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5 de abril de 2013

Diario en la cárcel X. A Los 5 (sibaritas) no les gusta el pollo


Dieta alimenticia


Los presos que me acompañan en esta barraca aseguran que leyeron en el periódico Granma que los 5 espías condenados en E.U, se quejaron porque sus carceleros les habían ofrecido pollo en dos ocasiones. Es decir, protestaban porque les repitieron el menú.

Cuando estaba libre, siempre que recibía estos comentarios que me parecían absurdos, de inmediato buscaba la forma de encontrar alguien que me prestara internet para verificarlo. Ahora, en las condiciones en que sobrevivo en esta prisión es imposible verificar nada.

Lo cierto es que me causa risa la forma con que los presos que me acompañan me hacen llegar la noticia. La he escuchado en varias ocasiones y siempre tengo que reírme: esa repetición de pollo de la que se quejan los espías sería motivo de fiesta para los reclusos en este penal.

Algunos viernes, como día festivo, entregan un cuarto del cuarto de pollo que normalmente se reconoce como tal. Ese día se llena el comedor. El resto de los días es preferible hacer huelga de hambre. Yo mismo, por ejemplo, llevo cinco días sin ir al comedor. Prefiero sobrevivir con las galletas y el pan tostado que me hace llegar mi familia y que conservo como un tesoro dentro de un saco.

También he leído declaraciones de Ángel Carromero, el político español que conducía el carro en el que perdimos a Oswaldo Paya y Harol Cepero. Dice que sus seis meses de encarcelamiento en Cuba le han bastado para dejarlo traumatizado y necesitar ayuda médica.

Habría que recordar que Carromero estaba recluido en una cárcel especial para extranjeros, que contaba además con la supervisión de la embajada y el tratamiento obvio de la policía política para “endulzarlo”, de modo que la versión real de lo sucedido ese funesto día no saliera a la luz.

Habría que preguntarse, independientemente de que cualquier cárcel, donde quiera que esta se encuentre, es siempre difícil de enfrentar y soportar, ¿qué dejaremos para los que están hacinados en cárceles infrahumanas, con alimentación casi inexistente y con el peso adicional de saberse mal procesados por la justicia?

Nada, que tanto los 5 espías como Carromero desconocen lo que es en verdad una cárcel







Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima. Abril de 2013


5 de marzo de 2013

Angel Santiesteban Prats: Diario en la cárcel I




El escritor Angel Santiesteban-Prats se encuentra  en el centro penitenciario La Lima, ubicado en Guanabacoa.  Fue traslado allí el sábado después de permanecer un día en la  prisión Valle Grande donde escribió este post, el primero que nos hace llegar desde su cautiverio.
Todos y cada uno de los posts que vaya escribiendo los iremos publicando aquí,  en su blog  "Los hijos que nadie quiso".



Diario en la cárcel I. Prisión de Valle Grande.


Entre rejas

Finalmente el gobierno cubano me tiene entre rejas. Después de 4 años de arbitrario ‘’proceso legal, donde se han violado las reglas más elementales del sistema legal y he enfrentado múltiples acusaciones, todas ellas, con la marcada intención de degradar mi imagen ante la opinion pública, que mi proceso sirva de intimidación a escritores y artistas cubanos y acallar mi blog ‘’Los hijos que nadie quiso’’ con el que he alcanzado la luz, que una vez poseída se vuelve irreversible.

A pesar del sufrimiento y el daño causado, especialmente a mi familia, siento orgullo de encontrarme en el lugar adonde han ido a parar tantos buenos cubanos.
Desde aquí intentaré hacer llegar mis post y cumplir mi modesto rol para lograr una apertura democrática en Cuba, continuaré mi lucha y resistencia al régimen totalitario. Sólo soy un ciudadano que decidió quitarse la máscara y denunciar la verdad de mi país como puedo hacerlo, escribiendo.

