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21 de febrero de 2013

El tren de las generaciones



Me sorprende el asombro que expresan algunos intelectuales de que esté atravesando un proceso jurídico amañado por la Seguridad del Estado, ¿acaso pensaron que decir las verdades en el rostro de la dictadura, además desde el interior de la isla, iba a pasar inadvertido? No creo que existan cubanos con tanta ingenuidad ni tampoco con tan mala memoria.
Recuerdo que esta realidad que ahora sufro me la hizo saber un extranjero que reside en Francia, estudioso de la literatura cubana, y también conocedor del proceso totalitario que persiste por más de cincuenta años en Cuba, y en los días que concebía el blog me advirtiera lo que ocurriría conmigo al comenzar a escribir los primeros post, ¿si estaba preparado a perderlo todo y a enfrentar la maquinaria mediática, demoledora física y mental que arremeterían en mi contra? Le respondí que sí, ya no soportaba más el silencio, continuar con la máscara.
Reconozco que para ese entonces no imaginé que llegaran a tales degradaciones, embustes y atropello. Uno siempre piensa que un Estado, por fascista que sea, tendrá el escrúpulo, o al menos, una manera más inteligente para hacerlo, y no de la forma burda con que han manejado la situación para desacreditarme. Jamás sospeché que podría serles tan importante, un enemigo vital como lo que han demostrado según su dedicación y riesgos, al punto de construir testigos falsos, que gracias a la suspicacia de una amiga, pudo entrevistar al más importante y filmarlo, y por suerte, todas aquellas acusaciones que llegaron a sumar los 54 años de cárcel como petición Fiscal, se cayeran al presentarles a su “testigo” relatando las presiones y sobornos que había recibido por parte de la denunciante (cómplice del gobierno) y de la policía (el testigo asegura la relación marital entre la denunciante y el Mayor Pablo, Jefe de los Jefes de Sectores del municipio Plaza), para que aceptara mentir en mi contra.
Por si fuera poco, ese mismo testigo asegura en el video que no hubo tal visita mía por encontrarse casualmente en las afueras de la vivienda de la denunciante, por ende, no existió de mi parte “violación de domicilio ni agresión”, y lo que resultaba el “flamante testigo” de la Fiscalía, pasó a ser una prueba contundente de mi abogado, y que el Tribunal desaprobara para beneficio de la propia Fiscalía, como fueron desaprobados los demás testigos que aseguraban mi inocencia y mi permanencia en otro lugar en el mismo momento donde la denunciante asegura que me encontraba. El tribunal desaprobó otro testigo, amigo de la denunciante, que aseguraba que como mínimo en dos ocasiones, antes que se efectuara la denuncia, ésta le confesó que me haría “un número 8 judicial”, y no escuchó sus ruegos de que no lo hiciera, que recordara que yo era el padre de su hijo. También el Tribunal desaprobó a la testigo maestra del menor y Directora de la escuela, en este caso de mi hijo, y que éste le revelara que su madre le pedía que falseara hechos denigrantes en contra de su padre.
¡Siempre me pregunto qué hubiera sucedido hoy si alguien, en este caso ese “testigo”, hubiera mentido, declarado que me encontraba en aquella vivienda y hube de cometer todos los horrores que me quisieron endosar! Entonces ahora mi realidad fuera otra, si me condenaron a cinco años sin pruebas, ¿a cuánto hubiera ascendido con los demás horrores que me endilgaban? En estos momentos yo fuera el hombre más solo de la dictadura, porque pocos creerían que un “Estado” fuera capaz de cometer semejantes vejámenes espurios contra un intelectual por el solo hecho de abrir un blog.

La soledad del intelectual en un Estado sin derechos.

