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3 de abril de 2013

Diario en la cárcel IX. Un pueblo que evita a su gobierno

Las prisiones tienen abarrotadas sus barracas de presos que en su mayoría han cometido el delito de “malversación”. Han sustraído los bienes del Estado, que según la “legalidad socialista”, son del pueblo, bienes públicos que administran los hermanos Castro desde hace más de cincuenta años, por lo que han sumido al país en la más total pobreza.

Una contradicción: si los bienes son del pueblo, y éste, por hambre, toma parte ínfima de su propiedad, no comete delito, por lo tanto no habría que sancionarlo.

De todas formas eso solo queda en la teoría; en la práctica cumplen condena por ello, mientras se quejan por la falta de posibilidad de subsistir de su trabajo.

“Si no tomo lo que considero que me he ganado por mi esfuerzo, no puedo alimentar a mi familia. En mi caso lo hice porque pretendía comprarle un par de zapatos a mi hija por sus quince cumpleaños”, me dice un señor con los ojos llorosos. Otro se acerca para decirme que está preso por vender una antena parabólica, solo el plato, no el receptor, y abre los ojos como si observara un abismo. “exageraron en el registro que hicieron en mi casa. Con un vecino, por droga, no fueron tan exhaustivos; en mi caso, porque los enferma la información, las imágenes de libertad al pueblo les preocupa”.

Gran parte de esta masa de “malversadores”, son directores de empresa, compradores, almaceneros…, todo aquel que tenga al alcance de su mano cualquier artículo que sirva para vender, comprar, alquilar, y le reporte beneficio que luego sirva para adquirir los elementos vitales para la vida de sus hijos.

En una sociedad que se corroe, se desgata, donde sus jóvenes, los hijos que nadie quiso, solo piensan en abandonar el país o robar y sobrevivir, es lógico que las cárceles estén sobrepobladas con pésima alimentación.

La dictadura hace caso omiso al reclamo de una sociedad de tener un orden político y económico que le ofrezca a sus ciudadanos, sobre todo a los jóvenes, una realidad que les garantice un presente y futuro próspero.







Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima. Marzo de 2013

1 de abril de 2013

Ruego al Comité de Defensa de la UNEAC

Diario en la cárcel VIII. El silencio indigno


Supe la terrible noticia de que a una Dama de Blanco, Iris Pérez Aguilera, la golpearon salvajemente. A pesar de ser recurrentes estas denuncias de los abusos contra ellas, jamás podremos acostumbrarnos ni tampoco a hacernos los que no vemos.

Estas mujeres que luchan desde la oposición al régimen como verdaderas mambisas del siglo XXI, son irrespetadas y abusadas por los que defienden al sistema totalitario, particularmente la Seguridad del Estado. Como si la golpiza que le propinaron no fuera suficiente, luego le negaron el acceso hospitalario.

También pude apreciar con mis ojos, a finales del año pasado, a una adolescente, Berenice Héctor González, de 15 años de edad, navajada por todo el cuerpo y el rostro por ser familiar de una Dama de Blanco. Fue despiadadamente atacada por la hija de un oficial de la policía en la provincia de Cienfuegos por pedir respeto para su tía opositora.

Como siempre, algunos bloggers oficialistas, han intentado vender la versión de que el ataque criminal se produjo por “celos pasionales”.

Recientemente, a comienzos de año, fue asesinada Elsa Rubio Fernández, hija de otra Dama de Blanco, Mercedes Fernández Fonseca. Elsa no recibió protección de la policía a pesar de las cinco denuncias interpuestas y de que el asesino vociferaba “que la mataba y no la pagaba porque su familia era opositora”.



En fecha reciente, desde La Habana, ocho intelectuales lanzaron la Campaña Tod@s contra la violencia. Apelo a la honestidad de estas ocho mujeres que alzan sus voces en Defensa de la mujer y espero que tengan el decoro de solidarizarse.


Ojalá que el silencio no sea la respuesta de estas intelectuales. Les toca demostrar su grandeza y ética con ellas mismas.







Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima. Marzo de 2013




 

30 de marzo de 2013

Ignorancia selectiva: las escritoras de la UNEAC

¡Paredón, paredón!