Ahora me encuentro rodeado de hombres que cometieron diversos delitos pero se quejan de racismo, golpizas e injusticias sociales. Cuando escuchan que Cuba pronto cambiará los ojos se le iluminan.
A otros reclusos les han aplicado ‘’peligrosidad’’ término supuestamente legal existente en nuestro país. Son individuos sancionados de antemano, bajo sospecha de que puedan cometer alguna ilegalidad, en su mayoría negros y sin trabajo estatal.

Hoy comienza una nueva etapa en mi vida y en el camino que he elegido. La esperanza de los cubanos y su persistencia en la lucha traerán el cambio necesario para convertirnos en un Estado próspero y democrático.

Sin más desde mi ‘’letra alta e inclinada’’ va mi abrazo y agradecimiento a todos los que muestran su solidaridad y apoyo a la causa.

Desde la prisión de Valle Grande, 1 de Marzo de 2013










 Ángel Santiesteban-Prats

14 de febrero de 2013

Los hijos que la revolución no quiso




LA HABANA, Cuba, febrero, www.cubanet.org -La historia se repite. Otro escritor cubano será enviado a prisión. Ángel Santiesteban, autor del blog Los hijos que nadie quiso, fue condenado a cinco años de cárcel bajo el supuesto delito de violación de domicilio y lesiones. El Tribunal Supremo Popular ratificó la sanción.
De acuerdo con lo expresado por Santiesteban a martíoticias.com, en el juicio no se mostró evidencia alguna sobre su culpabilidad. Una de las supuestas pruebas descansa en la declaración de una teniente coronel del régimen, quien argumentó que su caligrafía indicaba culpabilidad.
El laureado escritor (por libros como Sueño de un día de verano, Premio UNEAC 1995, Los hijos que nadie quiso, ganador del Alejo Carpentier 2001, y Dichosos los que lloran, galardonado en Casa de las Américas 2006), declaró que ante su condena a prisión sin pruebas procesales, sus ex colegas dentro de Cuba guardan un silencio cómplice, con tal de preservar pequeños privilegios.
No es de extrañar. Tanto el encarcelamiento de algunos escritores que disienten de la ideología oficial, como el silencio y la complicidad de los intelectuales ante las arbitrariedades de la política cultural cubana, han sido una constante en más de medio siglo de revolución.
Desde su fundación, el 22 de agosto de 1961, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), no ha sido más que un “cascarón de figurones”, como la definiera el poeta Heberto Padilla en su polémica con el escritor Lisandro Otero, a través de las páginas del suplemento cultural El Caimán Barbudo.
Ya en 1965, el “sálvese quien pueda” corrió por los pasillos de la UNEAC, y el silencio cómplice y ominoso se instaló como huésped permanente entre sus integrantes, quienes no levantaron la voz ante el envío a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), del poeta José Mario Rodríguez, acusado de “disoluto y liberaloide”, junto a otros integrantes de Ediciones El Puente.
Tampoco lo hicieron luego de un discurso pronunciado por Fidel Castro, en marzo de 1966, donde arremetía contra los homosexuales de la UNEAC y los amenazaba con enviarlos a trabajar a la agricultura. Mucho menos alzaron su voz los escritores y artistas cuando, en el denominado “Quinquenio gris”, también fueron encarcelados los poetas Lina de Feria y Heberto Padilla, y los escritores José Lorenzo Fuentes, Reinaldo Arenas y Manuel Ballagas, por supuestas difamaciones contra la revolución o por escribir textos subversivos.
Fueron los integrantes de la UNEAC quienes en el prólogo de los libros Los siete contra Tebas (teatro) de Antón Arrufat, y Fuera de Juego (poesía) de Heberto padilla, galardonados con el premio de esa organización, en 1968, los denunciaron como “contrarios ideológicamente a nuestra revolución”.
