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11 de marzo de 2013
Elogio de la Decencia: intelectuales cubanos rechazan la farsa urdida contra Ángel Santiesteban
Por Amir Valle
Han sido muchos los escritores y artistas cubanos y extranjeros que, en los últimos meses, se han pronunciado en sus países de residencia o de origen contra el juicio político urdido en La Habana contra el escritor Ángel Santiesteban.
Como hemos dicho, se ha intentando disfrazar este matiz político detrás de una burda acusación de un supuesto delito común. Esa sucia estrategia de la dictadura no ha tenido ningún efecto, y con las pruebas en la mano de todas las irregularidades de este juicio amañado, hemos convencido a numerosas instituciones internacionales y a importantes figuras de la intelectualidad internacional para que se pronuencien contra esta injusticia que tiene un sólo objetivo: aplastar y acallar la voz del único escritor en la isla que cuenta con reconocimiento internacional como para que sus críticas contra el régimen cubano tengan un gran peso.
Conocedores de que esa batalla la tienen perdida, instituciones y creadores al servicio del gobierno, han cambiado de estrategia: ahora quieren aprovecharse de la desinformación que siempre existe en la isla, para engañar a los propios intelectuales y escritores y conminarlos a pronunciarse contra Ángel Santiesteban. Nuevamente, como en otros períodos de nuestra historia cultural, el arma empleada por los dictadores es dividirnos manipulando a su conveniencia las diferencias promocionales, personales y de otra índole existentes siempre en el mundo de las artes y la cultura, y teniendo a su favor el monopolio del control de la información que llega a la isla.
Este dossier recoge muchos de los escritos que han publicado prestigiosos intelectuales cubanos de la isla y el exilio sobre el sucio proceso y condena de cinco años que la supuestamente “imparcial” justicia socialista cubana preparó contra Ángel Santiesteban. Ofrece también los nombres de numerosos intelectuales cubanos y de todo el mundo que apoyan a Ángel.
Es un material que debe circular dentro de Cuba. A todo aquel que descargue este material, le pedimos que no lo guarde para su consumo: ¡hágalo circular entre sus contactos dentro de Cuba! Que llegue a todos esos escritores que necesitan conocer esta sucia maniobra contra un colega. Distribuir este material dentro de Cuba es un modo seguro de tapar una de las muchas grietas en ese muro de división que han levantado para dividirnos.
Descargue aquí: Elogio de la decencia. Los escritores y artistas cubanos y el caso contra Ángel Santiesteban Prats
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21 de febrero de 2013
El tren de las generaciones
Me
sorprende el asombro que expresan algunos intelectuales de que esté
atravesando un proceso jurídico amañado por la Seguridad del
Estado, ¿acaso pensaron que decir las verdades en el rostro de la
dictadura, además desde el interior de la isla, iba a pasar
inadvertido? No creo que existan cubanos con tanta ingenuidad ni
tampoco con tan mala memoria.
Recuerdo
que esta realidad que ahora sufro me la hizo saber un extranjero que
reside en Francia, estudioso de la literatura cubana, y también
conocedor del proceso totalitario que persiste por más de cincuenta
años en Cuba, y en los días que concebía el blog me advirtiera lo
que ocurriría conmigo al comenzar a escribir los primeros post, ¿si
estaba preparado a perderlo todo y a enfrentar la maquinaria
mediática, demoledora física y mental que arremeterían en mi
contra? Le respondí que sí, ya no soportaba más el silencio,
continuar con la máscara.
Reconozco
que para ese entonces no imaginé que llegaran a tales degradaciones,
embustes y atropello. Uno siempre piensa que un Estado, por fascista
que sea, tendrá el escrúpulo, o al menos, una manera más
inteligente para hacerlo, y no de la forma burda con que han manejado
la situación para desacreditarme. Jamás sospeché que podría
serles tan importante, un enemigo vital como lo que han demostrado
según su dedicación y riesgos, al punto de construir testigos
falsos, que gracias a la suspicacia de una amiga, pudo entrevistar al
más importante y filmarlo, y por suerte, todas aquellas acusaciones
que llegaron a sumar los 54 años de cárcel como petición Fiscal,
se cayeran al presentarles a su “testigo” relatando las presiones
y sobornos que había recibido por parte de la denunciante (cómplice
del gobierno) y de la policía (el testigo asegura la relación
marital entre la denunciante y el Mayor Pablo, Jefe de los Jefes de
Sectores del municipio Plaza), para que aceptara mentir en mi contra.