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 Por Luis Cino Álvarez

LA HABANA, Cuba, marzo, www.cubanet.org – Un poeta digno que ha sabido enfrentar décadas de ostracismo, Rafael Alcides, ha escrito:  “Lamentaciones y esperanzas por un nuevo escritor encarcelado”. A partir de la carta de Alcides, empezaron a circular por los correos electrónicos notas de apoyo y firmas de varios escritores a favor de Santiesteban.
Entonces se produjo el contrataque oficial. Fue un ardid envuelto por lo políticamente correcto: ocho escritoras y periodistas firmaron un llamamiento contra la violencia de género, en el que el caso de Santiesteban parece ser el epítome del abuso masculino contra las mujeres, y el sistema judicial cubano queda impoluto, libre de  sospechas, excepto la de  haberse quedado corto en la sentencia de cinco años de cárcel.
Hasta parecen escucharse  los gritos de las féminas de la UNEAC contra el escritor-machista- abusador: ¡Paredón, paredón!
El documento, firmado por Sandra Álvarez, Marilyn Bobes, Zaida Capote, Luisa Campuzano, Danae Diéguez, Lirian Gordillo, Helen Hernández y Laidi Fernández de Juan, se solidariza con la ex esposa de Santiesteban  -de la que curiosamente no se menciona su nombre, Kenia Rodríguez-  y llama “a las instituciones y organizaciones cubanas a que se pronuncien sobre este caso en particular y también acerca de la violencia contra la mujer en nuestra sociedad”.
Así, luego de tanto esfuerzo por aclarar que el proceso judicial que envió a la cárcel al escritor por una riña ocurrida hace casi cuatro años, no tuvo motivaciones políticas ni la intención de represaliarlo por disidente, todo el que abrigue alguna duda al respecto, queda como machista y misógino empedernido. Amén de quedar señalado como proclive a ser manipulado por “la contrarrevolución”. ¡Y ya usted sabe lo que significa eso en la UNEAC!
¿Sabrán las firmantes  de las frecuentes palizas, atropellos e insultos sexistas que reciben las Damas de Blanco y otras opositoras  de parte de los segurosos y los porristas de las brigadas de respuesta rápida en los también frecuentes mítines de repudio?
Deben saber algo de estos mítines de repudio. Al menos una de las firmantes, Laidi Fernández de Juan, hace unos años, en el periódico Juventud Rebelde, calificó de “repudiables” estos progroms.
¿Se habrán enterado de que hace solo unas semanas, en Santa Clara, la opositora Iris Tamara Aguilera,  dirigente del movimiento femenino “Rosa Parks”, recibió fuertes golpes en la cabeza cuando fue proyectada contra la acera por un esbirro y fue maltratada en el hospital donde la condujeron por ser “contrarrevolucionaria”?
¿Conocerán del caso de Sonia Garro, una opositora que está presa hace más de un año, sin juicio, y que al ser arrestada en su casa, en Marianao, durante un aparatoso y violento operativo policial, fue herida con un proyectil de goma en una pierna?
¿Habrán tenido todos estos hechos en cuenta cuando redactaron su llamamiento y habilitaron una dirección electrónica para recoger firmas contra el abuso de género?
¿Estarán dispuestas a combatir la violencia contra las mujeres absolutamente en todos los casos?
Si es así, independientemente de la situación de Santiesteban,  seguro que recogerán muchas firmas más.