¿Acaso los miembros del “cascarón de figurones” le salieron al paso a las acusaciones lanzadas desde la revista Verde Olivo contra Antón Arrufat, Heberto Padilla, Guillermo Cabrera Infante y José Triana, entre otros escritores, por un censor oculto bajo el seudónimo de Leopoldo Ávila?
El sentimiento de pecado que les sembró el Che a los intelectuales cubanos que no lucharon contra la dictadura de Fulgencio Batista, más su cobardía personal y algunas prebendas astutamente otorgadas por el régimen, los convirtió en dóciles amanuenses que sólo escriben al dictado del amo.
Los escritores que caen en desgracia son como apestados de los que se alejan los demás, y no sólo se les saca del gremio, sino también del círculo de amistades, hasta que sean reivindicados, si llegan a serlo en vida, por lo que algunos llaman rectificación de la política cultural. Este acto de bajeza lo ilustró el escritor Eduardo Heras en sus memorias sobre las purgas intelectuales, recogidas en una conferencia titulada “Quinquenio gris: testimonio de una lealtad”, dictada como exorcismo contra la censura en el Instituto Superior de Arte (ISA) en 2007.
La prueba de “lealtad”, según Heras, se da cuando se cruza cada día, al regreso del trabajo, con otro señor. Se miran, pero nunca se saludan. Lo único que los une en ese malhadado año 1971, es que ambos son escritores y cumplen un insólito castigo por escribir libros calificados como contrarrevolucionarios. Sin embargo, añade, sólo los unía en ese instante crucial de sus vidas, la capacidad de resistencia ante la injusticia.
De modo que, de acuerdo con lo escrito por Heras León, aguantar humillaciones, abusos, callarse y no tener valor siquiera para saludar a otro marginado, es un acto de unidad. ¿Unidad en la miseria? ¿En la desgracia humana?
Sin embargo, más tarde, ya reivindicados, ¿no firmaron el propio Heras, Arrufat, Arango, Pablo Armando Fernández, César López, Miguel Barnet, Nancy Morejón y compañía, la Demanda de la UNEAC contra la Carta de los Diez intelectuales que pidieron reformas al régimen, el 31 de mayo de 1991?
Según expresaban en sus años de angustia Heras y otros integrantes de la UNEAC, los firmantes de la Carta de los Diez, más que colegas, eran amigos, y compartieron las buenas y las malas en ese proyecto social abierto y democrático que después los devoró. Entonces, ¿por qué  apoyaron con su firma el ataque y marginación a colegas de reconocida trayectoria literaria como Manuel Díaz Martínez, Raúl Rivero, Manuel Granados, José Lorenzo Fuentes y Bernardo Marqués-Ravelo? ¿Les tendieron la mano alguna vez? ¿Los volvieron a saludar? ¿Se atrevieron Heras León o Antón Arrufat a levantar la voz por María Elena Cruz Varela, Roberto Luque Escalona, Fernando Velázquez Medina, Víctor Serpa Riestra y Nancy Estrada Galván, también firmantes de la Carta de los Diez?
Cuando, dos años después, una turba instigada por la Seguridad de Estado obligó a María Elena Cruz Varela a tragarse sus poemas, y fue condenada a dos años de cárcel por firmar la Carta de los Diez y crear el movimiento Criterio Alternativo, ningún miembro de UNEAC protestó. Tampoco lo hicieron cuando el poeta Raúl Rivero fue condenado a veinte años de prisión, en el año 2003, por ejercer un periodismo libre. Todo lo contrario: condenaron en una Carta Abierta todos estos actos que denominaban conspirativos y en contra de la revolución.
Por ello, aunque demuestre ser inocente, el escritor Ángel Santiesteban será enviado a prisión, único sitio, junto al exilio, adónde van a parar los hijos que la revolución no quiso ni querrá. Sus compañeros de la UNEAC, en el mejor de los casos callarán una vez más, si es que “de arriba” no les “orientan” firmar algún documento condenatorio.

vicmadomingues55@gmail.com


Publicado por Cubanet