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11 de marzo de 2013

Elogio de la Decencia: intelectuales cubanos rechazan la farsa urdida contra Ángel Santiesteban


































 Por Amir Valle

Han sido muchos los escritores y artistas cubanos y extranjeros que, en los últimos meses, se han pronunciado en sus países de residencia o de origen contra el juicio político urdido en La Habana contra el escritor Ángel Santiesteban.
Como hemos dicho, se ha intentando disfrazar este matiz político detrás de una burda acusación de un supuesto delito común. Esa sucia estrategia de la dictadura no ha tenido ningún efecto, y con las pruebas en la mano de todas las irregularidades de este juicio amañado, hemos convencido a numerosas instituciones internacionales y a importantes figuras de la intelectualidad internacional para que se pronuencien contra esta injusticia que tiene un sólo objetivo: aplastar y acallar la voz del único escritor en la isla que cuenta con reconocimiento internacional como para que sus críticas contra el régimen cubano tengan un gran peso.
Conocedores de que esa batalla la tienen perdida, instituciones y creadores al servicio del gobierno, han cambiado de estrategia: ahora quieren aprovecharse de la desinformación que siempre existe en la isla, para engañar a los propios intelectuales y escritores y conminarlos a pronunciarse contra Ángel Santiesteban. Nuevamente, como en otros períodos de nuestra historia cultural, el arma empleada por los dictadores es dividirnos manipulando a su conveniencia las diferencias promocionales, personales y de otra índole existentes siempre en el mundo de las artes y la cultura, y teniendo a su favor el monopolio del control de la información que llega a la isla.
Este dossier recoge muchos de los escritos que han publicado prestigiosos intelectuales cubanos de la isla y el exilio sobre el sucio proceso y condena de cinco años que la supuestamente “imparcial” justicia socialista cubana preparó contra Ángel Santiesteban. Ofrece también los nombres de numerosos intelectuales cubanos y de todo el mundo que apoyan a Ángel.
Es un material que debe circular dentro de Cuba. A todo aquel que descargue este material, le pedimos que no lo guarde para su consumo: ¡hágalo circular entre sus contactos dentro de Cuba! Que llegue a todos esos escritores que necesitan conocer esta sucia maniobra contra un colega. Distribuir este material dentro de Cuba es un modo seguro de tapar una de las muchas grietas en ese muro de división que han levantado para dividirnos.


Descargue aquí:  Elogio de la decencia. Los escritores y artistas cubanos y el caso contra Ángel Santiesteban Prats

21 de febrero de 2013

El tren de las generaciones



Me sorprende el asombro que expresan algunos intelectuales de que esté atravesando un proceso jurídico amañado por la Seguridad del Estado, ¿acaso pensaron que decir las verdades en el rostro de la dictadura, además desde el interior de la isla, iba a pasar inadvertido? No creo que existan cubanos con tanta ingenuidad ni tampoco con tan mala memoria.
Recuerdo que esta realidad que ahora sufro me la hizo saber un extranjero que reside en Francia, estudioso de la literatura cubana, y también conocedor del proceso totalitario que persiste por más de cincuenta años en Cuba, y en los días que concebía el blog me advirtiera lo que ocurriría conmigo al comenzar a escribir los primeros post, ¿si estaba preparado a perderlo todo y a enfrentar la maquinaria mediática, demoledora física y mental que arremeterían en mi contra? Le respondí que sí, ya no soportaba más el silencio, continuar con la máscara.
Reconozco que para ese entonces no imaginé que llegaran a tales degradaciones, embustes y atropello. Uno siempre piensa que un Estado, por fascista que sea, tendrá el escrúpulo, o al menos, una manera más inteligente para hacerlo, y no de la forma burda con que han manejado la situación para desacreditarme. Jamás sospeché que podría serles tan importante, un enemigo vital como lo que han demostrado según su dedicación y riesgos, al punto de construir testigos falsos, que gracias a la suspicacia de una amiga, pudo entrevistar al más importante y filmarlo, y por suerte, todas aquellas acusaciones que llegaron a sumar los 54 años de cárcel como petición Fiscal, se cayeran al presentarles a su “testigo” relatando las presiones y sobornos que había recibido por parte de la denunciante (cómplice del gobierno) y de la policía (el testigo asegura la relación marital entre la denunciante y el Mayor Pablo, Jefe de los Jefes de Sectores del municipio Plaza), para que aceptara mentir en mi contra.
Por si fuera poco, ese mismo testigo asegura en el video que no hubo tal visita mía por encontrarse casualmente en las afueras de la vivienda de la denunciante, por ende, no existió de mi parte “violación de domicilio ni agresión”, y lo que resultaba el “flamante testigo” de la Fiscalía, pasó a ser una prueba contundente de mi abogado, y que el Tribunal desaprobara para beneficio de la propia Fiscalía, como fueron desaprobados los demás testigos que aseguraban mi inocencia y mi permanencia en otro lugar en el mismo momento donde la denunciante asegura que me encontraba. El tribunal desaprobó otro testigo, amigo de la denunciante, que aseguraba que como mínimo en dos ocasiones, antes que se efectuara la denuncia, ésta le confesó que me haría “un número 8 judicial”, y no escuchó sus ruegos de que no lo hiciera, que recordara que yo era el padre de su hijo. También el Tribunal desaprobó a la testigo maestra del menor y Directora de la escuela, en este caso de mi hijo, y que éste le revelara que su madre le pedía que falseara hechos denigrantes en contra de su padre.
¡Siempre me pregunto qué hubiera sucedido hoy si alguien, en este caso ese “testigo”, hubiera mentido, declarado que me encontraba en aquella vivienda y hube de cometer todos los horrores que me quisieron endosar! Entonces ahora mi realidad fuera otra, si me condenaron a cinco años sin pruebas, ¿a cuánto hubiera ascendido con los demás horrores que me endilgaban? En estos momentos yo fuera el hombre más solo de la dictadura, porque pocos creerían que un “Estado” fuera capaz de cometer semejantes vejámenes espurios contra un intelectual por el solo hecho de abrir un blog.