 Publicado por Cubanet



uneac
uba actualidad, Arroyo Naranjo, La Habana, (PD) No dejan de desconcertarme los escritores de la UNEAC, con sus poses de liberales a la hora de creer en la apertura del régimen y sus murumacas y acrobacias para no arriesgar sus premios, viajes y publicaciones.
Con el encarcelamiento de Ángel Santiesteban en circunstancias bastante dudosas, no esperaba una protesta de los escritores de la UNEAC, ni siquiera de los que posan de más osados. Eso hubiese sido pedir demasiado de ellos. Pero suponía que al menos sus amigos, como Eduardo Heras León, que hasta hace unos años proclamaba orgulloso que Santiesteban era "uno de sus muchachos" del Taller Narrativo "Onelio Jorge Cardoso Cardoso", y Laidi Fernández de Juan, que lo consideraba de sus amigos más queridos, si no protestaran, al menos lo lamentaran.
Pero, ¡oh, sorpresas, milagros y birlibirloques de la cultura oficial!, he aquí que sí hubo una carta del poeta Rafael Alcides –uno de los pocos dignos- y notas de apoyo y firmas a favor de Santiesteban; y entonces fue precisamente Laidi Fernández de Juan una de las ocho intelectuales que firmaron un llamamiento contra la violencia de género, en el que el caso de Santiesteban parece ser el epítome del abuso masculino contra las féminas, y el sistema judicial cubano queda libre de toda sospecha, excepto la de haberse quedado corto en la sentencia de cinco años de cárcel.
En otros tiempos, se hubiesen escuchado los gritos de ¡paredón, paredón!
El documento, firmado por Sandra Álvarez, Marilyn Bobes, Zaida Capote, Luisa Campuzano, Danae Diéguez, Lirian Gordillo, Helen Hernández y Laidi Fernández de Juan, se solidariza con la ex –esposa de Santiesteban y llama "a las instituciones y organizaciones cubanas a que se pronuncien sobre este caso en particular y también acerca de la violencia contra la mujer en nuestra sociedad".
Así, todo el que ose dudar del proceso sin motivaciones políticas ni ánimo de vendetta que envió a la cárcel al escritor-abusador, queda como machista y misógino empedernido.
¡Y yo que esperaba, iluso que soy, que al menos con papá Retamar, el poeta--comisario-presidente con gorra bolchevique de la Casa de las Américas, en la intimidad del hogar, Laidi Fernández se quejaría y lamentaría que Santiesteban estuviese en la cárcel a ver si papito no se ponía calibánico, se condolía y podía hacer valer sus influencias "allá arriba"!
¿Sabrá Laidi Fernández de Juan –que dice ser "tan devota a la revolución como ácida en sus críticas"- de los frecuentes golpes y empellones que reciben las Damas de Blanco y otras opositoras de los segurosos y los porristas de las brigadas de respuesta rápida en los también frecuentes mítines de repudio que ella misma en alguna ocasión ha calificado de "repudiables"?
¿Se habrán enterado ella y las demás firmantes del llamamiento de que hace solo una semana, en Santa Clara, la opositora Iris Tamara Aguilera recibió fuertes golpes en la cabeza cuando fue proyectada contra la acera por un esbirro del MININT?
¿Habrán tenido estos hechos en cuenta cuando redactaron su llamamiento y habilitaron una dirección electrónica para recoger firmas contra el abuso de género?
Hace varios años, en una entrevista con el propio Ángel Santiesteban (revista El Cuentero, no.6, 2008), Laidi Fernández de Juan dijo no compartir el criterio de que entre los escritores no puede existir la amistad. "Lo que sucede es que a veces creemos que alguien (sea escritor o no) pertenece a ese círculo de amigos y luego descubrimos que es miserable, repugnante e hijo de puta. Pero eso no tiene nada que ver con la literatura", aclaró.
¿Será eso lo que le ocurrió con Ángel Santiesteban? ¿No habrá pesado más el temor de que la relacionaran con un disidente?
El caso de Santiesteban, bien confuso y contradictorio, se las trae. Muchos consideran que la Seguridad del Estado utilizó como pretexto el incidente con su ex esposa –que se llama Kenia Rodríguez por si no lo saben las autoras del manifiesto que se solidarizan con ella sin nombrarla- ocurrido hace cuatro años, para represaliar a Santiesteban por su vinculación a Estado de Sats.
Si eso es así, uno se pregunta, ¿y por qué precisamente a él? ¿Acaso es el más crítico de todos los blogueros? ¿Pretenden dar un escarmiento en la UNEAC? ¿Valdría la pena para el régimen, precisamente ahora que pretende simular cierta apertura, pagar el costo político de enviar a la cárcel a un escritor que ganó hace unos años el premio Casa de las Américas con el libro "Dichosos los que lloran"?
He escuchado a algunos intelectuales que sospechan si a Ángel Santiesteban la Seguridad del Estado no le estará creando una leyenda de súper disidente con este encarcelamiento. "Aquí ya no se sabe quién es quién", murmuran. Y así, además de hacerse los listos, justifican su miedo de meterse en este lío y quedar como machistas. Y puede que hasta tengan razón. Nunca se sabe...
Para Cuba actualidad: luicino2012@gmail.com

Publicado en Primavera Digital

29 de marzo de 2013

Diario en la cárcel VII. Mi vida en un relato


Por estos días he leído el libro Felicidad obligatoria del escritor rumano Norman Manea, deportado en su infancia junto a su familia a un campo de concentración ucraniano, y me ha llamado poderosamente la atención cómo el autor describe magistralmente una historia cotidiana en los gobiernos totalitarios: la policía política rumana apresa a una artista que colabora con la oposición y la somete a continuas sesiones de tortura, un ritual constante día y noche, en un intento de llevarla a la locura. Aplica las técnicas de la vieja escuela de la KGB, asesorada por todo el campo socialista, incluyendo a Cuba, por supuesto.
 
En la primera historia del libro, cautivadora desde el comienzo, “El interrogatorio”, el personaje oscuro de la policía política -caracterizado soberbiamente- después de torturar brutalmente a su víctima, dice:

Quizás te soltemos. Aunque también podría condenarte. No necesariamente por delitos políticos. Buscaremos otra cosa. Todavía no hemos decidido. He sido franco contigo. No te engañes, no siempre soy sincero (…) La libertad del trabajo, la libertad de amor, la libertad de creación. ¿Bonito, no? Es normal que los artistas se vuelvan, por todo lo que son y sobre todo por lo que no son, rebeldes.
En definitiva, el artista es un precursor o un rezagado.
Sea lo que fuere, es un ser fuera de lo corriente. No ha encontrado un lugar, su tranquilidad y su armonía. No se ha entendido en su profesión, su familia y las leyes; ha elegido una forma por completo distinta de vanidad. El arte, ciertamente, tiene como punto de partida la apariencia de una dislocación, una inadecuación, un desarraigo. Pero alimentado……
(…) Se ha comprobado, se ha confirmado. Que estéis siempre en la oposición, quiero decir. La libertad (…) Es normal que estéis junto a todo los desposeídos (…) Al final, los libros se llenan allí.”