Desde el principio me convirtieron en un marginado de la cultura cubana, ese fue el primer castigo, luego, en un intento de aislarme internacionalmente, cerraron el correo que el Ministerio de Cultura me había contratado y por el cual pagaba el alquiler, por usarlo para enviar los post al exterior, eso dijeron.
A los pocos días me golpearon y fracturaron el brazo. Muchos, como ahora con el proceso jurídico, se mostraron inseguros de creerlo, la policía política del país no trabaja así, dijeron, porque les conviene mostrarse inseguros, aceptarlo los llevaría a una realidad que no quieren asumir de ninguna manera. Por supuesto, cuando vieron la golpiza filmada que arremetieron bestialmente contra mi persona, entonces hicieron silencio. Por lo general solo opinan para esconderse detrás de la inseguridad y no correr riesgos, no quedar de un lado ni del otro, salvo cuando son convocados directamente y no les queda más remedio que mover la banderita ante el paneo de la cámara de televisión oficialista.
Desde hace tiempo aprendí a comprenderlos. El miedo los corroe. Nada puede sorprendernos de una generación que humillaron, castigaron, les hicieron las injusticias más increíbles, y siguen apoyando desde su miedo. ¿Qué solidaridad se puede esperar para los demás si no fueron capaces de ejercerla con ellos mismos y exigir, ni siquiera tenue, sus derechos?, y resistieron las degradaciones y pidieron perdón sabiendo que no cometieron pecado para merecerlo, si no lo es escribir con el alma la realidad que los circundaba o ser homosexuales. Y esperaron años, décadas, a que el Gran Dios de la revolución les hiciera falta para cubrir su imagen, y les brindara espacio cultural, televisivo y hasta puestos de funcionarios.
La duda de esos intelectuales es la capa de miedo que los cubre. No tuvieron voces para ellos ni para los artistas de generación que fueron castigados, vilipendiados, profanados. El silencio siempre ha sido su vocación. Esperar lo contrario, máxime ahora que son una generación anciana, sería una ingenuidad. Así nacieron, así sobrevivieron, y así morirán.

La generación del espejo

En ese espejo, les siguió una generación que comenzó a imitar el estilo de sobrevivencia que les antecedía. Hicieron silencio porque alcanzaron a ver a los castigados, les contaron las atrocidades cometidas contra ellos. También consiguieron a recibir castigo y silencios culturales. Vieron partir al exilio a gran parte de su generación. Y callaron, esa fue la mejor lección aprendida. Con los líderes no se juega porque entonces les enseñaban los famosos “instrumentos” que tanto les hablaron. Hicieron una obra a medio tono, para que no exaltara las molestias del Estado. Ellos comenzaron el cinismo, intentar pasar inadvertido, escribir sin levantar ronchas y sobrevivir.

La generación de los novísimos.

Así nos llamaron, y fuimos los primeros en mostrar rebeldía, irreverencia, porque sabíamos que más importante que nosotros mismos era la obra, el arte, y nada podía llevarnos al estatus de las generaciones que nos antecedieron y que nos mostraban sus desdichas como trofeos. Todos fuimos perseguidos, golpeados, castigados, gran parte detenidos, interrogados, maltratados, asustados.
De esa generación que encontré en aquel Seminario de Narrativa en el Centro Alejo Carpentier a mediados de los años ochenta, si mal no recuerdo, soy el único que se mantiene en el país con el oficio de escritor. Todos decidieron partir y llevarse consigo las heridas y cicatrices que la policía cultural y política les había propinado por esa insistencia de hacer una literatura honesta.
El hecho de dar la espalda a su país y a la familia, era una respuesta tácita a que no soportarían los designios políticos ni las injusticias cometidas por décadas. Partieron para salvar sus vidas y su obra. Y ahora sus voces redimidas, en su mayoría, desde sus espacios de total libertad, claman justicias históricas y un proceso democrático para el país.
Otros intelectuales de generaciones que nos siguen han comenzado a levantar sus voces de solidaridad, arriesgando conscientes los que puede acarrear sus actitudes y los posibles castigos que recibirán por ello.
Pero a veces la voluntad del corazón puede más que la fuerza del bolsillo y del bienestar físico. Y eso lo desconocen la gran mayoría que albergan en su pecho, como inquilino permanente, el desbastador terror que les sembraron.
Jamás le pediría a ningún intelectual que clame por mí. Eso es de una naturaleza que se necesita hacerlo o sientes que mueres. Algunos se han adaptado a estar muertos.
Pues que en gloria estén, si sus conciencias se los permite. 