Por
si fuera poco, ese mismo testigo asegura en el video que no hubo tal
visita mía por encontrarse casualmente en las afueras de la vivienda
de la denunciante, por ende, no existió de mi parte “violación de
domicilio ni agresión”, y lo que resultaba el “flamante testigo”
de la Fiscalía, pasó a ser una prueba contundente de mi abogado, y
que el Tribunal desaprobara para beneficio de la propia Fiscalía,
como fueron desaprobados los demás testigos que aseguraban mi
inocencia y mi permanencia en otro lugar en el mismo momento donde la
denunciante asegura que me encontraba. El tribunal desaprobó otro
testigo, amigo de la denunciante, que aseguraba que como mínimo en
dos ocasiones, antes que se efectuara la denuncia, ésta le confesó
que me haría “un número 8 judicial”, y no escuchó sus ruegos
de que no lo hiciera, que recordara que yo era el padre de su hijo.
También el Tribunal desaprobó a la testigo maestra del menor y
Directora de la escuela, en este caso de mi hijo, y que éste le
revelara que su madre le pedía que falseara hechos denigrantes en
contra de su padre.
¡Siempre
me pregunto qué hubiera sucedido hoy si alguien, en este caso ese
“testigo”, hubiera mentido, declarado que me encontraba en
aquella vivienda y hube de cometer todos los horrores que me
quisieron endosar! Entonces ahora mi realidad fuera otra, si me
condenaron a cinco años sin pruebas, ¿a cuánto hubiera ascendido
con los demás horrores que me endilgaban? En estos momentos yo fuera
el hombre más solo de la dictadura, porque pocos creerían que un
“Estado” fuera capaz de cometer semejantes vejámenes espurios
contra un intelectual por el solo hecho de abrir un blog.
La
soledad del intelectual en un Estado sin derechos.
Desde
el principio me convirtieron en un marginado de la cultura cubana,
ese fue el primer castigo, luego, en un intento de aislarme
internacionalmente, cerraron el correo que el Ministerio de Cultura
me había contratado y por el cual pagaba el alquiler, por usarlo
para enviar los post al exterior, eso dijeron.
A
los pocos días me golpearon y fracturaron el brazo. Muchos, como
ahora con el proceso jurídico, se mostraron inseguros de creerlo, la
policía política del país no trabaja así, dijeron, porque les
conviene mostrarse inseguros, aceptarlo los llevaría a una realidad
que no quieren asumir de ninguna manera. Por supuesto, cuando vieron
la golpiza filmada que arremetieron bestialmente contra mi persona,
entonces hicieron silencio. Por lo general solo opinan para
esconderse detrás de la inseguridad y no correr riesgos, no quedar
de un lado ni del otro, salvo cuando son convocados directamente y no
les queda más remedio que mover la banderita ante el paneo de la
cámara de televisión oficialista.
Desde
hace tiempo aprendí a comprenderlos. El miedo los corroe. Nada puede
sorprendernos de una generación que humillaron, castigaron, les
hicieron las injusticias más increíbles, y siguen apoyando desde su
miedo. ¿Qué solidaridad se puede esperar para los demás si no
fueron capaces de ejercerla con ellos mismos y exigir, ni siquiera
tenue, sus derechos?, y resistieron las degradaciones y pidieron
perdón sabiendo que no cometieron pecado para merecerlo, si no lo es
escribir con el alma la realidad que los circundaba o ser
homosexuales. Y esperaron años, décadas, a que el Gran Dios de la
revolución les hiciera falta para cubrir su imagen, y les brindara
espacio cultural, televisivo y hasta puestos de funcionarios.
La
duda de esos intelectuales es la capa de miedo que los cubre. No
tuvieron voces para ellos ni para los artistas de generación que
fueron castigados, vilipendiados, profanados. El silencio siempre ha
sido su vocación. Esperar lo contrario, máxime ahora que son una
generación anciana, sería una ingenuidad. Así nacieron, así
sobrevivieron, y así morirán.