Norman Manea, como un profeta, escribió parte de mi realidad más inmediata, o simplemente dio testimonio de las tantas veces que padecieron las persecuciones, la tortura y castigo en su país. Lo único que conozco del socialismo. Y que siempre coincide aunque nos separen los continentes y el tiempo: la misma manera de acallar las voces disonantes.

Sólo pido una oda para Norman Manea.







Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima. Marzo de 2013

27 de marzo de 2013

Diario en la cárcel VI. El juicio por dentro

Algunos amigos me han pedido que no continúe respondiendo las cartas y posts de los que han buscado unos minutos de fama a mi costa, pues -en su mayoría- son blogs que salen a la palestra pública por primera vez a pesar del tiempo que llevan esforzándose para ello; otros, sólo son leídos por la nomenklatura oficialista y escritos por personas que nunca han sido importantes, salvo para sus familias, supongo, y quienes por primera vez -y quizá también por última-  recibieron una efímera atención pública en el mundo virtual, lo que les animó -¡suerte que tienen algunos!- sus intrascendentes y apagadas vidas.

Estoy seguro de que la sugerencia de estos amigos es razonable; de hecho, cada vez que confecciono las respuestas los comprendo, pero soy extrovertido y necesito ser muy puntual especialmente con quienes manipulan sus cartas para confundir y, gracias al alto nivel de ambigüedad consciente que utilizan, desvirtuar la realidad de los hechos confundiendo a los lectores.

Así ocurre, por ejemplo, con la testigo de oído o de referencia utilizada por la Fiscalía en mi contra. Esa testigo menciona a otra mujer, amiga mía, a la que sin consultarle ni pedirle permiso, hace públicos su nombre y apellido, y por si ello no le fuera suficiente, pone en su boca palabras que ella jamás dijo. Tanto mi amiga como su esposo, que la acompañaba en los momentos referidos por la testigo de la Fiscalía, han manifestado sentirse muy ofendidos por su falta de ética y su alto nivel de embuste.

La conversación que sostuve con esta amiga mía fue a través de mi teléfono celular y si le hubiera dicho alguna palabra que delatara mi culpabilidad, hoy dicha palabra sería una prueba que la Fiscalía hubiera interpuesto en mi contra, pues el investigador revisó todas mis llamadas y mis correos electrónicos.

Solo puedo repetir hasta la saciedad y hasta mi último respiro  -y es lo que he venido diciendo en cada respuesta que brindo- que exijo pruebas sólidas que sostengan la condena que me ha sido impuesta; pruebas que no sean la palabra de una persona manipulada -amiga de la acusadora- que repite lo que ésta le ha contado; pruebas que no sean las que "aportó" una Teniente Coronel calígrafa quien aseguró, violando todas las convenciones legales y científicas sobre el valor jurídico del peritaje caligráfico, que mí “letra inclinada” constituye una prueba de mi culpabilidad.

Que expongan esas pruebas sólidas y asuman el video con el testimonio del testigo falso que quisieron colar en la Fiscalía, y al que inmediatamente desecharon cuando lo grabamos explicando cómo había sido sobornado y forzado a testificar en mi contra. Ese video es suficiente prueba de mi inocencia. Que desechen, por su falsedad, todas las mentiras que el Tribunal fabricó para ocultar mi inocencia. Pero -repito- es imposible ocultarlas. Es imposible engañar a las personas aunque tengan un mínimo de entendimiento.

Emplazo al Gobierno, Fiscalía, Tribunales, Policía y a cada persona que firmó la carta condenándome por la supuesta violencia de la que se me acusa y por la que me condenaron, a que presenten una sola prueba en mi contra.

Basta ya de palabras e insinuaciones; eso no es suficiente para encarcelar a nadie.

Que digan y acepten que yo les estorbaba; que en la vida política, a mi pesar, fui adquiriendo reconocimiento y respeto; que mi blog comenzó a tener diez mil visitas diarias, y que me vieron demasiado cerca de quienes en la isla defienden la verdad, como es el proyecto Por Otra Cuba y las firmas de los pactos de la O.N.U.; proyectos que, bien lo sé, tanto les preocupa y asusta. Que reconozcan que mi presencia frente a la unidad policial exigiendo la liberación de Antonio Rodiles les resultó inadmisible para un intelectual; que el video de la golpiza que me propinaron recorriera el mundo; que miles de personas en todo el mundo se aterraran ante la imagen de mi camisa manchada de sangre; que me mantuviera en huelga de hambre y sed por esos días; y sobre todo, que confiesen su impotencia porque no pudieron hacerme causa ante las evidentes pruebas de abuso y las presiones internacionales. Que admitan que les molestó que no haya transigido cuando el oficial Aníbal, de la Seguridad del Estado, quien me aconsejó que detuviera mi accionar político. Que tomaron como una burla mía que al día siguiente me volviera a situar en el mismo lugar de la golpiza, acompañando a Ailer González, la esposa de Rodiles, y al padre de éste, los tres vistiendo un pulover blanco con la imagen de Rodiles pidiendo su liberación. Que día a día, durante esos diecinueve días de injusticia, nos situáramos frente a la unidad policial hasta que lo soltaron, eso sí, sólo después de que se le hubiera bajado la inflamación y desaparecido el morado del ojo.