Ángel Santiesteban-Prats 

14 de febrero de 2013

Los hijos que la revolución no quiso




LA HABANA, Cuba, febrero, www.cubanet.org -La historia se repite. Otro escritor cubano será enviado a prisión. Ángel Santiesteban, autor del blog Los hijos que nadie quiso, fue condenado a cinco años de cárcel bajo el supuesto delito de violación de domicilio y lesiones. El Tribunal Supremo Popular ratificó la sanción.
De acuerdo con lo expresado por Santiesteban a martíoticias.com, en el juicio no se mostró evidencia alguna sobre su culpabilidad. Una de las supuestas pruebas descansa en la declaración de una teniente coronel del régimen, quien argumentó que su caligrafía indicaba culpabilidad.
El laureado escritor (por libros como Sueño de un día de verano, Premio UNEAC 1995, Los hijos que nadie quiso, ganador del Alejo Carpentier 2001, y Dichosos los que lloran, galardonado en Casa de las Américas 2006), declaró que ante su condena a prisión sin pruebas procesales, sus ex colegas dentro de Cuba guardan un silencio cómplice, con tal de preservar pequeños privilegios.
No es de extrañar. Tanto el encarcelamiento de algunos escritores que disienten de la ideología oficial, como el silencio y la complicidad de los intelectuales ante las arbitrariedades de la política cultural cubana, han sido una constante en más de medio siglo de revolución.
Desde su fundación, el 22 de agosto de 1961, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), no ha sido más que un “cascarón de figurones”, como la definiera el poeta Heberto Padilla en su polémica con el escritor Lisandro Otero, a través de las páginas del suplemento cultural El Caimán Barbudo.
Ya en 1965, el “sálvese quien pueda” corrió por los pasillos de la UNEAC, y el silencio cómplice y ominoso se instaló como huésped permanente entre sus integrantes, quienes no levantaron la voz ante el envío a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), del poeta José Mario Rodríguez, acusado de “disoluto y liberaloide”, junto a otros integrantes de Ediciones El Puente.
Tampoco lo hicieron luego de un discurso pronunciado por Fidel Castro, en marzo de 1966, donde arremetía contra los homosexuales de la UNEAC y los amenazaba con enviarlos a trabajar a la agricultura. Mucho menos alzaron su voz los escritores y artistas cuando, en el denominado “Quinquenio gris”, también fueron encarcelados los poetas Lina de Feria y Heberto Padilla, y los escritores José Lorenzo Fuentes, Reinaldo Arenas y Manuel Ballagas, por supuestas difamaciones contra la revolución o por escribir textos subversivos.
Fueron los integrantes de la UNEAC quienes en el prólogo de los libros Los siete contra Tebas (teatro) de Antón Arrufat, y Fuera de Juego (poesía) de Heberto padilla, galardonados con el premio de esa organización, en 1968, los denunciaron como “contrarios ideológicamente a nuestra revolución”.
¿Acaso los miembros del “cascarón de figurones” le salieron al paso a las acusaciones lanzadas desde la revista Verde Olivo contra Antón Arrufat, Heberto Padilla, Guillermo Cabrera Infante y José Triana, entre otros escritores, por un censor oculto bajo el seudónimo de Leopoldo Ávila?
El sentimiento de pecado que les sembró el Che a los intelectuales cubanos que no lucharon contra la dictadura de Fulgencio Batista, más su cobardía personal y algunas prebendas astutamente otorgadas por el régimen, los convirtió en dóciles amanuenses que sólo escriben al dictado del amo.
Los escritores que caen en desgracia son como apestados de los que se alejan los demás, y no sólo se les saca del gremio, sino también del círculo de amistades, hasta que sean reivindicados, si llegan a serlo en vida, por lo que algunos llaman rectificación de la política cultural. Este acto de bajeza lo ilustró el escritor Eduardo Heras en sus memorias sobre las purgas intelectuales, recogidas en una conferencia titulada “Quinquenio gris: testimonio de una lealtad”, dictada como exorcismo contra la censura en el Instituto Superior de Arte (ISA) en 2007.
La prueba de “lealtad”, según Heras, se da cuando se cruza cada día, al regreso del trabajo, con otro señor. Se miran, pero nunca se saludan. Lo único que los une en ese malhadado año 1971, es que ambos son escritores y cumplen un insólito castigo por escribir libros calificados como contrarrevolucionarios. Sin embargo, añade, sólo los unía en ese instante crucial de sus vidas, la capacidad de resistencia ante la injusticia.
De modo que, de acuerdo con lo escrito por Heras León, aguantar humillaciones, abusos, callarse y no tener valor siquiera para saludar a otro marginado, es un acto de unidad. ¿Unidad en la miseria? ¿En la desgracia humana?
Sin embargo, más tarde, ya reivindicados, ¿no firmaron el propio Heras, Arrufat, Arango, Pablo Armando Fernández, César López, Miguel Barnet, Nancy Morejón y compañía, la Demanda de la UNEAC contra la Carta de los Diez intelectuales que pidieron reformas al régimen, el 31 de mayo de 1991?
Según expresaban en sus años de angustia Heras y otros integrantes de la UNEAC, los firmantes de la Carta de los Diez, más que colegas, eran amigos, y compartieron las buenas y las malas en ese proyecto social abierto y democrático que después los devoró. Entonces, ¿por qué  apoyaron con su firma el ataque y marginación a colegas de reconocida trayectoria literaria como Manuel Díaz Martínez, Raúl Rivero, Manuel Granados, José Lorenzo Fuentes y Bernardo Marqués-Ravelo? ¿Les tendieron la mano alguna vez? ¿Los volvieron a saludar? ¿Se atrevieron Heras León o Antón Arrufat a levantar la voz por María Elena Cruz Varela, Roberto Luque Escalona, Fernando Velázquez Medina, Víctor Serpa Riestra y Nancy Estrada Galván, también firmantes de la Carta de los Diez?
Cuando, dos años después, una turba instigada por la Seguridad de Estado obligó a María Elena Cruz Varela a tragarse sus poemas, y fue condenada a dos años de cárcel por firmar la Carta de los Diez y crear el movimiento Criterio Alternativo, ningún miembro de UNEAC protestó. Tampoco lo hicieron cuando el poeta Raúl Rivero fue condenado a veinte años de prisión, en el año 2003, por ejercer un periodismo libre. Todo lo contrario: condenaron en una Carta Abierta todos estos actos que denominaban conspirativos y en contra de la revolución.
Por ello, aunque demuestre ser inocente, el escritor Ángel Santiesteban será enviado a prisión, único sitio, junto al exilio, adónde van a parar los hijos que la revolución no quiso ni querrá. Sus compañeros de la UNEAC, en el mejor de los casos callarán una vez más, si es que “de arriba” no les “orientan” firmar algún documento condenatorio.