La
generación del espejo
En
ese espejo, les siguió una generación que comenzó a imitar el
estilo de sobrevivencia que les antecedía. Hicieron silencio porque
alcanzaron a ver a los castigados, les contaron las atrocidades
cometidas contra ellos. También consiguieron a recibir castigo y
silencios culturales. Vieron partir al exilio a gran parte de su
generación. Y callaron, esa fue la mejor lección aprendida. Con los
líderes no se juega porque entonces les enseñaban los famosos
“instrumentos” que tanto les hablaron. Hicieron una obra a medio
tono, para que no exaltara las molestias del Estado. Ellos comenzaron
el cinismo, intentar pasar inadvertido, escribir sin levantar ronchas
y sobrevivir.
La
generación de los novísimos.
Así nos llamaron, y
fuimos los primeros en mostrar rebeldía, irreverencia, porque
sabíamos que más importante que nosotros mismos era la obra, el
arte, y nada podía llevarnos al estatus de las generaciones que nos
antecedieron y que nos mostraban sus desdichas como trofeos. Todos
fuimos perseguidos, golpeados, castigados, gran parte detenidos,
interrogados, maltratados, asustados.
De
esa generación que encontré en aquel Seminario de Narrativa en el
Centro Alejo Carpentier a mediados de los años ochenta, si mal no
recuerdo, soy el único que se mantiene en el país con el oficio de
escritor. Todos decidieron partir y llevarse consigo las heridas y
cicatrices que la policía cultural y política les había propinado
por esa insistencia de hacer una literatura honesta.
El
hecho de dar la espalda a su país y a la familia, era una respuesta
tácita a que no soportarían los designios políticos ni las
injusticias cometidas por décadas. Partieron para salvar sus vidas y
su obra. Y ahora sus voces redimidas, en su mayoría, desde sus
espacios de total libertad, claman justicias históricas y un proceso
democrático para el país.
Otros
intelectuales de generaciones que nos siguen han comenzado a levantar
sus voces de solidaridad, arriesgando conscientes los que puede
acarrear sus actitudes y los posibles castigos que recibirán por
ello.
Pero
a veces la voluntad del corazón puede más que la fuerza del
bolsillo y del bienestar físico. Y eso lo desconocen la gran mayoría
que albergan en su pecho, como inquilino permanente, el desbastador
terror que les sembraron.
Jamás
le pediría a ningún intelectual que clame por mí. Eso es de una
naturaleza que se necesita hacerlo o sientes que mueres. Algunos se
han adaptado a estar muertos.
Pues
que en gloria estén, si sus conciencias se los permite.
Ángel Santiesteban-Prats
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20 de febrero de 2013
Confesiones de un novelista por sus Ángeles desamparados
| Rafael Vilches Proenza/ Foto: Luis Felipe Rojas |
Confesiones
de un novelista por sus Ángeles
desamparados,
a
favor del escritor y hermano Ángel Santiesteban.
Por Rafael Vilches Proenza.
Les basta ser, y esto es inexpresable.
Pero nosotros tenemos miedo, y no solo en la oscuridad
sino que en la luz fecunda.
V. Holan
Por Rafael Vilches Proenza.
Les basta ser, y esto es inexpresable.
Pero nosotros tenemos miedo, y no solo en la oscuridad
sino que en la luz fecunda.
V. Holan
Fueron años difíciles los que escogí para escribir la novela Ángeles desamparados, libro que escribiera entre Santa Clara y Vado del Yeso y que terminara en 1996 en mi casa en Chichacoja, a un costado de Vado del Yeso.
El culpable de la aventura, o
del viaje hacia la novela fue ese entrañable ser que es y seguirá siendo para
todos sus amigos, por siempre Guillermo Vidal.
Había leído 2 o 3 cuartillas de
algo que yo llamaba cuento en un Encuentro de Talleres Literarios en Bayamo a principio
de los 90, donde el Guille había sido jurado hacía un momento. Por supuesto que
no me dieron ni mención.
Zoelia Frómeta me permitió que acompañara al Guille a almorzar en el entonces Hotel Central, ahora Escuela de Artes Plásticas. Ahí, con dos lacones de por medio, él me pidió que le hablara del cuento, y yo lo hice, le narré una historia y el muy cabrón se atrevió a decirme: “Vilches, ahí tienes una novela, una cabrona novela, hermano”. Y yo entre pasmado e incrédulo le dije “no jodas, que novela ni novela, si son dos míseras cuartillas, solo escritas para participar en el encuentro debate y estar junto a ustedes compartiendo estos momentos”. “Sí”, -dijo- “te lo voy a demostrar”. Y seguimos almorzándonos aquellos dos lacones, que para el período especial por el que estábamos pasando casi todos los habitantes de la isla (o sea, los cubanos de a pie que se ha pasado la vida entera en período especial, que no significa nada bueno ni glorioso, todo lo contrario y por más que luchamos no logramos salir de él) era y sigue siendo un suculento manjar.