La soledad del intelectual en un Estado sin derechos.

Desde el principio me convirtieron en un marginado de la cultura cubana, ese fue el primer castigo, luego, en un intento de aislarme internacionalmente, cerraron el correo que el Ministerio de Cultura me había contratado y por el cual pagaba el alquiler, por usarlo para enviar los post al exterior, eso dijeron.
A los pocos días me golpearon y fracturaron el brazo. Muchos, como ahora con el proceso jurídico, se mostraron inseguros de creerlo, la policía política del país no trabaja así, dijeron, porque les conviene mostrarse inseguros, aceptarlo los llevaría a una realidad que no quieren asumir de ninguna manera. Por supuesto, cuando vieron la golpiza filmada que arremetieron bestialmente contra mi persona, entonces hicieron silencio. Por lo general solo opinan para esconderse detrás de la inseguridad y no correr riesgos, no quedar de un lado ni del otro, salvo cuando son convocados directamente y no les queda más remedio que mover la banderita ante el paneo de la cámara de televisión oficialista.
Desde hace tiempo aprendí a comprenderlos. El miedo los corroe. Nada puede sorprendernos de una generación que humillaron, castigaron, les hicieron las injusticias más increíbles, y siguen apoyando desde su miedo. ¿Qué solidaridad se puede esperar para los demás si no fueron capaces de ejercerla con ellos mismos y exigir, ni siquiera tenue, sus derechos?, y resistieron las degradaciones y pidieron perdón sabiendo que no cometieron pecado para merecerlo, si no lo es escribir con el alma la realidad que los circundaba o ser homosexuales. Y esperaron años, décadas, a que el Gran Dios de la revolución les hiciera falta para cubrir su imagen, y les brindara espacio cultural, televisivo y hasta puestos de funcionarios.
La duda de esos intelectuales es la capa de miedo que los cubre. No tuvieron voces para ellos ni para los artistas de generación que fueron castigados, vilipendiados, profanados. El silencio siempre ha sido su vocación. Esperar lo contrario, máxime ahora que son una generación anciana, sería una ingenuidad. Así nacieron, así sobrevivieron, y así morirán.

La generación del espejo

En ese espejo, les siguió una generación que comenzó a imitar el estilo de sobrevivencia que les antecedía. Hicieron silencio porque alcanzaron a ver a los castigados, les contaron las atrocidades cometidas contra ellos. También consiguieron a recibir castigo y silencios culturales. Vieron partir al exilio a gran parte de su generación. Y callaron, esa fue la mejor lección aprendida. Con los líderes no se juega porque entonces les enseñaban los famosos “instrumentos” que tanto les hablaron. Hicieron una obra a medio tono, para que no exaltara las molestias del Estado. Ellos comenzaron el cinismo, intentar pasar inadvertido, escribir sin levantar ronchas y sobrevivir.

