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9 de abril de 2013

URGENTE: ANGEL SANTIESTEBAN PRATS FUE TRASLADADO Y SE DESCONOCE SU PARADERO

En el día de hoy se esperaba en el centro penitenciario La lima una visita de la Comisión de Derechos Humanos. Por esa razón intentaron llevarlo al hospital militar Salvador Allende para que que no tuviera acceso a dicha comisión. Ante su tajante negativa, en el día de hoy le iban  a dar un pase de unas horas para que fuera a la casa. Y amaneció esperando dicho conducto. Pero en lugar de ello se encontró con que lo fueron a buscar esposado para llevarlo no se sabe a dónde. Desde la mañana esperamos noticias infructuosamente. Sabemos que hubo un incidente cuando el traslado pero no sabemos más.

Rogamos dar la máxima difusión posible a esta noticias.

Gracias

8 de abril de 2013

Quiñones Haces rompe el silencio de la UNEAC con respecto al caso de Ángel Santiesteban

De Montenegro a Santiesteban



GUANTÁNAMO, Cuba, abril, www.cubanet.org -Carlos Montenegro y Ángel Santiesteban no son los únicos escritores cubanos que han tenido la desgracia de sufrir la cárcel; el último, dos veces.
Con apenas 19 años de edad, Carlos Montenegro fue condenado a catorce años y ocho meses de cárcel por la comisión de un hecho sangriento en el que murió una persona. Tuvo la suerte de conocer en la Pagaduría de la cárcel a José Zacarías Tallet y entablar amistad con él. De esa relación se afirma que surgió la vocación literaria de Montenegro. Allí también  conoció a Pablo de la Torriente Brau.
En 1928, luego de haber publicado en las revistas Social y Orto algunos de sus textos, con su relato El renuevo obtuvo un premio literario convocado por la revista Carteles,  hecho que generó una ola de simpatías hacia su figura y abundante solidaridad para con su situación. Intelectuales de la talla de Emilio Roig de Leuchsenring y el propio Zacarías Tallet, unidos a  otros prestigiosos escritores y numerosos periodistas, pidieron a Gerardo Machado que liberara al escritor forjado en las entrañas de la sordidez y el enclaustramiento. Pero Machado se negó. Montenegro salió de la cárcel a los 31 años de edad, cuando El Machadato estaba herido de muerte.
Ángel Santiesteban Prats nació en La Habana, en 1965. En 1995 obtuvo  el premio “Luis Felipe Rodríguez”, que otorga la UNEAC, en el género de cuento, con su libro Sur: latitud 13. En el  2001 obtuvo el premio de cuento “Alejo Carpentier” con Los hijos que nadie quiso, y en el 2006  el premio “Casa de las Américas” con su libro Dichosos los que lloran.
Desconozco si Santiesteban es responsable o no de los hechos por los que ha sido sancionado. Tampoco soy su amigo. Escribo estas líneas desde mi condición de simple miembro de la UNEAC, porque no considero que todos los escritores e intelectuales de dicha organización estemos de acuerdo con que alrededor del hecho exista un ominoso silencio.
Figuras descollantes de nuestra cultura, como Pedro Pablo Oliva y Pablo Milanés, que han sido objeto de ataques desmesurados cuando se han atrevido a expresar  opiniones discordantes con las del gobierno y la dirección nacional de la UNEAC, tampoco se han pronunciado al respecto.
La respuesta que hace unos meses la dirección nacional de la UNEAC ofreciera a las tendenciosas acusaciones de un agente de la Seguridad del Estado contra Reyna María Rodríguez y otros intelectuales cubanos, no constituye una regla sino la excepción. Una vez más ha quedado sobre el tapete el deplorable quietismo de gran parte de la intelectualidad cubana, así como el miedo paralizante que le impide ejercitar los valores que en cualquier lugar del mundo identifican a quienes trabajan a favor  de la cultura.
Si Santiesteban fuera responsable de estos hechos -que según he leído en Cubanet, ocurrieron hace cuatro años-, en el Código Penal cubano existen todos los presupuestos legales para impedir su ingreso en la prisión, sustituyendo la sanción privativa de libertad por otra de menor rigor, mucho más cuando se trata de un intelectual de prestigio, de una persona de buena conducta moral y social, de un hecho cuya incidencia es insignificante dentro del marco de violencia habitual que se vive en el país y específicamente en La Habana .
Todos sabemos-incluidos quienes instruyeron el expediente, los fiscales que solicitaron la sanción y los jueces que lo sancionaron- que Santiesteban no es ningún antisocial. Es muy difícil admitir que en nuestro país hay justicia cuando  a un intelectual como él se le encarcela, mientras quienes hundieron el remolcador “13 de marzo” y provocaron  la muerte de personas inocentes, entre ellas varios niños, continúan impunemente en las calles.
Los que han encarcelado a Santiesteban le han hecho un favor muy flaco al gobierno cubano, como si éste no tuviera agudos problemas de los que encargarse para sumar otro de esta índole, porque las resonancias internacionales comenzarán a sentirse muy pronto. Más que encarcelarlo, esos testaferros deberían preguntarse por qué un hombre surgido dentro de lo que un día fue la revolución, se desprende de ella, cuáles son las causas que provocan un aumento de la disidencia y de  la estampida de nuestra población hacia el extranjero, de la apatía social, la vulgaridad y la pérdida de valores en nuestra sociedad.
Debieran ser consecuentes con el presupuesto de que “Cuba es un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como república unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana”, como establece el artículo 1 de la Constitución de la República.
Todos sabemos que si Santiesteban no tuviera un blog en el que se expresa libremente, no habría ido a prisión por un hecho de tan escasa entidad. Desde mi  condición de humilde hombre de la cultura, también  discriminado, sólo puedo decir que los que se encarguen de pedir la libertad para Santiesteban  pueden colocar mi nombre en cualquier lista que se elabore con tal objetivo.
Ojalá que esta desmesura sea rectificada pronto. El gobierno cubano no gana absolutamente nada con este error, ni necesita más enemigos. Más que continuar esta política en contra de quienes disienten, debería abrirse al diálogo para acabar de enrumbar de una vez y por todas a nuestra patria hacia un camino de paz y entendimiento. Ojalá que la terquedad gubernamental no convierta a Cuba en otra Siria.