Zoelia Frómeta me permitió que acompañara al Guille a almorzar en el entonces Hotel Central, ahora Escuela de Artes Plásticas. Ahí, con dos lacones de por medio, él me pidió que le hablara del cuento, y yo lo hice, le narré una historia y el muy cabrón se atrevió a decirme: “Vilches, ahí tienes una novela, una cabrona novela, hermano”. Y yo entre pasmado e incrédulo le dije “no jodas, que novela ni novela, si son dos míseras cuartillas, solo escritas para participar en el encuentro debate y estar junto a ustedes compartiendo estos momentos”. “Sí”, -dijo- “te lo voy a demostrar”. Y seguimos almorzándonos aquellos dos lacones, que para el período especial por el que estábamos pasando casi todos los habitantes de la isla (o sea, los cubanos de a pie que se ha pasado la vida entera en período especial, que no significa nada bueno ni glorioso, todo lo contrario y por más que luchamos no logramos salir de él) era y sigue siendo un suculento manjar.
Más tarde, en el parque Carlos
Manuel de Céspedes, me dijo: escucha, y sacó un libro del peruano Jaime Baily,
que yo no sabía quién rayos era en ese momento: No se lo
digas a nadie y me leyó un fragmento, solo un fragmento de la novela, “mira,
la novela que vas a escribir deberá estar por ese tono o por esa cuerda,
recuérdalo”, - me dijo- “no lo olvides”. Y me leyó las palabras de
contracubierta del libro, escritas nada más y nada menos que por Mario Vargas Llosa,
a un escritor entonces muy joven y de mi generación. Y ahí comenzó el
maldito-bendito viaje hacia una novela que me ha dado muchas alegrías.
Años después, mi amigo y hermano
el poeta Omar Parada me prestó dos libros de Jaime, y siguió siendo el mismo
escritor fabuloso que un mediodía bayamés me descubriera en su voz Guillermo
Vidal mientras esperábamos por la aparición de Zoelia Frómeta en esa preciosa
ciudad que sigue siendo Bayamo.
Solo bastaron unos pocos años
para que el Guille leyera mi novela y me diera un fuerte abrazo en la plaza
cultural de Las Tunas, y otros consejos para que la culminara. Novela que me
mereciera la amistad de Mariela Varona, que se la leyó en su original que le
fue pasado por Michael Hernández Miranda, que sabe otra historia alrededor de
la novela y un premio, pero como es una historia fea, no la cuento, porque no
pretendo mencionar nombres. Novela por la cual Martha María Montejo dejó de
hacer su programa de las medianoches bayamesas en vivo, y tuvo que hacerlo
desde entonces grabado y supervisado, por permitirme leer varios fragmentos de
mi entonces novela inédita y al otro día la querían incinerar, degollarla viva,
el gobierno, el partido y la dirección de la radio en pleno; pero esa noche
estuvimos hasta bien entrada la madrugada compartiendo y recibiendo llamadas de
los oyentes que querían comprar la novela, pero aún no se había publicado en
ninguna parte. Novela de la cual escribieron Manuel Navea y Carlos Manuel Pérez
mucho antes de su primera publicación que solo contó con 600 ejemplares que
desaparecieron ese mismo año de las librerías. Novela de la que se volvió un
ferviente promotor y prestamista, hasta que no le devolvieron su ejemplar
dedicado, mi hermano Luis Felipe Rojas Rosabal, a quien donde quiera que se
encuentre vaya mi eterno agradecimiento. Novela que escribí en los años que más
recio fue El Periodo Especial, en una
casa de tablas y de pencas de guano que se mojaba por todas partes, y que el agua
de lluvia permanecía por varias semanas dentro de la casa. Casa en que yo me
levantaba temprano todos los días en un verano terrible y desolador y escribía
como un loco hasta las 3 o las 4 de la tarde sin parar en mi pequeña máquina de
escribir Erika, y mi vecina Ana me traía por la ventana, donde yo estaba
apostado, un plato con harina, huevo frito, con manteca de puerco, cuando no
había nada más que comer y Betsy se encontraba de vacaciones en Santa Clara con
nuestro pequeño hijo. Y no hay en esta novela la más mínima alusión a esos años
duros, cuando miraba en el lodo las lombrices gordas y coloradas retorcerse. El
hambre de todos los días. Ese vivir a tope sin saber cómo sería el próximo día.