Ya los oficiales Camilo y Aníbal me habían advertido. Y para frenarme no pudieron hacer otra cosa que enseñarme los objetos más sofisticados, los instrumentos más sofisticados: los “Tribunales Revolucionarios” de los que tanto alardean.

La culpabilidad de la Seguridad del Estado es tan evidente como la de aquellos que han secundado las típicas y previsibles campañas en mi contra buscando hacer una cortina de humo para ocultar sus desmanes. La historia se encargará de cada uno de nosotros y nos pondrá en el lugar exacto que nos hemos ganado. De eso no hay duda.

Sin embargo, pese a esa campaña mediática, he luchado con las herramientas que mis circunstancias me lo permiten. He expuesto mis pruebas sólidas, se las he llevado ante sus ojos, entre ellas el tan mencionado video del falso testigo que la denunciante, Policía y Fiscalía  prepararon en mi contra para condenarme por el resto de mis días.

Quien muerde una vez, lo hace siempre. Por eso llevaron a militares y especialistas del Estado, es decir, gente obligada a responder sin el más mínimo ánimo de cuestionar las órdenes, para dar cuerpo a versiones que siempre favorecieron a la Fiscalía. Por eso el tribunal mintió descaradamente y -sin el más mínimo disimulo- desechó a mis testigos sólidos, algunos de ellos sin ningún tipo de afecto hacia mí, pero que se arriesgaron por cumplir con su deber y con sus conciencias. Ese es el caso de la maestra de mi hijo, directora de la escuela y -detalle que hasta ahora no se había destacado- miembro del Partido Comunista, a quien la Delegada del Poder Popular fue a ver para presionarla porque “¿cómo era posible que defendiera a un contrarrevolucionario?”. En un gesto de dignidad que respeto, ella respondió que defendía al alumno, al niño, que era el mayor perjudicado, porque éste -mi hijo- le había confesado a ella que su mamá le pedía que dijera mentiras para denigrar mi imagen pública.

Otro testigo, gracias al grado de amistad que mantenía con la acusadora, daba fe de que mi ex le hizo saber en varias ocasiones “que estaba preparando un número ocho legal en contra del padre de su hijo”. Para ese entonces, mi ex y yo llevábamos más de dos años separados.

Hubo otra testigo con la cual solo tengo un saludo educado y cordial, pues visito una familia que vive en el fondo de su casa, y obligadamente debo estacionar el auto frente a la suya. Justo el día y a la hora en que mi ex dijo que me encontraba en su casa, al pasar por la vivienda de esta testigo, la oigo reprender con fuerza a su hijo y, sin poder contenerme, le pedí que no fuera tan violenta en la reprimenda, era un niño. Me explicó que había roto el parabrisas de un auto y el dueño le exigía 900 pesos. Entonces le dije, según recordó ella misma en la vista oral, que un parabrisas se podía sustituir cientos de veces, pero un hijo no. Ella, según relató ante el Tribunal, no se olvidó de aquel día porque gracias a mí no fue injusta con su hijo: luego se supo que no había sido su niño el culpable de la rotura de aquel parabrisas.

Hay otros dos testigos: un hermano de Logia, a quien necesitaba repasarle su examen para Maestro Masón que tendría en los próximos días, y su madre, quien nos preparó ese día el almuerzo.

Pues en resumen, el Tribunal decidió anularlos para que prevalecieran los testigos de la Fiscalía. Pero, además, lo hizo con mentiras evidentes, y contradicciones que pueden verse en la sentencia. Ante esa facilidad y agilidad con que el Tribunal encauzó todo en mi contra, me dejaron en total desamparo jurídico.

En cambio aceptaron a una testigo de oído y referencia, alguien que repite lo que su amiga le relató, una testigo que no estuvo presente en los supuestos hechos por los que se me acusó y aun así se valieron de su "testimonio". (Nota del editor: Según la Rae  Testigo: 1. com. Persona que da testimonio de algo, o lo atestigua. 2. com. Persona que presencia o adquiere directo y verdadero conocimiento de algo.)