Publicado en Cubanet

6 de abril de 2013

Ángel Santesteban " ya no es tan angelical, sino que actúa como demonio, diciendo verdades que muchos prefieren sepultar"

 

Cosas personales de Ángel Santiesteban


Warhol P


HAVANA TIMES — No he seguido con énfasis el caso de Ángel Santiesteban, porque para ser sincero desde el inicio de esa sórdida historia que se tejió y que muchos conocemos, creí que el autor del libro de cuentos: “Los hijos que nadie quiso”, uno de mis libros preferidos en la década actual, no era culpable, y aún mantengo la duda de una real culpabilidad.

Es cierto que he visto poco a Ángel, pero las veces que he tenido la oportunidad han servido para conocer que al menos su apariencia no encierra para nada a un hombre obsesivo (al no ser en su literatura) rondando lo psicopático como lo ha descrito el escritor Yoss en su carta abierta publicada originalmente en La llaga el 14 de marzo de el año en curso.

Algo así, no me parece bien para el que dice llamarse en reiteradas ocasiones amigo, hermano.

Es cierto que nunca llegamos a conocer del todo a las personas, considero que solo la convivencia y un tiempo prolongado nos serviría para conocernos a fondo, y aún así, lo inesperado podría salir a flote, dependiendo de alguna circunstancia en específico, todos tenemos un poquito de claro y oscuro.

Yo mismo, no me considero violento, abogo por la paz y la tranquilidad espiritual personal y ajena, pero no puedo negar que ante situaciones desagradables he llegado a sentir deseo de golpear a alguien, pero no lo he hecho, porque las aguas se han calmado rápidamente y poco a poco mi ira se ha desvanecido.
Eso sí, como todo ser humano discuto con mi pareja, y alguna que otra vez en una discusión ha estado rondando la violencia física y verbal, pero eso tiene un nombre: Problemas personales, sencillamente es mi asunto, mi vida, y debo resolver las cosas de la mejor manera posible.

Estoy totalmente en contra de la violencia en general, ya sea a personas o animales, nadie tiene el derecho de agredir a nadie, siempre es mejor optar por el dialogo y cuando no funciona la comunicación pues damos la espalda y resuelto el dilema.


Percibo que en el caso de Ángel hay algo raro. Ahora me remito a lo que mi colega María Matienzo ha escrito acerca de que la violencia contra mujeres y niñas no puede ser un pretexto político para sofocar una voz incómoda de la intelectualidad cubana.

Lo he escrito tal y como María lo publicó en su diario bajo el título: Una caricatura de proceso judicial para Ángel Santiesteban. Y concuerdo plenamente con su artículo.

En situaciones como estas, lo más importante es contar con evidencias, algo que pruebe que en verdad Ángel es culpable. Yoss, que parece tan conocedor de la vida personal de Ángel, puede decir que Santiesteban es su amigo sin realmente serlo, porque él mismo en otro artículo publicado en Havana Times ha desmentido tal amistad.

Yoss en su carta abierta habla como si se conocieran de toda una vida, hasta hace mención de Kenia, la ex-mujer dolida, que según Yoss fue hostigada, y recibió más de una golpiza, e incluso habló de cartas amenazadoras, y por demás, lo hace público.