vicmadomingues55@gmail.com


Publicado por Cubanet

5 de febrero de 2013

#YoTambienEscriboInclinado Ángel Santiestéban, el hijo que todos queremos.


 
 
La sentencia ha sido ratificada. El escritor Ángel Santiestéban tendrá que cumplir 5 años de cárcel. Se sabe que su inocencia está más que probada. También se sabe que será encerrado por otro motivo. Para no tener que admitir que es un preso político, falsificaron el crimen y la víctima.
La verdadera culpa de Ángel Santiestéban es que nunca se quedó callado. Si algún acto criminal cometió, fue decir lo que pensaba cada vez que pudo hacerlo. Pero tuvo la mala suerte de vivir en un país donde la verdad tiene que ser absoluta, aun cuando sea mentira.
Me he pasado todos estos días pensado en Angelito. Aunque puedo seguirle por las redes sociales, procuro no tener el más mínimo contacto con él. No sé qué decirle, no se me ocurre otra cosa que no sea darle un abrazo grande. Y eso es absurdo, imposible.
Mi silencio ha estado acompañado por el recuerdo de las cosas y los lugares que compartimos. Todo pasa una y otra vez, como en una película, y atraviesa gran parte de la geografía cubana: un aguacero en el hotel Pasacaballos, una calle sin salida en Cumanayagua, el patio de la casa de Rosita en Miramar,  un avión que no pudo aterrizar en Nueva Gerona…
Soy ateo. No puedo orar, tampoco tiene el más mínimo sentido que maldiga. Todos mis rituales se tramitan a través de lo que quiero y lo que el futuro acaba por ofrecerme. Me limito a lo primero, que es lo que realmente tengo bajo control.
Deseo, desde lo más profundo de mí, que los verdugos de Ángel Santiestéban no alcancen a verlo cumplir su condena. Que la libertad llegue primero y nos suelte a todos. Porque, al fin y al cabo, Cuba entera es una cárcel. La única diferencia es que algunos tienen más espacio para caminar que otros.
Solo me gustaría darle un abrazo a mi hermanito. Lo demás, que sea lo que el azar quiera. Yo sé que hasta él quiere…