Hasta hoy nadie ha respondido a mis preguntas:

¿Por qué el juicio tuvo lugar en la Sala Primera de la Seguridad del Estado, más exactamente en su sede especial para casos “relevantes” en Carmen y Juan Delgado, como le comunicaron a mi abogado?

¿Por qué mi sentencia me fue anunciada por el Oficial Camilo, de la Seguridad del Estado, un mes antes de que el Tribunal le diera a conocer?

No dudo que muchos no quieran ver lo evidente de mi caso amañado, y entiendo sus intereses. Y aunque no los comparto, respeto su total derecho a ser injustos.


¿Estado de derecho?

Algunos amigos también me han dicho que acuda a las leyes para acusar a quienes han mentido, pero eso sería otra ingenuidad. Amigos, hermanos, opinión pública internacional: no vivimos en un Estado de Derecho, esta es la Finca de Birán donde el capataz acata las órdenes del dueño. Vivimos en un feudo sin derechos donde lo único que protege es cumplir lo establecido por el Rey, sin cuestionar, porque si cuestionan, te envían a donde me encuentro hoy: tras las rejas.







Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima. Marzo de 2013



25 de marzo de 2013

Diario en la cárcel V. El frío marzo

El neurólogo y psiquiatra austríaco Viktor E. Frankl, en su libro “El hombre en busca de sentido”, en el que plasmara su experiencia como prisionero en los campos de concentración nazis por su condición de judío, asegura: “Considero un concepto falso y peligroso para la higiene mental dar por supuesto que lo que el hombre necesita ante todo es equilibrio o, como se denomina en biología “homeostasis”; es decir, un estado sin tensiones. Lo que el hombre realmente necesita no es vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena. Lo que precisa no es eliminar la tensión a toda costa, sino sentir la llamada de un sentido potencial que está esperando que él lo cumpla”.

Sus palabras definitivamente definen, apuntalan y resumen mi actual existencia. Vivo mis días respondiendo al llamado de mi conciencia, dándole respuesta a mi necesidad de trabajar para conseguir el cambio político en mi país que devuelva la esperanza a los cubanos y termine con el sacrificio de las familias de ver a sus hijos partir a otras tierras buscando mejores condiciones.

Más adelante asegura Viktor E. Frankl: “(...) lo que importa no es el sentido de la vida en términos generales, sino el significado concreto de la vida de cada individuo en un momento dado. Plantear la cuestión en términos generales puede equipararse a la pregunta que se le hizo a un campeón de ajedrez: “Dígame, maestro, ¿cuál es la mejor jugada que puede hacerse?” Lo que ocurre es, sencillamente, que no hay nada que sea la mejor jugada, o una buena jugada, si se considera fuera de la situación especial del juego y de la peculiar personalidad del oponente. No deberíamos buscar un sentido abstracto de la vida, pues cada uno tiene en ella su propia misión que cumplir; cada uno debe llevar a cabo un cometido concreto. Por tanto ni puede ser reemplazado en la función, ni su vida puede repetirse; su tarea es única como única es su oportunidad para instrumentarla.”

A través de la lectura, de mi creación literaria y de mi devoción por expresarme en el blog, mis fuerzas se multiplican.

Estoy resuelto a continuar, sea cual fuese el sacrificio, para alcanzar nuestros sueños y que se den por terminada las luchas emancipadoras del siglo XIX, con el ideal martiano como bandera. No olvidemos que Dios conserva todas nuestras lágrimas.

No estamos lejos, mi olfato me dice que los acontecimientos vaticinan el cambio que por fin nos devolverá el significado de la vida, con la democracia como única puerta a una Cuba mejor.








Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima. Marzo de 2013

24 de marzo de 2013

Rafael Alcides acerca de la Novela Oficial contra Ángel Santiesteban

Les presento aquí el artículo que publicó en Penúltimos Días el escritor y poeta Rafael Alcides sobre la farsa judicial montada a Ángel Santiesteban con el único y escondido objetivo de silenciar su voz crítica y condenatoria sobre la dictadura castrista.

Pido a los lectores que lean este artículo sabiendo que Rafael se expresa por la vía irónica pero sin quitarle un ápice de verdad a lo que dice sobre Ángel, el horrible antihéroe en que pretenden convertirlo, el falso testigo y la manipulación judicial y de los personeros y los escribidores de la infamia que tan bien supo comprar el régimen para ejecutar y "legitimar" tan sucio objetivo.

La aclaración la creo necesaria por las múltiples reacciones que provocó su primer artículo sobre el tema y que ya se ocupó de aclarar él mismo en otro artículo y que con tan mala saña fue utilizado por las Escritoras de la Infamia nucleadas en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) para criminalizar a su colega (y amigo en muchos casos) y convertirlo en el ejemplo del hombre machista, abusador y violento al que solo deberían reconocer en el dictador Castro, sus esbirros y aquellos hombres que lamentablemente sí son violentos con las mujeres en Cuba y cada día persiguen y golpean brutalmente a las Damas de Blanco y a otras valientes y pacíficas opositoras a lo largo y ancho de toda la isla.