La generación de los novísimos.

Así nos llamaron, y fuimos los primeros en mostrar rebeldía, irreverencia, porque sabíamos que más importante que nosotros mismos era la obra, el arte, y nada podía llevarnos al estatus de las generaciones que nos antecedieron y que nos mostraban sus desdichas como trofeos. Todos fuimos perseguidos, golpeados, castigados, gran parte detenidos, interrogados, maltratados, asustados.
De esa generación que encontré en aquel Seminario de Narrativa en el Centro Alejo Carpentier a mediados de los años ochenta, si mal no recuerdo, soy el único que se mantiene en el país con el oficio de escritor. Todos decidieron partir y llevarse consigo las heridas y cicatrices que la policía cultural y política les había propinado por esa insistencia de hacer una literatura honesta.
El hecho de dar la espalda a su país y a la familia, era una respuesta tácita a que no soportarían los designios políticos ni las injusticias cometidas por décadas. Partieron para salvar sus vidas y su obra. Y ahora sus voces redimidas, en su mayoría, desde sus espacios de total libertad, claman justicias históricas y un proceso democrático para el país.
Otros intelectuales de generaciones que nos siguen han comenzado a levantar sus voces de solidaridad, arriesgando conscientes los que puede acarrear sus actitudes y los posibles castigos que recibirán por ello.
Pero a veces la voluntad del corazón puede más que la fuerza del bolsillo y del bienestar físico. Y eso lo desconocen la gran mayoría que albergan en su pecho, como inquilino permanente, el desbastador terror que les sembraron.
Jamás le pediría a ningún intelectual que clame por mí. Eso es de una naturaleza que se necesita hacerlo o sientes que mueres. Algunos se han adaptado a estar muertos.
Pues que en gloria estén, si sus conciencias se los permite. 


Ángel Santiesteban-Prats 

20 de febrero de 2013

Confesiones de un novelista por sus Ángeles desamparados

Rafael Vilches Proenza/ Foto: Luis Felipe Rojas
 
 
 
 
Confesiones de un novelista por sus Ángeles desamparados,
a favor del escritor y hermano Ángel Santiesteban.


Por Rafael Vilches Proenza.

Les basta ser, y esto es inexpresable.
Pero nosotros tenemos miedo, y no solo en la oscuridad
sino que en la luz fecunda.
V. Holan