Respecto a la señora Kenia, no sé porque motivos no impidió que Ángel fuese a la cárcel, hasta donde sé, creo que ambos tienen un hijo en común. De haber sido real la agresión debió pensar en su familia.
Porqué no buscar otras alternativas, tratar de que las cosas mejorasen, sin llegar a ese extremo, en todas las cuadras hay un comité de defensa y por ende también nos toca un jefe de sector, ¿porqué Kenia no fue directamente al jefe de sector para que este intercedería por ella? Considero que ese debió ser el primer caso.

Donde vivo, muchas parejas tienen problemas y cuando ocurren casos violentos las mujeres buscan ayuda con la policia, los esposos se someten a la charla de la policía municipal, quizás se les amenaza con hacerles una carta de advertencia y hasta con ir preso, pero de ahí no pasa, siempre las parejas tratan de arreglarse, y de no volver a caer en lo mismo.

Claro, aquí es donde para mi está lo raro, lo misterioso, en fin, lo político, pensar lo incómodo que puede resultar Ángel para algunos que se han dado cuenta de que el escritor, ya no es tan angelical, sino que actúa como demonio, diciendo verdades que muchos prefieren sepultar, para no verse implicados en asuntos políticos.

Por el momento, prefiero mantenerme al margen de la noticia, sin dejar de pensar que sin ninguna evidencia, Ángel Santiesteban no es culpable, y si lo fuese, solo Dios, Kenia y él lo saben.


Publicado en Havana Times

27 de marzo de 2013

Diario en la cárcel VI. El juicio por dentro

Algunos amigos me han pedido que no continúe respondiendo las cartas y posts de los que han buscado unos minutos de fama a mi costa, pues -en su mayoría- son blogs que salen a la palestra pública por primera vez a pesar del tiempo que llevan esforzándose para ello; otros, sólo son leídos por la nomenklatura oficialista y escritos por personas que nunca han sido importantes, salvo para sus familias, supongo, y quienes por primera vez -y quizá también por última-  recibieron una efímera atención pública en el mundo virtual, lo que les animó -¡suerte que tienen algunos!- sus intrascendentes y apagadas vidas.

Estoy seguro de que la sugerencia de estos amigos es razonable; de hecho, cada vez que confecciono las respuestas los comprendo, pero soy extrovertido y necesito ser muy puntual especialmente con quienes manipulan sus cartas para confundir y, gracias al alto nivel de ambigüedad consciente que utilizan, desvirtuar la realidad de los hechos confundiendo a los lectores.

Así ocurre, por ejemplo, con la testigo de oído o de referencia utilizada por la Fiscalía en mi contra. Esa testigo menciona a otra mujer, amiga mía, a la que sin consultarle ni pedirle permiso, hace públicos su nombre y apellido, y por si ello no le fuera suficiente, pone en su boca palabras que ella jamás dijo. Tanto mi amiga como su esposo, que la acompañaba en los momentos referidos por la testigo de la Fiscalía, han manifestado sentirse muy ofendidos por su falta de ética y su alto nivel de embuste.

La conversación que sostuve con esta amiga mía fue a través de mi teléfono celular y si le hubiera dicho alguna palabra que delatara mi culpabilidad, hoy dicha palabra sería una prueba que la Fiscalía hubiera interpuesto en mi contra, pues el investigador revisó todas mis llamadas y mis correos electrónicos.

Solo puedo repetir hasta la saciedad y hasta mi último respiro  -y es lo que he venido diciendo en cada respuesta que brindo- que exijo pruebas sólidas que sostengan la condena que me ha sido impuesta; pruebas que no sean la palabra de una persona manipulada -amiga de la acusadora- que repite lo que ésta le ha contado; pruebas que no sean las que "aportó" una Teniente Coronel calígrafa quien aseguró, violando todas las convenciones legales y científicas sobre el valor jurídico del peritaje caligráfico, que mí “letra inclinada” constituye una prueba de mi culpabilidad.

Que expongan esas pruebas sólidas y asuman el video con el testimonio del testigo falso que quisieron colar en la Fiscalía, y al que inmediatamente desecharon cuando lo grabamos explicando cómo había sido sobornado y forzado a testificar en mi contra. Ese video es suficiente prueba de mi inocencia. Que desechen, por su falsedad, todas las mentiras que el Tribunal fabricó para ocultar mi inocencia. Pero -repito- es imposible ocultarlas. Es imposible engañar a las personas aunque tengan un mínimo de entendimiento.

Emplazo al Gobierno, Fiscalía, Tribunales, Policía y a cada persona que firmó la carta condenándome por la supuesta violencia de la que se me acusa y por la que me condenaron, a que presenten una sola prueba en mi contra.

Basta ya de palabras e insinuaciones; eso no es suficiente para encarcelar a nadie.

