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29 de marzo de 2013

Diario en la cárcel VII. Mi vida en un relato


Por estos días he leído el libro Felicidad obligatoria del escritor rumano Norman Manea, deportado en su infancia junto a su familia a un campo de concentración ucraniano, y me ha llamado poderosamente la atención cómo el autor describe magistralmente una historia cotidiana en los gobiernos totalitarios: la policía política rumana apresa a una artista que colabora con la oposición y la somete a continuas sesiones de tortura, un ritual constante día y noche, en un intento de llevarla a la locura. Aplica las técnicas de la vieja escuela de la KGB, asesorada por todo el campo socialista, incluyendo a Cuba, por supuesto.
 
En la primera historia del libro, cautivadora desde el comienzo, “El interrogatorio”, el personaje oscuro de la policía política -caracterizado soberbiamente- después de torturar brutalmente a su víctima, dice:

“Quizás te soltemos. Aunque también podría condenarte. No necesariamente por delitos políticos. Buscaremos otra cosa. Todavía no hemos decidido. He sido franco contigo. No te engañes, no siempre soy sincero (…) La libertad del trabajo, la libertad de amor, la libertad de creación. ¿Bonito, no? Es normal que los artistas se vuelvan, por todo lo que son y sobre todo por lo que no son, rebeldes.
En definitiva, el artista es un precursor o un rezagado.
Sea lo que fuere, es un ser fuera de lo corriente. No ha encontrado un lugar, su tranquilidad y su armonía. No se ha entendido en su profesión, su familia y las leyes; ha elegido una forma por completo distinta de vanidad. El arte, ciertamente, tiene como punto de partida la apariencia de una dislocación, una inadecuación, un desarraigo. Pero alimentado……
(…) Se ha comprobado, se ha confirmado. Que estéis siempre en la oposición, quiero decir. La libertad (…) Es normal que estéis junto a todo los desposeídos (…) Al final, los libros se llenan allí.”

Norman Manea, como un profeta, escribió parte de mi realidad más inmediata, o simplemente dio testimonio de las tantas veces que padecieron las persecuciones, la tortura y castigo en su país. Lo único que conozco del socialismo. Y que siempre coincide aunque nos separen los continentes y el tiempo: la misma manera de acallar las voces disonantes.

Sólo pido una oda para Norman Manea.







Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima. Marzo de 2013

27 de marzo de 2013

Diario en la cárcel VI. El juicio por dentro

Algunos amigos me han pedido que no continúe respondiendo las cartas y posts de los que han buscado unos minutos de fama a mi costa, pues -en su mayoría- son blogs que salen a la palestra pública por primera vez a pesar del tiempo que llevan esforzándose para ello; otros, sólo son leídos por la nomenklatura oficialista y escritos por personas que nunca han sido importantes, salvo para sus familias, supongo, y quienes por primera vez -y quizá también por última-  recibieron una efímera atención pública en el mundo virtual, lo que les animó -¡suerte que tienen algunos!- sus intrascendentes y apagadas vidas.

Estoy seguro de que la sugerencia de estos amigos es razonable; de hecho, cada vez que confecciono las respuestas los comprendo, pero soy extrovertido y necesito ser muy puntual especialmente con quienes manipulan sus cartas para confundir y, gracias al alto nivel de ambigüedad consciente que utilizan, desvirtuar la realidad de los hechos confundiendo a los lectores.

Así ocurre, por ejemplo, con la testigo de oído o de referencia utilizada por la Fiscalía en mi contra. Esa testigo menciona a otra mujer, amiga mía, a la que sin consultarle ni pedirle permiso, hace públicos su nombre y apellido, y por si ello no le fuera suficiente, pone en su boca palabras que ella jamás dijo. Tanto mi amiga como su esposo, que la acompañaba en los momentos referidos por la testigo de la Fiscalía, han manifestado sentirse muy ofendidos por su falta de ética y su alto nivel de embuste.

La conversación que sostuve con esta amiga mía fue a través de mi teléfono celular y si le hubiera dicho alguna palabra que delatara mi culpabilidad, hoy dicha palabra sería una prueba que la Fiscalía hubiera interpuesto en mi contra, pues el investigador revisó todas mis llamadas y mis correos electrónicos.

Solo puedo repetir hasta la saciedad y hasta mi último respiro  -y es lo que he venido diciendo en cada respuesta que brindo- que exijo pruebas sólidas que sostengan la condena que me ha sido impuesta; pruebas que no sean la palabra de una persona manipulada -amiga de la acusadora- que repite lo que ésta le ha contado; pruebas que no sean las que "aportó" una Teniente Coronel calígrafa quien aseguró, violando todas las convenciones legales y científicas sobre el valor jurídico del peritaje caligráfico, que mí “letra inclinada” constituye una prueba de mi culpabilidad.