Resta decir que también existe -lamentablemente- un número grandísimo de hombres que practican la violencia doméstica y de género. Contra estos hombres entre los cuales se encuentran destacados integrantes de la nomenklatura, jamás la Justicia ha hecho nada; pareciera como si hubieran asumido que la violencia contra la mujer y el machismo son ingredientes del folclore nacional. 
El Editor

 

Acuse de recibo: Rafael Alcides vuelve sobre el “caso Santiesteban”





CONSIDERACIONES ELEMENTALES SOBRE EL CASO SANTIESTEBAN

Por Rafael Alcides

Un novelista que quisiera escribir la compleja y diversa novela que se insinúa detrás del abultado “caso Santiesteban”, podría empezarla por la presumible cara de susto que debieron de poner los pobrecitos magistrados que fallaron en dicho proceso al conocer los hechos que juzgarían. La saco por mi propio susto y por el que a todas luces, sobrepuestas ya por fortuna, llevó a las Damas de la UNEAC a manifestar su cólera. El laureado escritor Ángel Santiesteban, Premio UNEAC, Premio Juan Rulfo, Premio Casa de las Américas, y a quien en lo físico sólo le faltaría el caballo para parecer un todopoderoso vaquero de rodeo (El Novelista no podría no describir a su personaje), amenazó de muerte a su ex mujer, le pegó, la amarró para violarla con comodidad y le prendió fuego a la casa.

Yo, que al principio lo creí riña magnificada, discordia, desacuerdo de amantes de los que tan a menudo suelen alimentarse los grandes amores mientras duran (y al respecto escribí unas líneas de las que no me arrepiento), al conocer en detalle los hechos o supuestos hechos (El Novelista deberá investigarlos y tomar posición), me dije: este no es el Ángel que yo conozco. No lo es. Y buscándole explicación al indudable fallo de los magistrados, hasta se me ocurrió pensar en brujería. ¿No habría sido Ángel víctima de un bilongo, uno de esos “daños” de los que se ocupaban los hechiceros de la serranía de Guantánamo en los tiempos de mi niñez? También El Novelista se lo preguntaría, pero al dar con cierto video bajado de Internet acaso dejaría de buscar en el Más Allá.

Inquietado por las desconcertantes mutaciones en la conducta del protagonista del mencionado video y principal testigo de cargo de la ex esposa de Ángel Santiesteban, escudriñaría en el misterio de este hombre joven, apuesto, locuaz y buen expositor quien al parecer apiadado de sí mismo se desdice en el video de sus primeras declaraciones en la estación de policía contra Ángel. Arrepentimiento nada extraño, pensaría El Novelista, que ha leído a fondo a Dostoievski, pero que ahora lo llevaría a quedarse en blanco cuando sepa que a posteriori, en el acto del juicio, este mismo joven locuaz y generoso hasta la opulencia en los detalles que en la filmación parece estar borrando sentimientos de culpa que no lo dejaban dormir, de repente, así como cambiado de repente por un clon, como si un poder más grande que el de todos los brujos de mi infancia se hubiera puesto a pesar sobre su cabeza, volvió a ser el testigo fundamental de la parte acusadora, el enemigo de Ángel.

Tal vez imagine entonces El Novelista que bien pudo ser la piedad un protagonista de número en el Caso, y acaso no se equivoque. Como no es El Novelista persona que crea en la maldad a priori, tal vez disculpe a la ex de Ángel imaginándola una de esas almas poéticas que terminan creyéndose y jurando con la mano puesta en la candela lo que inventaran en uno de esos raptos en que cualquiera de nosotros, fantasioso o no, daríamos media vida por poder transformarnos en artefactos nucleares, lo cual explicaría el afán de la Ex por borrar a su Ex de la memoria de las personas bien nacidas. Pues si a algo se parece la vida es a las novelas radiales. No en vano en Cuba Félix B. Caignet ha sido a veces tan medicinal como la Virgen de la Caridad.