Que digan y acepten que yo les estorbaba; que en la vida política, a mi pesar, fui adquiriendo reconocimiento y respeto; que mi blog comenzó a tener diez mil visitas diarias, y que me vieron demasiado cerca de quienes en la isla defienden la verdad, como es el proyecto Por Otra Cuba y las firmas de los pactos de la O.N.U.; proyectos que, bien lo sé, tanto les preocupa y asusta. Que reconozcan que mi presencia frente a la unidad policial exigiendo la liberación de Antonio Rodiles les resultó inadmisible para un intelectual; que el video de la golpiza que me propinaron recorriera el mundo; que miles de personas en todo el mundo se aterraran ante la imagen de mi camisa manchada de sangre; que me mantuviera en huelga de hambre y sed por esos días; y sobre todo, que confiesen su impotencia porque no pudieron hacerme causa ante las evidentes pruebas de abuso y las presiones internacionales. Que admitan que les molestó que no haya transigido cuando el oficial Aníbal, de la Seguridad del Estado, quien me aconsejó que detuviera mi accionar político. Que tomaron como una burla mía que al día siguiente me volviera a situar en el mismo lugar de la golpiza, acompañando a Ailer González, la esposa de Rodiles, y al padre de éste, los tres vistiendo un pulover blanco con la imagen de Rodiles pidiendo su liberación. Que día a día, durante esos diecinueve días de injusticia, nos situáramos frente a la unidad policial hasta que lo soltaron, eso sí, sólo después de que se le hubiera bajado la inflamación y desaparecido el morado del ojo.

Ya los oficiales Camilo y Aníbal me habían advertido. Y para frenarme no pudieron hacer otra cosa que enseñarme los objetos más sofisticados, los instrumentos más sofisticados: los “Tribunales Revolucionarios” de los que tanto alardean.

La culpabilidad de la Seguridad del Estado es tan evidente como la de aquellos que han secundado las típicas y previsibles campañas en mi contra buscando hacer una cortina de humo para ocultar sus desmanes. La historia se encargará de cada uno de nosotros y nos pondrá en el lugar exacto que nos hemos ganado. De eso no hay duda.

Sin embargo, pese a esa campaña mediática, he luchado con las herramientas que mis circunstancias me lo permiten. He expuesto mis pruebas sólidas, se las he llevado ante sus ojos, entre ellas el tan mencionado video del falso testigo que la denunciante, Policía y Fiscalía  prepararon en mi contra para condenarme por el resto de mis días.

Quien muerde una vez, lo hace siempre. Por eso llevaron a militares y especialistas del Estado, es decir, gente obligada a responder sin el más mínimo ánimo de cuestionar las órdenes, para dar cuerpo a versiones que siempre favorecieron a la Fiscalía. Por eso el tribunal mintió descaradamente y -sin el más mínimo disimulo- desechó a mis testigos sólidos, algunos de ellos sin ningún tipo de afecto hacia mí, pero que se arriesgaron por cumplir con su deber y con sus conciencias. Ese es el caso de la maestra de mi hijo, directora de la escuela y -detalle que hasta ahora no se había destacado- miembro del Partido Comunista, a quien la Delegada del Poder Popular fue a ver para presionarla porque “¿cómo era posible que defendiera a un contrarrevolucionario?”. En un gesto de dignidad que respeto, ella respondió que defendía al alumno, al niño, que era el mayor perjudicado, porque éste -mi hijo- le había confesado a ella que su mamá le pedía que dijera mentiras para denigrar mi imagen pública.

Otro testigo, gracias al grado de amistad que mantenía con la acusadora, daba fe de que mi ex le hizo saber en varias ocasiones “que estaba preparando un número ocho legal en contra del padre de su hijo”. Para ese entonces, mi ex y yo llevábamos más de dos años separados.

Hubo otra testigo con la cual solo tengo un saludo educado y cordial, pues visito una familia que vive en el fondo de su casa, y obligadamente debo estacionar el auto frente a la suya. Justo el día y a la hora en que mi ex dijo que me encontraba en su casa, al pasar por la vivienda de esta testigo, la oigo reprender con fuerza a su hijo y, sin poder contenerme, le pedí que no fuera tan violenta en la reprimenda, era un niño. Me explicó que había roto el parabrisas de un auto y el dueño le exigía 900 pesos. Entonces le dije, según recordó ella misma en la vista oral, que un parabrisas se podía sustituir cientos de veces, pero un hijo no. Ella, según relató ante el Tribunal, no se olvidó de aquel día porque gracias a mí no fue injusta con su hijo: luego se supo que no había sido su niño el culpable de la rotura de aquel parabrisas.

Hay otros dos testigos: un hermano de Logia, a quien necesitaba repasarle su examen para Maestro Masón que tendría en los próximos días, y su madre, quien nos preparó ese día el almuerzo.