Fueron años difíciles los que escogí para escribir la novela Ángeles desamparados, libro que escribiera entre Santa Clara y Vado del Yeso y que terminara en 1996 en mi casa en Chichacoja, a un costado de Vado del Yeso.
El culpable de la aventura, o del viaje hacia la novela fue ese entrañable ser que es y seguirá siendo para todos sus amigos, por siempre Guillermo Vidal.
Había leído 2 o 3 cuartillas de algo que yo llamaba cuento en un Encuentro de Talleres Literarios en Bayamo a principio de los 90, donde el Guille había sido jurado hacía un momento. Por supuesto que no me dieron ni mención.
Zoelia Frómeta me permitió que acompañara al Guille a almorzar en el entonces Hotel Central, ahora Escuela de Artes Plásticas. Ahí, con dos lacones de por medio, él me pidió que le hablara del cuento, y yo lo hice, le narré una historia y el muy cabrón se atrevió a decirme: “Vilches, ahí tienes una novela, una cabrona novela, hermano”. Y yo entre pasmado e incrédulo le dije “no jodas, que novela ni novela, si son dos míseras cuartillas, solo escritas para participar en el encuentro debate y estar junto a ustedes compartiendo estos momentos”. “Sí”, -dijo- “te lo voy a demostrar”. Y seguimos almorzándonos aquellos dos lacones, que para el período especial por el que estábamos pasando casi todos los habitantes de la isla (o sea, los cubanos de a pie que se ha pasado la vida entera en período especial, que no significa nada bueno ni glorioso, todo lo contrario y por más que luchamos no logramos salir de él) era y sigue siendo un suculento manjar.
Más tarde, en el parque Carlos Manuel de Céspedes, me dijo: escucha, y sacó un libro del peruano Jaime Baily, que yo no sabía quién rayos era en ese momento:  No se lo digas a nadie y me leyó un fragmento, solo un fragmento de la novela, “mira, la novela que vas a escribir deberá estar por ese tono o por esa cuerda, recuérdalo”, - me dijo- “no lo olvides”. Y me leyó las palabras de contracubierta del libro, escritas nada más y nada menos que por Mario Vargas Llosa, a un escritor entonces muy joven y de mi generación. Y ahí comenzó el maldito-bendito viaje hacia una novela que me ha dado muchas alegrías.
Años después, mi amigo y hermano el poeta Omar Parada me prestó dos libros de Jaime, y siguió siendo el mismo escritor fabuloso que un mediodía bayamés me descubriera en su voz Guillermo Vidal mientras esperábamos por la aparición de Zoelia Frómeta en esa preciosa ciudad que sigue siendo Bayamo.
Solo bastaron unos pocos años para que el Guille leyera mi novela y me diera un fuerte abrazo en la plaza cultural de Las Tunas, y otros consejos para que la culminara. Novela que me mereciera la amistad de Mariela Varona, que se la leyó en su original que le fue pasado por Michael Hernández Miranda, que sabe otra historia alrededor de la novela y un premio, pero como es una historia fea, no la cuento, porque no pretendo mencionar nombres. Novela por la cual Martha María Montejo dejó de hacer su programa de las medianoches bayamesas en vivo, y tuvo que hacerlo desde entonces grabado y supervisado, por permitirme leer varios fragmentos de mi entonces novela inédita y al otro día la querían incinerar, degollarla viva, el gobierno, el partido y la dirección de la radio en pleno; pero esa noche estuvimos hasta bien entrada la madrugada compartiendo y recibiendo llamadas de los oyentes que querían comprar la novela, pero aún no se había publicado en ninguna parte. Novela de la cual escribieron Manuel Navea y Carlos Manuel Pérez mucho antes de su primera publicación que solo contó con 600 ejemplares que desaparecieron ese mismo año de las librerías. Novela de la que se volvió un ferviente promotor y prestamista, hasta que no le devolvieron su ejemplar dedicado, mi hermano Luis Felipe Rojas Rosabal, a quien donde quiera que se encuentre vaya mi eterno agradecimiento. Novela que escribí en los años que más recio fue El Periodo Especial, en una casa de tablas y de pencas de guano que se mojaba por todas partes, y que el agua de lluvia permanecía por varias semanas dentro de la casa. Casa en que yo me levantaba temprano todos los días en un verano terrible y desolador y escribía como un loco hasta las 3 o las 4 de la tarde sin parar en mi pequeña máquina de escribir Erika, y mi vecina Ana me traía por la ventana, donde yo estaba apostado, un plato con harina, huevo frito, con manteca de puerco, cuando no había nada más que comer y Betsy se encontraba de vacaciones en Santa Clara con nuestro pequeño hijo. Y no hay en esta novela la más mínima alusión a esos años duros, cuando miraba en el lodo las lombrices gordas y coloradas retorcerse. El hambre de todos los días. Ese vivir a tope sin saber cómo sería el próximo día. No me pasó por la cabeza jugar con el dolor de todos, ya bastaba con las miserias que sufrían y siguen sufriendo mis personajes en la novela.
Hace pocos días cuando fui a felicitar a Mariela Varona por haber terminado de escribir su primera novela, se lo comentaba a su esposo el historiador y amigo Ramón Legón y me dijo muy categórico, “eso fue lo mejor que le pudo pasar a la novela, si no la hubieras envenenado con historias circunstanciales que serán para otra historia o para ninguna”.
Cuando en 2002 la novela se presentó en la Feria Internacional del Libro de La Habana, ahí en el público estaban mientras la presentaba Eduardo Heras León, Guillermo Vidal, Amir Valle, Alberto Garrido, Reinaldo García Blanco, Luis Felipe Rojas, Michael Hernández Miranda, Francisco López Sacha, Bladimir Zamora, Lucy Araujo, entre otros amigos que ahora la memoria no los retiene porque la Sala Lezama Lima estaba llena; ahí también me acompañaba Ángel Santiesteban, que entonces para todos era un gran escritor, y que ahora aunque lo siga siendo se debe encontrar en el infierno, como puede ser para cualquiera que cae en desgracia y por el que estoy pidiendo sin miedo ninguno, porque hoy es él, mañana puede ser cualquiera de nosotros…, ya lo sufrí una vez, y quién levantó la voz por mí o por Manuel García Verdecia: unos pocos, y quién se disculpó con nosotros. Ahora paso por un mal momento del que no hablo, porque las personas involucradas son de mi querencia, y ya una vez traté de aclarar una injusticia, y todo se enredó más, así que ahora no pretendo aclarar nada, y que la vida siga.
Ángel como mismo estuviste aquella mañana en la presentación de mis Ángeles desamparados, y has estado todos estos años de amistad junto a mis martirios y momentos felices, la última vez que nos vimos no fue en la casa de María Antonia, pero si en la casa de unos amigos y hablamos mucho. Ahora levanto la mano para que se haga justicia y sé a lo que me expongo.
Agradezco a todos los que se leyeron mi novela y me dieron sus opiniones valederas y sinceras, a Edgardo Higinio Fonseca que en su momento quiso que yo la reescribiera, a Héctor García Quintana que cuando la estaba editando para la editorial española El Barco Ebrio me hizo releer la novela con mucha calma porque le parecía que le faltaban fragmentos completos, a Yoenia Gallardo que leyó la primera impresión, a Yulia Carrazana que al mecacopiar la novela se comió algún pedazo y fue la culpable de esta reescritura, a Eliécer Almaguer que me obligó a reescribirla en su totalidad sentado a mi lado como un editor quisquilloso y como el amigo y hermano que es. Y nuevamente a La Editorial el Barco Ebrio por confiar en mí y publicarla. Gracias amigos.
Soy una voz que se suma a otras voces por la causa del escritor y amigo Ángel Santiesteban, sabiendo las consecuencias. Libertad para Ángel Santiesteban. ¿Dónde están los que se decían sus amigos? ¿Dónde están los que me decían que era él el mejor narrador de Cuba?
Todos tenemos miedo. Pero hay otra cosa peor que el miedo. Las miserias humanas.

