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4 de febrero de 2013

#YoTambienEscriboInclinado La mala suerte de Ángel Santiesteban.


mala suerte


El escritor cubano Ángel Santiesteban —como casi nadie sabrá o ha querido enterarse— está condenado a cinco años de cárcel, sentencia que tendrá que cumplir, salvo que suceda un milagro y el gobierno de la isla lo indulte. Para conseguir la condena, Cuba ha construido una pantomima legal, tras la que se esconde la única causa de Ángel: intentar escribir como un hombre libre.
Pero en las dictaduras los esfuerzos por la libertad tienen su precio y siempre es el precio del castigo.
Ahora, sucede, que Ángel Santiesteban es un hombre con muy mala suerte. Sí, porque la inmensa mayoría de los que podríamos impedir —al menos hacer el esfuerzo— que fuera a la cárcel, estamos ocupados en seguir con nuestras vidas. Unos, en Cuba; otros acá en el exilio.
Sí. Los intelectuales cubanos, sin que importe la orilla del mundo que habitemos, esta vez como tantas otras, hemos metido la cabeza en el tierra y nuevamente en lugar de la boca al aire para gritar, volvemos a enseñar el culo. Y lo saben los dictadores: con el culo una banda de intelectuales, escritores, actores, artistas plásticos, profesores universitarios, cineastas, bibliotecarios —y la lista podría continuar— no puede defender la dignidad de un hombre, su derecho a escribir a favor o en contra de quien le plazca, a decir, allí donde esté eso que él estima su verdad, aunque sea falsa.
Pero así son las cosas. Aquellos que viven en la isla están pensando ahora mismo en cualquier silencio o abstracción, en lugar de en Ángel Santiesteban. Están pensando en ellos mismos generación a generación, dádiva a dádiva, complicidad a complicidad. Están pagando con ese silencio el valor exacto de su sumisión y el favor por poblar la penuria adornada en la que habitan. Si alguno se atreviera a levantar su voz —ya están todos advertidos de antemano— terminaría sumando su suerte a la de Ángel Santiesteban y la cárcel totalitaria suele tratar con especial violencia a los rebeldes.
Acá en el exilio las cosas no son diferentes.  El precio de sobrevivir pasa por el poco interés por la suerte de Ángel Santiesteban. Cada quien enarbola sus razones personales, el tamaño exacto de su abstinencia, la incredulidad ante las noticias que llegan leídas, de trasmano, por personas que se obstinan —para asombro de esa mayoría— en gritar contra el viento. Los más afortunados, aquellos que podrían azuzar a una opinión pública, que suele ser sorda con las injusticias a menos que el horror resume de los diarios, están demasiado interesados en no molestar a nadie con cuestiones ajenas, para ponerse al lado de un escritor que vive en Cuba, dicen, lamentablemente, que sin muchas influencias en el exterior y un gran talento.
Así que ya lo sabe Ángel Santiesteban, que no espere milagros, cada quien ahora  mismo —aquí y en la isla— está ocupado en su día de mañana, en lo que será de ellos este año, en lo que esperan que finalmente termine siendo su vida. 

Publicado por Ladislao Aguado