Pues en resumen, el Tribunal decidió anularlos para que prevalecieran los testigos de la Fiscalía. Pero, además, lo hizo con mentiras evidentes, y contradicciones que pueden verse en la sentencia. Ante esa facilidad y agilidad con que el Tribunal encauzó todo en mi contra, me dejaron en total desamparo jurídico.

En cambio aceptaron a una testigo de oído y referencia, alguien que repite lo que su amiga le relató, una testigo que no estuvo presente en los supuestos hechos por los que se me acusó y aun así se valieron de su "testimonio". (Nota del editor: Según la Rae  Testigo: 1. com. Persona que da testimonio de algo, o lo atestigua. 2. com. Persona que presencia o adquiere directo y verdadero conocimiento de algo.)

Hasta hoy nadie ha respondido a mis preguntas:

¿Por qué el juicio tuvo lugar en la Sala Primera de la Seguridad del Estado, más exactamente en su sede especial para casos “relevantes” en Carmen y Juan Delgado, como le comunicaron a mi abogado?

¿Por qué mi sentencia me fue anunciada por el Oficial Camilo, de la Seguridad del Estado, un mes antes de que el Tribunal le diera a conocer?

No dudo que muchos no quieran ver lo evidente de mi caso amañado, y entiendo sus intereses. Y aunque no los comparto, respeto su total derecho a ser injustos.


¿Estado de derecho?

Algunos amigos también me han dicho que acuda a las leyes para acusar a quienes han mentido, pero eso sería otra ingenuidad. Amigos, hermanos, opinión pública internacional: no vivimos en un Estado de Derecho, esta es la Finca de Birán donde el capataz acata las órdenes del dueño. Vivimos en un feudo sin derechos donde lo único que protege es cumplir lo establecido por el Rey, sin cuestionar, porque si cuestionan, te envían a donde me encuentro hoy: tras las rejas.







Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima. Marzo de 2013



24 de marzo de 2013

Rafael Alcides acerca de la Novela Oficial contra Ángel Santiesteban

Les presento aquí el artículo que publicó en Penúltimos Días el escritor y poeta Rafael Alcides sobre la farsa judicial montada a Ángel Santiesteban con el único y escondido objetivo de silenciar su voz crítica y condenatoria sobre la dictadura castrista.

Pido a los lectores que lean este artículo sabiendo que Rafael se expresa por la vía irónica pero sin quitarle un ápice de verdad a lo que dice sobre Ángel, el horrible antihéroe en que pretenden convertirlo, el falso testigo y la manipulación judicial y de los personeros y los escribidores de la infamia que tan bien supo comprar el régimen para ejecutar y "legitimar" tan sucio objetivo.

La aclaración la creo necesaria por las múltiples reacciones que provocó su primer artículo sobre el tema y que ya se ocupó de aclarar él mismo en otro artículo y que con tan mala saña fue utilizado por las Escritoras de la Infamia nucleadas en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) para criminalizar a su colega (y amigo en muchos casos) y convertirlo en el ejemplo del hombre machista, abusador y violento al que solo deberían reconocer en el dictador Castro, sus esbirros y aquellos hombres que lamentablemente sí son violentos con las mujeres en Cuba y cada día persiguen y golpean brutalmente a las Damas de Blanco y a otras valientes y pacíficas opositoras a lo largo y ancho de toda la isla.

Resta decir que también existe -lamentablemente- un número grandísimo de hombres que practican la violencia doméstica y de género. Contra estos hombres entre los cuales se encuentran destacados integrantes de la nomenklatura, jamás la Justicia ha hecho nada; pareciera como si hubieran asumido que la violencia contra la mujer y el machismo son ingredientes del folclore nacional. 
El Editor

 

Acuse de recibo: Rafael Alcides vuelve sobre el “caso Santiesteban”





CONSIDERACIONES ELEMENTALES SOBRE EL CASO SANTIESTEBAN

Por Rafael Alcides

Un novelista que quisiera escribir la compleja y diversa novela que se insinúa detrás del abultado “caso Santiesteban”, podría empezarla por la presumible cara de susto que debieron de poner los pobrecitos magistrados que fallaron en dicho proceso al conocer los hechos que juzgarían. La saco por mi propio susto y por el que a todas luces, sobrepuestas ya por fortuna, llevó a las Damas de la UNEAC a manifestar su cólera. El laureado escritor Ángel Santiesteban, Premio UNEAC, Premio Juan Rulfo, Premio Casa de las Américas, y a quien en lo físico sólo le faltaría el caballo para parecer un todopoderoso vaquero de rodeo (El Novelista no podría no describir a su personaje), amenazó de muerte a su ex mujer, le pegó, la amarró para violarla con comodidad y le prendió fuego a la casa.