P.D: Juventina Soler me hizo caer en la cuenta que quien presentó mi libro en La Habana fue Guillermo Vidal.

14 de febrero de 2013

Club de Escritores de Cuba y un error involuntario

El Club de Escritores de Cuba publica nota aclaratoria disculpándose por el error de haber incluido "... el nombre de Raúl Antonio Capote, un demócrata improbable, y confeso agente de la policía política que lo es también del pensamiento cívico. Ello disparó las alarmas cubanas, incluyendo las nuestras, y nos llevó con urgencia a revisar el error y las causas, a todas luces involuntarias, de una pifia que esperamos que el tiempo, y el buen corazón (…) sepan disipar”.






9 de febrero de 2013

Una lanza por Ángel


El novelista Daniel Morales lee fragmentos de su obraFoto: LuisFelipeRojas
El novelista Daniel Morales lee fragmentos de su obra
Foto: LuisFelipeRojas



El desierto literario con el que comparabana Miami hace unos años va quedando atrás. La noche del viernes ocho de febrero sumó al espacio La otra esquina de las palabras al novelista Daniel Morales, esta vez trajo la novela La casa del sol naciente (Homagno 2011). Entre fragmentos de su prosa minimalista y los guiños a un país fantasma que todos asocian con Cuba pudimos descubrir a un narrador con la fuerza capaz de decir verdades, entrar en los predios de la imaginación y crearnos un mundo de realidades que nos perteneces por haberlas vivido o haberlas perdido para siempre entre el exilio, la desilusión y la muerte de la esperanza. La casa… busca su caldo de cultivo en aquellos atroces años ’70 u ’80, la marginalidad y la represión institucionalizada contra todo lo que oliera a ‘extranjerizante’. Es un cuerpo narrativo bien logrado y solo con esa paciencia de Daniel se puede llegar tan lejos… y tan bien.

La otra esquina de las palabras es regalo que nos ha hecho el poeta Joaquín Gálvez para los amantes de los libros y la bohemia miamense. Ubicado en el patio del Café Demetrio, Joaquín especificó que la noche estaba dedicada al narrador Ángel Santiesteban, quien en Cuba pasa por el terror de la espada de Damocles sobre su cabeza. Cualquier tarde se aparece un hombrecito vestido de azul para pedirle amablemente que le acompañe a los calabozos para que extinga su sanción de cinco años. ¿La razón? Ante la falta de pruebas, la retirada de los cargos por su ex esposa acusadora y el testimonio del testigo falseado ante las cámaras, una perito policial decidió que la manera de Ángel escribir inclinado develaba que estaba mintiendo. La noche del ocho de febrero las palabras encendidas de Idabel Rosales, la presencia de la hermana de Santiesteban y sus amigos hicieron de la solidaridad un acto humano. Los resultados de la venta del libro han sido enviados a Ángel y algo más se hará, han dicho sus más cercanos.

