los días que concebía el blog me advirtiera lo que ocurriría conmigo al comenzar a escribir los primeros post, ¿si estaba preparado a perderlo todo y a enfrentar la maquinaria mediática, demoledora física y mental que arremeterían en mi contra? Le respondí que sí, ya no soportaba más el silencio, continuar con la máscara.
Reconozco que para ese entonces no imaginé que llegaran a tales degradaciones, embustes y atropello. Uno siempre piensa que un Estado, por fascista que sea, tendrá el escrúpulo, o al menos, una manera más inteligente para hacerlo, y no de la forma burda con que han manejado la situación para desacreditarme. Jamás sospeché que podría serles tan importante, un enemigo vital como lo que han demostrado según su dedicación y riesgos, al punto de construir testigos falsos, que gracias a la suspicacia de una amiga, pudo entrevistar al más importante y filmarlo, y por suerte, todas aquellas acusaciones que llegaron a sumar los 54 años de cárcel como petición Fiscal, se cayeran al presentarles a su “testigo” relatando las presiones y sobornos que había recibido por parte de la denunciante (cómplice del gobierno) y de la policía (el testigo asegura la relación marital entre la denunciante y el Mayor Pablo, Jefe de los Jefes de Sectores del municipio Plaza), para que aceptara mentir en mi contra.
Por si fuera poco, ese mismo testigo asegura en el video que no hubo tal visita mía por encontrarse casualmente en las afueras de la vivienda de la denunciante, por ende, no existió de mi parte “violación de domicilio ni agresión”, y lo que resultaba el “flamante testigo” de la Fiscalía, pasó a ser una prueba contundente de mi abogado, y que el Tribunal desaprobara para beneficio de la propia Fiscalía, como fueron desaprobados los demás testigos que aseguraban mi inocencia y mi permanencia en otro lugar en el mismo momento donde la denunciante asegura que me encontraba. El tribunal desaprobó otro testigo, amigo de la denunciante, que aseguraba que como mínimo en dos ocasiones, antes que se efectuara la denuncia, ésta le confesó que me haría “un número 8 judicial”, y no escuchó sus ruegos de que no lo hiciera, que recordara que yo era el padre de su hijo. También el Tribunal desaprobó a la testigo maestra del menor y Directora de la escuela, en este caso de mi hijo, y que éste le revelara que su madre le pedía que falseara hechos denigrantes en contra de su padre.
¡Siempre me pregunto qué hubiera sucedido hoy si alguien, en este caso ese “testigo”, hubiera mentido, declarado que me encontraba en aquella vivienda y hube de cometer todos los horrores que me quisieron endosar! Entonces ahora mi realidad fuera otra, si me condenaron a cinco años sin pruebas, ¿a cuánto hubiera ascendido con los demás horrores que me endilgaban? En estos momentos yo fuera el hombre más solo de la dictadura, porque pocos creerían que un “Estado” fuera capaz de cometer semejantes vejámenes espurios contra un intelectual por el solo hecho de abrir un blog.

La soledad del intelectual en un Estado sin derechos.

Desde el principio me convirtieron en un marginado de la cultura cubana, ese fue el primer castigo, luego, en un intento de aislarme internacionalmente, cerraron el correo que el Ministerio de Cultura me había contratado y por el cual pagaba el alquiler, por usarlo para enviar los post al exterior, eso dijeron.
A los pocos días me golpearon y fracturaron el brazo. Muchos, como ahora con el proceso jurídico, se mostraron inseguros de creerlo, la policía política del país no trabaja así, dijeron, porque les conviene mostrarse inseguros, aceptarlo los llevaría a una realidad que no quieren asumir de ninguna manera. Por supuesto, cuando vieron la golpiza filmada que arremetieron bestialmente contra mi persona, entonces hicieron silencio. Por lo general solo opinan para esconderse detrás de la inseguridad y no correr riesgos, no quedar de un lado ni del otro, salvo cuando son convocados directamente y no les queda más remedio que mover la banderita ante el paneo de la cámara de televisión oficialista.
Desde hace tiempo aprendí a comprenderlos. El miedo los corroe. Nada puede sorprendernos de una generación que humillaron, castigaron, les hicieron las injusticias más increíbles, y siguen apoyando desde su miedo. ¿Qué solidaridad se puede esperar para los demás si no fueron capaces de ejercerla con ellos mismos y exigir, ni siquiera tenue, sus derechos?, y resistieron las degradaciones y pidieron perdón sabiendo que no cometieron pecado para merecerlo, si no lo es escribir con el alma la realidad que los circundaba o ser homosexuales. Y esperaron años, décadas, a que el Gran Dios de la revolución les hiciera falta para cubrir su imagen, y les brindara espacio cultural, televisivo y hasta puestos de funcionarios.
La duda de esos intelectuales es la capa de miedo que los cubre. No tuvieron voces para ellos ni para los artistas de generación que fueron castigados, vilipendiados, profanados. El silencio siempre ha sido su vocación. Esperar lo contrario, máxime ahora que son una generación anciana, sería una ingenuidad. Así nacieron, así sobrevivieron, y así morirán.

La generación del espejo

En ese espejo, les siguió una generación que comenzó a imitar el estilo de sobrevivencia que les antecedía. Hicieron silencio porque alcanzaron a ver a los castigados, les contaron las atrocidades cometidas contra ellos. También consiguieron a recibir castigo y silencios culturales. Vieron partir al exilio a gran parte de su generación. Y callaron, esa fue la mejor lección aprendida. Con los líderes no se juega porque entonces les enseñaban los famosos “instrumentos” que tanto les hablaron. Hicieron una obra a medio tono, para que no exaltara las molestias del Estado. Ellos comenzaron el cinismo, intentar pasar inadvertido, escribir sin levantar ronchas y sobrevivir.

La generación de los novísimos.

Así nos llamaron, y fuimos los primeros en mostrar rebeldía, irreverencia, porque sabíamos que más importante que nosotros mismos era la obra, el arte, y nada podía llevarnos al estatus de las generaciones que nos antecedieron y que nos mostraban sus desdichas como trofeos. Todos fuimos perseguidos, golpeados, castigados, gran parte detenidos, interrogados, maltratados, asustados.
De esa generación que encontré en aquel Seminario de Narrativa en el Centro Alejo Carpentier a mediados de los años ochenta, si mal no recuerdo, soy el único que se mantiene en el país con el oficio de escritor. Todos decidieron partir y llevarse consigo las heridas y cicatrices que la policía cultural y política les había propinado por esa insistencia de hacer una literatura honesta.
El hecho de dar la espalda a su país y a la familia, era una respuesta tácita a que no soportarían los designios políticos ni las injusticias cometidas por décadas. Partieron para salvar sus vidas y su obra. Y ahora sus voces redimidas, en su mayoría, desde sus espacios de total libertad, claman justicias históricas y un proceso democrático para el país.
Otros intelectuales de generaciones que nos siguen han comenzado a levantar sus voces de solidaridad, arriesgando conscientes los que puede acarrear sus actitudes y los posibles castigos que recibirán por ello.
Pero a veces la voluntad del corazón puede más que la fuerza del bolsillo y del bienestar físico. Y eso lo desconocen la gran mayoría que albergan en su pecho, como inquilino permanente, el desbastador terror que les sembraron.
Jamás le pediría a ningún intelectual que clame por mí. Eso es de una naturaleza que se necesita hacerlo o sientes que mueres. Algunos se han adaptado a estar muertos.
Pues que en gloria estén, si sus conciencias se los permite. 


Ángel Santiesteban-Prats