No me pasó por la cabeza jugar con el dolor de todos, ya bastaba con las
miserias que sufrían y siguen sufriendo mis personajes en la novela.
Hace pocos días cuando fui a
felicitar a Mariela Varona por haber terminado de escribir su primera novela,
se lo comentaba a su esposo el historiador y amigo Ramón Legón y me dijo muy
categórico, “eso fue lo mejor que le pudo pasar a la novela, si no la hubieras
envenenado con historias circunstanciales que serán para otra historia o para
ninguna”.
Cuando en 2002 la novela se
presentó en la Feria Internacional del Libro de La Habana, ahí en el público
estaban mientras la presentaba Eduardo Heras León, Guillermo Vidal, Amir Valle,
Alberto Garrido, Reinaldo García Blanco, Luis Felipe Rojas, Michael Hernández
Miranda, Francisco López Sacha, Bladimir Zamora, Lucy Araujo, entre otros
amigos que ahora la memoria no los retiene porque la Sala Lezama Lima estaba
llena; ahí también me acompañaba Ángel Santiesteban, que entonces para todos
era un gran escritor, y que ahora aunque lo siga siendo se debe encontrar en el
infierno, como puede ser para cualquiera que cae en desgracia y por el que
estoy pidiendo sin miedo ninguno, porque hoy es él, mañana puede ser cualquiera
de nosotros…, ya lo sufrí una vez, y quién levantó la voz por mí o por Manuel
García Verdecia: unos pocos, y quién se disculpó con nosotros. Ahora paso por
un mal momento del que no hablo, porque las personas involucradas son de mi
querencia, y ya una vez traté de aclarar una injusticia, y todo se enredó más,
así que ahora no pretendo aclarar nada, y que la vida siga.
Ángel como mismo estuviste
aquella mañana en la presentación de mis Ángeles
desamparados, y has estado todos estos años de amistad junto a mis
martirios y momentos felices, la última vez que nos vimos no fue en la casa de
María Antonia, pero si en la casa de unos amigos y hablamos mucho. Ahora
levanto la mano para que se haga justicia y sé a lo que me expongo.
Agradezco a todos los que se
leyeron mi novela y me dieron sus opiniones valederas y sinceras, a Edgardo
Higinio Fonseca que en su momento quiso que yo la reescribiera, a Héctor García
Quintana que cuando la estaba editando para la editorial española El Barco
Ebrio me hizo releer la novela con mucha calma porque le parecía que le
faltaban fragmentos completos, a Yoenia Gallardo que leyó la primera impresión,
a Yulia Carrazana que al mecacopiar la novela se comió algún pedazo y fue la
culpable de esta reescritura, a Eliécer Almaguer que me obligó a reescribirla
en su totalidad sentado a mi lado como un editor quisquilloso y como el amigo y
hermano que es. Y nuevamente a La Editorial el Barco Ebrio por confiar en mí y
publicarla. Gracias amigos.
Soy una voz que se suma a otras
voces por la causa del escritor y amigo Ángel Santiesteban, sabiendo las
consecuencias. Libertad para Ángel Santiesteban. ¿Dónde están los que se decían
sus amigos? ¿Dónde están los que me decían que era él el mejor narrador de
Cuba?
Todos tenemos miedo. Pero hay
otra cosa peor que el miedo. Las miserias humanas.
P.D: Juventina Soler me hizo caer en la cuenta que quien presentó mi libro en La Habana fue Guillermo Vidal.
P.D: Juventina Soler me hizo caer en la cuenta que quien presentó mi libro en La Habana fue Guillermo Vidal.
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14 de febrero de 2013
Club de Escritores de Cuba y un error involuntario
El Club de Escritores de Cuba publica nota aclaratoria disculpándose por el error de haber incluido "... el nombre de Raúl Antonio Capote, un demócrata
improbable, y confeso agente de la policía política que lo es también
del pensamiento cívico. Ello disparó las alarmas cubanas, incluyendo las
nuestras, y nos llevó con urgencia a revisar el error y las causas, a
todas luces involuntarias, de una pifia que esperamos que el tiempo, y
el buen corazón (…) sepan disipar”.