Yo, que al principio lo creí riña magnificada, discordia, desacuerdo de amantes de los que tan a menudo suelen alimentarse los grandes amores mientras duran (y al respecto escribí unas líneas de las que no me arrepiento), al conocer en detalle los hechos o supuestos hechos (El Novelista deberá investigarlos y tomar posición), me dije: este no es el Ángel que yo conozco. No lo es. Y buscándole explicación al indudable fallo de los magistrados, hasta se me ocurrió pensar en brujería. ¿No habría sido Ángel víctima de un bilongo, uno de esos “daños” de los que se ocupaban los hechiceros de la serranía de Guantánamo en los tiempos de mi niñez? También El Novelista se lo preguntaría, pero al dar con cierto video bajado de Internet acaso dejaría de buscar en el Más Allá.

Inquietado por las desconcertantes mutaciones en la conducta del protagonista del mencionado video y principal testigo de cargo de la ex esposa de Ángel Santiesteban, escudriñaría en el misterio de este hombre joven, apuesto, locuaz y buen expositor quien al parecer apiadado de sí mismo se desdice en el video de sus primeras declaraciones en la estación de policía contra Ángel. Arrepentimiento nada extraño, pensaría El Novelista, que ha leído a fondo a Dostoievski, pero que ahora lo llevaría a quedarse en blanco cuando sepa que a posteriori, en el acto del juicio, este mismo joven locuaz y generoso hasta la opulencia en los detalles que en la filmación parece estar borrando sentimientos de culpa que no lo dejaban dormir, de repente, así como cambiado de repente por un clon, como si un poder más grande que el de todos los brujos de mi infancia se hubiera puesto a pesar sobre su cabeza, volvió a ser el testigo fundamental de la parte acusadora, el enemigo de Ángel.

Tal vez imagine entonces El Novelista que bien pudo ser la piedad un protagonista de número en el Caso, y acaso no se equivoque. Como no es El Novelista persona que crea en la maldad a priori, tal vez disculpe a la ex de Ángel imaginándola una de esas almas poéticas que terminan creyéndose y jurando con la mano puesta en la candela lo que inventaran en uno de esos raptos en que cualquiera de nosotros, fantasioso o no, daríamos media vida por poder transformarnos en artefactos nucleares, lo cual explicaría el afán de la Ex por borrar a su Ex de la memoria de las personas bien nacidas. Pues si a algo se parece la vida es a las novelas radiales. No en vano en Cuba Félix B. Caignet ha sido a veces tan medicinal como la Virgen de la Caridad.

Vistas así las cosas, acaso se detenga El Novelista en el oficial policiaco que según el joven del video empezó a visitar a la Ex después de su denuncia en el precinto y con frecuencia empezó a quedarse a dormir en la casa. En ese caso, a lo mejor le diera al Novelista por crear una inoculación mutua entre ambos personajes. Ella le pasó los bacilos contra Ángel y él a ella los que cabría esperar en un policía que no nació mañana. Pero no compliquemos al Novelista. Supongamos que ha dejado al oficial oyendo a pie de obra los relatos de la acusadora sobre sus días infelices con Ángel, cuitas que tanto y de tal manera lo apiadaron que no pudo evitar contagiarle su piedad a los funcionarios encargados de incoar el sumario del caso, esta solución le permitiría al Novelista explicar la parte de piedad que parece haber decidido el fallo de los magistrados de la Audiencia, en primera instancia, y luego el de los del Supremo.
Investigando como era su deber, podría El Novelista —sabiéndose por su oficio psicólogo de su época, el historiador mejor documentado de su tiempo no obstante valerse de aparentes ficciones para representarlo—, podría estar para entonces al tanto de que cuando años atrás, el joven y laureado escritor Ángel Santiesteban empezó a pensar por su cuenta, fue asaltado por unos entusiastas desconocidos que le partieron un brazo con fines pedagógicos. Por lo que podría sospechar El Novelista, puesto a identificar a aquellos educadores de la cabilla envuelta en periódico tan frecuente en los mítines de repudio pero sin lograr confirmarlo, fueron remanentes sueltos, a la deriva, al garete (pero negados a desparecer) de los viejos días anteriores al caso Elián, cuando las Brigadas de Acción Rápida salieron con el fin de recuperar la calle —tarea que, en efecto, sobre cumplirían estos destacamentos con un saldo discreto pero suficiente de huesos zafados, dientes perdidos, ojos sangrantes y fulanos por aquí y por allá cojeando durante semanas y alguno —es inevitable— quién sabe si para toda la vida.
Al Novelista, no le gustarían estos métodos. A mí tampoco. Empero, antes de juzgarlos, debería El Novelista hablar con quienes los han practicado. Tampoco entonces los aceptaría, pero al menos comprendería a esas devotas personas. O han peleado, y a veces vertido su sangre en las numerosas guerras de ultramar libradas por el gobierno cubano en sus primeros treinta años en el poder o han elaborado con cuanto fue dicho o hecho por su gobierno una mística tan poderosa que no les cabría en la cabeza el que pueda existir alguien en la tierra, la mar o el cielo que no comparta la idea de sus dirigentes. Ni aun en el cielo. “Son herejes”, me decía uno de ellos una vez. Otro me dijo: “Yo los mataría a palos”, y otro que fuera muy católico, tal vez pensando en la caldera del infierno, con los ojos humedecidos y la pasión de un árabe que ha visto atacada su fe, me dijo hace veinte años apretándome una mano con fervor y mirándome fijo fijo en una mesa ante dos cervezas: “Yo sin ponerles un dedo encima los dejaría caer desde una azotea bien alta en una piscina llena de aceite hirviendo”. No había crueldad en el corazón de estos devotos sin embargo. Había amor, había lealtad y amor más allá de la muerte para el proyecto de gobierno que constituía la razón de su vida, sus médulas que han gloriosamente ardido por decirlo con el poeta.