Publicado por El Fogonero

4 de febrero de 2013

#YoTambienEscriboInclinado La mala suerte de Ángel Santiesteban.


mala suerte


El escritor cubano Ángel Santiesteban —como casi nadie sabrá o ha querido enterarse— está condenado a cinco años de cárcel, sentencia que tendrá que cumplir, salvo que suceda un milagro y el gobierno de la isla lo indulte. Para conseguir la condena, Cuba ha construido una pantomima legal, tras la que se esconde la única causa de Ángel: intentar escribir como un hombre libre.
Pero en las dictaduras los esfuerzos por la libertad tienen su precio y siempre es el precio del castigo.
Ahora, sucede, que Ángel Santiesteban es un hombre con muy mala suerte. Sí, porque la inmensa mayoría de los que podríamos impedir —al menos hacer el esfuerzo— que fuera a la cárcel, estamos ocupados en seguir con nuestras vidas. Unos, en Cuba; otros acá en el exilio.
Sí. Los intelectuales cubanos, sin que importe la orilla del mundo que habitemos, esta vez como tantas otras, hemos metido la cabeza en el tierra y nuevamente en lugar de la boca al aire para gritar, volvemos a enseñar el culo. Y lo saben los dictadores: con el culo una banda de intelectuales, escritores, actores, artistas plásticos, profesores universitarios, cineastas, bibliotecarios —y la lista podría continuar— no puede defender la dignidad de un hombre, su derecho a escribir a favor o en contra de quien le plazca, a decir, allí donde esté eso que él estima su verdad, aunque sea falsa.
Pero así son las cosas. Aquellos que viven en la isla están pensando ahora mismo en cualquier silencio o abstracción, en lugar de en Ángel Santiesteban. Están pensando en ellos mismos generación a generación, dádiva a dádiva, complicidad a complicidad. Están pagando con ese silencio el valor exacto de su sumisión y el favor por poblar la penuria adornada en la que habitan. Si alguno se atreviera a levantar su voz —ya están todos advertidos de antemano— terminaría sumando su suerte a la de Ángel Santiesteban y la cárcel totalitaria suele tratar con especial violencia a los rebeldes.
Acá en el exilio las cosas no son diferentes.  El precio de sobrevivir pasa por el poco interés por la suerte de Ángel Santiesteban. Cada quien enarbola sus razones personales, el tamaño exacto de su abstinencia, la incredulidad ante las noticias que llegan leídas, de trasmano, por personas que se obstinan —para asombro de esa mayoría— en gritar contra el viento. Los más afortunados, aquellos que podrían azuzar a una opinión pública, que suele ser sorda con las injusticias a menos que el horror resume de los diarios, están demasiado interesados en no molestar a nadie con cuestiones ajenas, para ponerse al lado de un escritor que vive en Cuba, dicen, lamentablemente, que sin muchas influencias en el exterior y un gran talento.
Así que ya lo sabe Ángel Santiesteban, que no espere milagros, cada quien ahora  mismo —aquí y en la isla— está ocupado en su día de mañana, en lo que será de ellos este año, en lo que esperan que finalmente termine siendo su vida. 