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12 de febrero de 2013
Club de Escritores Cubanos expresa apoyo a Ángel Santiesteba Prats
Escritores cubanos apoyan a Ángel Santiesteban
La redacción de CUBAENCUENTRO ha recibido una carta del Club de
Escritores de Cuba en que sus miembros expresan su solidaridad con Ángel
Santiesteban Prats
Carta del Club de Escritores de Cuba
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9 de febrero de 2013
Una lanza por Ángel
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| El novelista Daniel Morales lee fragmentos de su obra Foto: LuisFelipeRojas |
El desierto literario con el que comparabana Miami hace unos años va quedando atrás. La noche del viernes ocho de febrero sumó al espacio La otra esquina de las palabras al novelista Daniel Morales, esta vez trajo la novela La casa del sol naciente (Homagno 2011). Entre fragmentos de su prosa minimalista y los guiños a un país fantasma que todos asocian con Cuba pudimos descubrir a un narrador con la fuerza capaz de decir verdades, entrar en los predios de la imaginación y crearnos un mundo de realidades que nos perteneces por haberlas vivido o haberlas perdido para siempre entre el exilio, la desilusión y la muerte de la esperanza. La casa… busca su caldo de cultivo en aquellos atroces años ’70 u ’80, la marginalidad y la represión institucionalizada contra todo lo que oliera a ‘extranjerizante’. Es un cuerpo narrativo bien logrado y solo con esa paciencia de Daniel se puede llegar tan lejos… y tan bien.
La otra esquina de las palabras es regalo que nos ha hecho el poeta Joaquín Gálvez para los amantes de los libros y la bohemia miamense. Ubicado en el patio del Café Demetrio, Joaquín especificó que la noche estaba dedicada al narrador Ángel Santiesteban, quien en Cuba pasa por el terror de la espada de Damocles sobre su cabeza. Cualquier tarde se aparece un hombrecito vestido de azul para pedirle amablemente que le acompañe a los calabozos para que extinga su sanción de cinco años. ¿La razón? Ante la falta de pruebas, la retirada de los cargos por su ex esposa acusadora y el testimonio del testigo falseado ante las cámaras, una perito policial decidió que la manera de Ángel escribir inclinado develaba que estaba mintiendo. La noche del ocho de febrero las palabras encendidas de Idabel Rosales, la presencia de la hermana de Santiesteban y sus amigos hicieron de la solidaridad un acto humano. Los resultados de la venta del libro han sido enviados a Ángel y algo más se hará, han dicho sus más cercanos.
Hace un par de años cuando esta odisea comenzó una excelente narradora cubana me dijo algo parecido: ‘Dicen que Ángel está en candela´, por entonces solo eran rumores. Hora que el fuego ha subido y quema no solo su casa sino la de todos los que nos creemos sus amigos, hace falta que se levante dentro las voces de los que le acompañaron a los saraos literarios, a los proyectos de buscar narradores jóvenes y los que se creyeron que podían constituir una república letrada donde cupieran todos: los que aplauden sin preguntar y los inquietos, esos que ya conforman una larga lista negra.
![]() |
| De izq a derecha Aimara Perez, la hermana de Angel Santiesteban
y la promotora Idabel Rosales
Foto: LuisFelipeRojas |
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Dichosos los que tenemos amigos II
Querida Regina,
tenerte a tí y a Alcides de mi lado es un lujo que pocos mortales pueden poseer. Ustedes son un tesoro de amistad que guardo con celo. Gracias por pedir justicia, solo pido eso, con eso me basta para continuar libre; pero el Tribunal responde por la boca de la Seguridad del Estado. Aquí -como bien sabes- la gran mayoría obedece porque si no los echan del cargo.
Gracias por esta prueba de amistad. Sé que agradecer a veces molesta, pero esta es la forma más diáfana que encuentro para decirte que los quiero también.
Ángel
Soy parcial. Ángel Santiesteban es mi amigo. Desde hace más de
veinte años cuando se hizo famoso en el encuentro nacional de talleres
literarios que se celebraba en la playa de Bailén en Pinar del Río, no
por sus virtudes literarias, validadas luego por premios hasta de Casa de las Américas,
no. Santiesteban era un joven desconocido que se sentaba al fondo en
los debates sin intervenir. Presidía aquel taller de narrativa un
escritor bastante mayor que Santiesteban –y que la mayoría de los que
estaban allí– engreído y pesao. No mencionaré el nombre, porque
lo que viene al caso es la anécdota polisémica invaluable. El no-dicho
escritor martillaba a los talleristas con sus traducciones, publicaciones y premios, para apuntalar la frase que lo perdió: –Porque a mí sí hay que mamármela.