En una declaración en Internet, el doctor Vallín, hombre de honor y prestigioso abogado, denuncia que en el juicio contra Santiesteban no se le permitió presentar testigos, alega que la defensa fue obstruida, menciona leyes que no fueron tenidas en cuenta por la sala. Si bien no las justificarían, las razones de los devotos gubernamentales expuestas en el párrafo anterior le permitirían al Novelista comprender las irregularidades observadas por el doctor Vallín. La piedad ya dicha de un lado, y del otro lo que para esos doctos varones de toga y birrete debió de representar el librepensador Ángel Santiésteban vivo aún, fue demasiado. Y fallaron.

Por supuesto —y El Novelista lo sabe—, esta mezcla de sentimentalismo y lealtad gubernamental que en nuestra Isla tiene razones para funcionar en el empleado del camión de la basura que ha visto a su hijo bajar de la universidad con un título de doctor, no convencería en el extranjero. No podría. Esa curiosa gente de Afuera ve las cosas de otro modo. Ellos todavía hablan de contrato social y cosas así. Es por eso por lo que desde el principio di en suponer —o mejor, di en creer, en estar seguro—, que el gobierno del General de Ejército Raúl Castro, velando por la buena imagen de su administración en este momento excepcional de su historia, le haría justicia al escritor Ángel Santiésteban. No permitirá que este caso, pensé (y espero que conmigo lo crea el hipotético Novelista), vaya a convertirse en otra cosa. Pues cualquier persona, por humilde que sea (o lo parezca) puede ser, empero, el comienzo o el fin de una época. Pensar en el desconocido aquel que en Sarajevo le salió al paso a un coche.

Por último (segundo final posible: a escoger), parecería decir El Novelista, oblicuo, sin que lo parezca, en su acostumbrado subtexto (y si no lo dijera él, lo estoy diciendo yo ahora para que no se me vuelva a malentender), por último, damas y caballeros, basta ya de repetir episodios, de dimensión distinta pero en esencia semejantes al de Cristo, Herodes y los fariseos de aquel tiempo.

En La Habana, a 19 de marzo del año 2013

Publicado por Penúltimos Días

22 de marzo de 2013

Diario en la cárcel IV. Cuba: Legalidad urgente

El cubano es culpable hasta que demuestre lo contrario. Así funciona la justicia en el archipiélago. Si sospechan te detienen, luego investigan, y si no encuentran elementos para procesarte, de todas formas te envían a la cárcel por el beneficio de la duda.

De esa manera pululan los acusados en las penitenciarias, sin una prueba que amerite tenerlos en prisión. Personas que claman ser inocentes pero no siempre pueden probarlo, por ende, hasta tanto, serán condenadas.


Las sentencias “por convicción”  que los jueces determinan según su olfato y percepción son las que deciden si son culpables o no.


También, desde hace décadas, a través de los Jefes de Sectores, se entregan los nombres de los que deben ir a prisión porque se considera que son elementos delictivos y pudieran cometer fechorías, pero en realidad no lo son, quizás ni lo hayan pensado.


Hay casos en que los Jefes de Sectores, algo así como los dueños de los destinos de los convivientes donde radiquen o sean ubicados, han enviado a la cárcel a hombres con bellas esposas y, con la intención de separarlos y hacerlas asequibles a sus propósitos morbosos, les inventan esa clasificación de “peligro”; en otras ocasiones lo hacen para presionar a una hermana que se resiste a ser su amante, o simplemente porque un enemigo le paga un precio acordado para que se lo aparte del camino y ampliar su negocio al suprimirle la competencia.


En ocasiones los han elegido para incluirlos en la lista negra por una mirada que les disgusta o porque su rostro no les agrada, u otra impresión según su carácter o complejos de su personalidad.


Una injusticia que provoca diariamente la llegada de decenas de jóvenes que nadie quiere, a los jóvenes cubanos.









Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima, marzo de 2013

15 de marzo de 2013

Ángel Santiesteban responde a Habana Times

En mi respuesta al comunicado “8 de marzo: tod@s contra la violencia”, campaña de solicitud de firmas contra la violencia de género que aprovechando el supuesto delito que se me imputa lanzaron desde La Habana Sandra Álvarez, Marilyn Bobes, Luisa Campuzano, Zaida Capote Cruz, Danae Diéguez, Laidi Fernández de Juan, Lirians Gordillo Piña y Helen Hernández Hormilla no sólo dije que era inocente.
He dicho mucho más a cuanto medio de expresión me ha dado la oportunidad de ser todo lo enfático y explícito que ameritan los hechos en los cuales se me implica. Pero sabiendo que quizás no bastaría con mí palabra, busqué ayuda además del contundente video que demuestra con absoluta claridad mi inocencia. Hice más: entrevisté en presencia de un testigo al primer oficial Instructor del caso. Este no se acordaba de mí, tuve que recordarle algunos datos y, luego que recordara, se sorprendió de que aquel archivado expediente se hubiera retomado, y que además se hubiera retomado a sus espaldas.
Le relaté los hechos y su reacción fue de total sorpresa. Le hablé sobre la versión de la denunciante acerca de una violación sexual y me dijo que la primera noche en que ella se presentó ya tenía el certificado médico. Él la envió con un policía al médico, pero el nuevo certificado no arrojó los daños que aparecían reflejados en el primer certificado que ella traía, y en cuanto a la violación, apenas ella lo insinuó, el Instructor le dijo que la llamarían a Medicina Legal y ella se negó. Fue entonces que la denunciante decidió cambiar la versión.
Mientras este primer Investigador estuvo fuera del caso para pasar un curso con el cual ascendería a teniente, otro oficial había retomado el expediente en mi contra y la denunciante volvió a relatar la supuesta violencia sexual y omitió decir que el primer Instructor le había informado sobre las pruebas de Medicina Legal y que ella se había negado y había cambiado su versión.
Cuando este oficial Instructor regresó a sus funciones y leyó en mí computadora la declaración que la denunciante había hecho ante el nuevo Instructor que había retomado el caso, montó en cólera y me pidió que lo presentara en el juicio como testigo de la defensa.
La denunciante ha mentido a diestra y siniestra en todo lo que no le conviene, ya no solo en mí contra, pues sus declaraciones entran en contradicción con lo que ella misma le declaró al primer Investigador.
Fue mi abogado quien decidió no presentar a este oficial como testigo de la defensa, pues lo creyó innecesario, ya que con los testigos y las pruebas que presentamos, y analizando los débiles pruebas de la Fiscalía, era evidente nuestra considerable ventaja.
Como se pudo comprobar en el acto oral y luego en la sentencia y recurso de casación, jamás mi condena ha dependido de pruebas y de un serio análisis jurídico. La cantidad de irregularidades y violaciones de los presupuestos policiales y jurídicos hace más que evidente la venganza del Gobierno.
Aún pudiera entender a los que viven dentro de la isla, puesto que no poseen los medios de informarse. Algunos los tienen, pero esos jamás dirán algo en contra del proceso, por las siempre temidas consecuencias; pero aquellos que viven en el exterior, que poseen la vía para informarse, y ver al flamante “testigo” de la Fiscalía relatando la verdad de todos los hechos: cómo fue sobornado, presionado para testificar en mi contra, tienen ahí una evidencia rotunda de lo que se esconde detrás de este proceso.
No pregunten por mí inocencia, véanla ustedes con sus propios ojos. Comunico un detalle: el testigo, después de verse filmado y cuando ya el video ha sido hecho público, fue visitado por la denunciante y acompañado por esta a la Unidad Policial para que me acusara de “amenaza” y volviera a mentir diciendo que el video había sido grabado bajo esa amenaza, por lo cual se me abre otra causa de “atentado”, ya que supuestamente yo había amenazado a un testigo de la Fiscalía. Pero gracias a la respuesta de los peritos policiales, se determinó que el video es original, no está editado ni manipulado y que el testigo no se encuentra amenazado. Le recomiendan entonces al Investigador profundizar en las declaraciones, lo que hace más evidente que valoraron que yo tenía la razón y el testigo era manipulado en sus declaraciones en mí contra.
No digo nada que no puedan ver en Internet. Hemos puesto allí muchas cosas para demostrar mi inocencia. Sin embargo, nadie tiene acceso a las acusaciones de la Fiscalía pues sería muy fácil entonces que cualquiera descubriera las irregularidades del proceso, las contradicciones de las declaraciones de la denunciante y del supuesto testigo.
A mí me defienden las pruebas. Por eso insisto: insto al Gobierno, que es el verdadero Fiscal en este proceso, que presente alguna prueba en mí contra que no sea mi letra inclinada. 

Ángel Santiesteban Prats
Prisión La Lima.
Guanabacoa. La Habana