Publicado por Ladislao Aguado

Ángel Santiesteban: " la ayuda internacional puede despertar la valentía y orgullo que todos los seres humanos guardamos en el pecho."

“Vivimos en un Estado sin derechos”

Entrevista al escritor Ángel Santiesteban, condenado a cinco años de prisión por el régimen cubano
A Ángel Santiesteban lo han enjuiciado por delitos del orden de “violación de domicilio y lesiones”. Sin embargo, a quienes lo golpearon brutalmente a él, a quienes lo encerraron en una celda durante varios días, donde aquellos lo humillaron de gestos y palabras, no los habrán de juzgar, aunque convivan bajo el mismo Código Penal.

CUBAENCUENTRO entrevistó al escritor cubano, a punto de entrar en prisión.


Todo parece indicar que en los próximos días irás a la cárcel para cumplir los cinco años de condena, ¿como te sientes?

Ángel Santiesteban (AS): Me siento triste, pero ya me sentía desde antes por el encarcelamiento de Sonia y Calixto, entre otros; pero antes que ellos hubo otros que también cumplieron cárcel injustamente, entre ellos el poeta Raúl Rivero. Estoy triste desde que nací, desde que mi madre me enseñó que el comunismo era el símbolo de la miseria humana y que vivía en dictadura. Desde que vi partir a mis hermanas biológicas y mis hermanos escritores hacia otros lares en busca de libertad y mejor porvenir.
A pesar de todo me siento fuerte, y una extraña felicidad me embargo porque siento que un Gobierno que encierra a sus opositores es porque es débil, que su estancia en el poder cada vez es más corta, el tiempo se les acaba. Y eso me hace ser muy feliz. Y es lo que importa.

¿Sigues afirmando que eres inocente?

(AS): Totalmente. Pero más que mi afirmación, habla por mí las pruebas presentadas por mi defensa, donde descubre los irrespetuosos manejos de la ley en mi contra, donde le quita el velo a la mentira. Nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario. En Cuba es al revés, entonces ya demostré que soy inocente, y ni eso es suficiente.

¿Consideras que tu sanción es una venganza del régimen por lo que has venido escribiendo en tu blog Los hijos que nadie quiso?

(AS): Comencé a escribir el blog a una edad madura, por lo tanto, mis sentimientos y obrar ya estaban probados. Sólo a unos meses de abrir el blog y comenzar la crítica contra el sistema, se ha destapado sobre mí un monstruo desconocido. Es demasiada casualidad. No creo que haya que ser muy inteligente para comprenderlo.

¿Temes que haya represalias contra tu familia mientras estés preso?

(AS): Mi familia biológica está en Miami. De todas formas, en Cuba todos padecemos represalias, desde el punto de vista que no puedes defender tus derechos. Los cubanos están acostumbrados a callar lo que piensan porque entonces pueden ser amenazados, juzgados y abusados.

¿Deseas decirle algo a la opinión pública internacional?

(AS): Que a pesar de la crisis económica que padece el mundo, que por favor, detengan un minuto su mirada sobre nuestro archipiélago. ¿Hasta cuándo tenemos que padecer tanta injusticia? En Cuba existe mucho miedo a disentir, oponerse al Estado; pero la ayuda internacional puede despertar la valentía y orgullo que todos los seres humanos guardamos en el pecho. Les puedo asegurar que pocas veces en la historia se ha dado una dictadura tan represiva, apenas nos permiten levantar la mirada, nos vigilan constantemente y solo con un movimiento que no les amerite confianza ya está rodeado y padeciendo el terrible acoso de la Seguridad del Estado. Puedo asegurarles que los hermanos Castro no violan nuestros derechos, puesto que no los tenemos. Vivimos en un Estado sin derechos.

Publicado por CubaEncuentro

30 de enero de 2013

#YoTambienEscriboInclinado Angel Santiesteban: quiero ratificar mi inocencia.

Confirmada la condena, Quiero ratificar que soy INOCENTE!

Y no hay nada, nada, ni la cárcel ni golpizas, que me haga callar esta función de comunicar lo que yo siento  y lo que yo pienso que es mejor para mí, para mi sociedad y para mis seres queridos!