Vistas así las cosas, acaso se detenga El Novelista en el oficial policiaco que según el joven del video empezó a visitar a la Ex después de su denuncia en el precinto y con frecuencia empezó a quedarse a dormir en la casa. En ese caso, a lo mejor le diera al Novelista por crear una inoculación mutua entre ambos personajes. Ella le pasó los bacilos contra Ángel y él a ella los que cabría esperar en un policía que no nació mañana. Pero no compliquemos al Novelista. Supongamos que ha dejado al oficial oyendo a pie de obra los relatos de la acusadora sobre sus días infelices con Ángel, cuitas que tanto y de tal manera lo apiadaron que no pudo evitar contagiarle su piedad a los funcionarios encargados de incoar el sumario del caso, esta solución le permitiría al Novelista explicar la parte de piedad que parece haber decidido el fallo de los magistrados de la Audiencia, en primera instancia, y luego el de los del Supremo.
Investigando como era su deber, podría El Novelista —sabiéndose por su oficio psicólogo de su época, el historiador mejor documentado de su tiempo no obstante valerse de aparentes ficciones para representarlo—, podría estar para entonces al tanto de que cuando años atrás, el joven y laureado escritor Ángel Santiesteban empezó a pensar por su cuenta, fue asaltado por unos entusiastas desconocidos que le partieron un brazo con fines pedagógicos. Por lo que podría sospechar El Novelista, puesto a identificar a aquellos educadores de la cabilla envuelta en periódico tan frecuente en los mítines de repudio pero sin lograr confirmarlo, fueron remanentes sueltos, a la deriva, al garete (pero negados a desparecer) de los viejos días anteriores al caso Elián, cuando las Brigadas de Acción Rápida salieron con el fin de recuperar la calle —tarea que, en efecto, sobre cumplirían estos destacamentos con un saldo discreto pero suficiente de huesos zafados, dientes perdidos, ojos sangrantes y fulanos por aquí y por allá cojeando durante semanas y alguno —es inevitable— quién sabe si para toda la vida.
Al Novelista, no le gustarían estos métodos. A mí tampoco. Empero, antes de juzgarlos, debería El Novelista hablar con quienes los han practicado. Tampoco entonces los aceptaría, pero al menos comprendería a esas devotas personas. O han peleado, y a veces vertido su sangre en las numerosas guerras de ultramar libradas por el gobierno cubano en sus primeros treinta años en el poder o han elaborado con cuanto fue dicho o hecho por su gobierno una mística tan poderosa que no les cabría en la cabeza el que pueda existir alguien en la tierra, la mar o el cielo que no comparta la idea de sus dirigentes. Ni aun en el cielo. “Son herejes”, me decía uno de ellos una vez. Otro me dijo: “Yo los mataría a palos”, y otro que fuera muy católico, tal vez pensando en la caldera del infierno, con los ojos humedecidos y la pasión de un árabe que ha visto atacada su fe, me dijo hace veinte años apretándome una mano con fervor y mirándome fijo fijo en una mesa ante dos cervezas: “Yo sin ponerles un dedo encima los dejaría caer desde una azotea bien alta en una piscina llena de aceite hirviendo”. No había crueldad en el corazón de estos devotos sin embargo. Había amor, había lealtad y amor más allá de la muerte para el proyecto de gobierno que constituía la razón de su vida, sus médulas que han gloriosamente ardido por decirlo con el poeta.

En una declaración en Internet, el doctor Vallín, hombre de honor y prestigioso abogado, denuncia que en el juicio contra Santiesteban no se le permitió presentar testigos, alega que la defensa fue obstruida, menciona leyes que no fueron tenidas en cuenta por la sala. Si bien no las justificarían, las razones de los devotos gubernamentales expuestas en el párrafo anterior le permitirían al Novelista comprender las irregularidades observadas por el doctor Vallín. La piedad ya dicha de un lado, y del otro lo que para esos doctos varones de toga y birrete debió de representar el librepensador Ángel Santiésteban vivo aún, fue demasiado. Y fallaron.

Por supuesto —y El Novelista lo sabe—, esta mezcla de sentimentalismo y lealtad gubernamental que en nuestra Isla tiene razones para funcionar en el empleado del camión de la basura que ha visto a su hijo bajar de la universidad con un título de doctor, no convencería en el extranjero. No podría. Esa curiosa gente de Afuera ve las cosas de otro modo. Ellos todavía hablan de contrato social y cosas así. Es por eso por lo que desde el principio di en suponer —o mejor, di en creer, en estar seguro—, que el gobierno del General de Ejército Raúl Castro, velando por la buena imagen de su administración en este momento excepcional de su historia, le haría justicia al escritor Ángel Santiésteban. No permitirá que este caso, pensé (y espero que conmigo lo crea el hipotético Novelista), vaya a convertirse en otra cosa. Pues cualquier persona, por humilde que sea (o lo parezca) puede ser, empero, el comienzo o el fin de una época. Pensar en el desconocido aquel que en Sarajevo le salió al paso a un coche.

Por último (segundo final posible: a escoger), parecería decir El Novelista, oblicuo, sin que lo parezca, en su acostumbrado subtexto (y si no lo dijera él, lo estoy diciendo yo ahora para que no se me vuelva a malentender), por último, damas y caballeros, basta ya de repetir episodios, de dimensión distinta pero en esencia semejantes al de Cristo, Herodes y los fariseos de aquel tiempo.

En La Habana, a 19 de marzo del año 2013

Publicado por Penúltimos Días