Hace un par de años cuando esta odisea comenzó una excelente narradora cubana me dijo algo parecido: ‘Dicen que Ángel está en candela´, por entonces solo eran rumores. Hora que el fuego ha subido y quema no solo su casa sino la de todos los que nos creemos sus amigos, hace falta que se levante dentro las voces de los que le acompañaron a los saraos literarios, a los proyectos de buscar narradores jóvenes y los que se creyeron que podían constituir una república letrada donde cupieran todos: los que aplauden sin preguntar y los inquietos, esos que ya conforman una larga lista negra.


De izq a derecha Aimara Perez, la hermana de Angel Santiesteban y la promotora Idabel RosalesFoto: LuisFelipeRojas
De izq a derecha Aimara Perez, la hermana de Angel Santiesteban
y la promotora Idabel Rosales
Foto: LuisFelipeRojas

Joaquin Galvez presenta al invitadoFoto: LuisFelipeRojas
Joaquin Galvez presenta al invitado
Foto: LuisFelipeRojas

Publicado por Cruzar las alambradas

Dichosos los que tenemos amigos II

Querida Regina,
tenerte a tí y a Alcides de mi lado es un lujo que pocos mortales pueden poseer. Ustedes son un tesoro de amistad que guardo con celo. Gracias por pedir justicia, solo pido eso, con eso me basta para continuar libre; pero el Tribunal responde por la boca de la Seguridad del Estado. Aquí -como bien sabes- la gran mayoría obedece porque si no los echan del cargo. 
Gracias por esta prueba de amistad. Sé que agradecer a veces molesta, pero esta es la forma más diáfana que encuentro para decirte que los quiero también.

Ángel 

 

Anécdota y Petición

Soy parcial. Ángel Santiesteban es mi amigo.  Desde hace más de veinte años cuando se hizo famoso en el encuentro nacional de talleres literarios que se celebraba en la playa de Bailén en Pinar del Río, no por sus virtudes literarias, validadas luego por premios hasta de Casa de las Américas, no.  Santiesteban era un joven desconocido que se sentaba al fondo en los debates sin intervenir.  Presidía aquel taller de narrativa un escritor bastante mayor que Santiesteban –y que la mayoría de los que estaban allí– engreído y pesao.  No mencionaré el nombre, porque lo que viene al caso es la anécdota polisémica invaluable.  El no-dicho escritor martillaba a los talleristas con sus traducciones, publicaciones y premios, para apuntalar la frase que lo perdió: –Porque a mí sí hay que mamármela.
Parecía haber dejado en claro para sus jóvenes aprendices quién era quién en la jerarquía literaria, cuando desde el fondo, surgió una voz nada afectada y perfectamente audible: –Prefiero mamártela antes que leerte.
El no-mencionado sintió la necesidad de lavar con bronca la afrenta, y a pesar de ser atacado por la espalda, Santiesteban le propinó un trompón que dejó su impronta en la cara del otro.
Nunca nos vemos visto con asiduidad a lo largo de estos años, pero siempre con cariño.  Y ahora asisto consternada a la posibilidad de que mi amigo cumpla cinco años de privación de libertad luego de un proceso lleno de irregularidades.
Mi petición a todos los de buena voluntad, pero sobre todo a sus colegas: Aboguemos porque se establezca la verdad, no olvidemos nunca los versos de Martin Niemöeller, y cuando vengan por nosotros, no quede nadie para protestar.

Publicado en Malaletra

8 de febrero de 2013

Dichosos los que tenemos amigos

Amir, oye, estaba recordando a muchos intelectuales que respetamos y quisimos y que en muchas ocaciones fueron a mi casa para conversar sobre las entrevistas que tú me hacías porque ellos aseguraban que tú me ibas a traicionar cuando la Seguridad del Estado arremetiera contra mí.
Hoy he llegado a la conclusión -una vez más- que los que me traicionaron fueron ellos. Tú siempre has estado a mi lado como un verdadero hermano. Un abrazo.
Ángel.





Ángel Santiesteban: De Mariposa a Gusano
Amir Valle

Aquí las secuencias del video editadas para quienes no pueden acceder a verlo.