Parecía haber dejado en claro para sus jóvenes aprendices quién era quién en la jerarquía literaria, cuando desde el fondo, surgió una voz nada afectada y perfectamente audible: –Prefiero mamártela antes que leerte.
El no-mencionado sintió la necesidad de lavar con bronca la afrenta, y a pesar de ser atacado por la espalda, Santiesteban le propinó un trompón que dejó su impronta en la cara del otro.
Nunca nos vemos visto con asiduidad a lo largo de estos años, pero siempre con cariño. Y ahora asisto consternada a la posibilidad de que mi amigo cumpla cinco años de privación de libertad luego de un proceso lleno de irregularidades.
Mi petición a todos los de buena voluntad, pero sobre todo a sus colegas: Aboguemos porque se establezca la verdad, no olvidemos nunca los versos de Martin Niemöeller, y cuando vengan por nosotros, no quede nadie para protestar.
Publicado en Malaletra
tenerte a tí y a Alcides de mi lado es un lujo que pocos mortales pueden poseer. Ustedes son un tesoro de amistad que guardo con celo. Gracias por pedir justicia, solo pido eso, con eso me basta para continuar libre; pero el Tribunal responde por la boca de la Seguridad del Estado. Aquí -como bien sabes- la gran mayoría obedece porque si no los echan del cargo.
Gracias por esta prueba de amistad. Sé que agradecer a veces molesta, pero esta es la forma más diáfana que encuentro para decirte que los quiero también.
Ángel
Anécdota y Petición
Soy parcial. Ángel Santiesteban es mi amigo. Desde hace más de
veinte años cuando se hizo famoso en el encuentro nacional de talleres
literarios que se celebraba en la playa de Bailén en Pinar del Río, no
por sus virtudes literarias, validadas luego por premios hasta de Casa de las Américas,
no. Santiesteban era un joven desconocido que se sentaba al fondo en
los debates sin intervenir. Presidía aquel taller de narrativa un
escritor bastante mayor que Santiesteban –y que la mayoría de los que
estaban allí– engreído y pesao. No mencionaré el nombre, porque
lo que viene al caso es la anécdota polisémica invaluable. El no-dicho
escritor martillaba a los talleristas con sus traducciones, publicaciones y premios, para apuntalar la frase que lo perdió: –Porque a mí sí hay que mamármela.Parecía haber dejado en claro para sus jóvenes aprendices quién era quién en la jerarquía literaria, cuando desde el fondo, surgió una voz nada afectada y perfectamente audible: –Prefiero mamártela antes que leerte.
El no-mencionado sintió la necesidad de lavar con bronca la afrenta, y a pesar de ser atacado por la espalda, Santiesteban le propinó un trompón que dejó su impronta en la cara del otro.
Nunca nos vemos visto con asiduidad a lo largo de estos años, pero siempre con cariño. Y ahora asisto consternada a la posibilidad de que mi amigo cumpla cinco años de privación de libertad luego de un proceso lleno de irregularidades.
Mi petición a todos los de buena voluntad, pero sobre todo a sus colegas: Aboguemos porque se establezca la verdad, no olvidemos nunca los versos de Martin Niemöeller, y cuando vengan por nosotros, no quede nadie para protestar.
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8 de febrero de 2013
Dichosos los que tenemos amigos
Amir, oye, estaba recordando a muchos intelectuales que respetamos y
quisimos y que en muchas ocaciones fueron a mi casa para conversar sobre
las entrevistas que tú me hacías porque ellos aseguraban que tú me ibas a
traicionar cuando la Seguridad del Estado arremetiera contra mí.
Hoy he llegado a la conclusión -una vez más- que los que me traicionaron fueron ellos. Tú siempre has estado a mi lado como un verdadero hermano. Un abrazo.
Ángel.
Ángel Santiesteban: De Mariposa a Gusano
Amir Valle
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Hoy he llegado a la conclusión -una vez más- que los que me traicionaron fueron ellos. Tú siempre has estado a mi lado como un verdadero hermano. Un abrazo.
Ángel.
Ángel Santiesteban: De Mariposa a Gusano
Amir Valle
Aquí las secuencias del video editadas para quienes no pueden acceder a verlo.
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