Que expongan esas pruebas sólidas y asuman el video con el testimonio del testigo falso que quisieron colar en la Fiscalía, y al que inmediatamente desecharon cuando lo grabamos explicando cómo había sido sobornado y forzado a testificar en mi contra. Ese video es suficiente prueba de mi inocencia. Que desechen, por su falsedad, todas las mentiras que el Tribunal fabricó para ocultar mi inocencia. Pero -repito- es imposible ocultarlas. Es imposible engañar a las personas aunque tengan un mínimo de entendimiento.

Emplazo al Gobierno, Fiscalía, Tribunales, Policía y a cada persona que firmó la carta condenándome por la supuesta violencia de la que se me acusa y por la que me condenaron, a que presenten una sola prueba en mi contra.

Basta ya de palabras e insinuaciones; eso no es suficiente para encarcelar a nadie.

Que digan y acepten que yo les estorbaba; que en la vida política, a mi pesar, fui adquiriendo reconocimiento y respeto; que mi blog comenzó a tener diez mil visitas diarias, y que me vieron demasiado cerca de quienes en la isla defienden la verdad, como es el proyecto Por Otra Cuba y las firmas de los pactos de la O.N.U.; proyectos que, bien lo sé, tanto les preocupa y asusta. Que reconozcan que mi presencia frente a la unidad policial exigiendo la liberación de Antonio Rodiles les resultó inadmisible para un intelectual; que el video de la golpiza que me propinaron recorriera el mundo; que miles de personas en todo el mundo se aterraran ante la imagen de mi camisa manchada de sangre; que me mantuviera en huelga de hambre y sed por esos días; y sobre todo, que confiesen su impotencia porque no pudieron hacerme causa ante las evidentes pruebas de abuso y las presiones internacionales. Que admitan que les molestó que no haya transigido cuando el oficial Aníbal, de la Seguridad del Estado, quien me aconsejó que detuviera mi accionar político. Que tomaron como una burla mía que al día siguiente me volviera a situar en el mismo lugar de la golpiza, acompañando a Ailer González, la esposa de Rodiles, y al padre de éste, los tres vistiendo un pulover blanco con la imagen de Rodiles pidiendo su liberación. Que día a día, durante esos diecinueve días de injusticia, nos situáramos frente a la unidad policial hasta que lo soltaron, eso sí, sólo después de que se le hubiera bajado la inflamación y desaparecido el morado del ojo.

Ya los oficiales Camilo y Aníbal me habían advertido. Y para frenarme no pudieron hacer otra cosa que enseñarme los objetos más sofisticados, los instrumentos más sofisticados: los “Tribunales Revolucionarios” de los que tanto alardean.

La culpabilidad de la Seguridad del Estado es tan evidente como la de aquellos que han secundado las típicas y previsibles campañas en mi contra buscando hacer una cortina de humo para ocultar sus desmanes. La historia se encargará de cada uno de nosotros y nos pondrá en el lugar exacto que nos hemos ganado. De eso no hay duda.

Sin embargo, pese a esa campaña mediática, he luchado con las herramientas que mis circunstancias me lo permiten. He expuesto mis pruebas sólidas, se las he llevado ante sus ojos, entre ellas el tan mencionado video del falso testigo que la denunciante, Policía y Fiscalía  prepararon en mi contra para condenarme por el resto de mis días.

Quien muerde una vez, lo hace siempre. Por eso llevaron a militares y especialistas del Estado, es decir, gente obligada a responder sin el más mínimo ánimo de cuestionar las órdenes, para dar cuerpo a versiones que siempre favorecieron a la Fiscalía. Por eso el tribunal mintió descaradamente y -sin el más mínimo disimulo- desechó a mis testigos sólidos, algunos de ellos sin ningún tipo de afecto hacia mí, pero que se arriesgaron por cumplir con su deber y con sus conciencias. Ese es el caso de la maestra de mi hijo, directora de la escuela y -detalle que hasta ahora no se había destacado- miembro del Partido Comunista, a quien la Delegada del Poder Popular fue a ver para presionarla porque “¿cómo era posible que defendiera a un contrarrevolucionario?”. En un gesto de dignidad que respeto, ella respondió que defendía al alumno, al niño, que era el mayor perjudicado, porque éste -mi hijo- le había confesado a ella que su mamá le pedía que dijera mentiras para denigrar mi imagen pública.

Otro testigo, gracias al grado de amistad que mantenía con la acusadora, daba fe de que mi ex le hizo saber en varias ocasiones “que estaba preparando un número ocho legal en contra del padre de su hijo”. Para ese entonces, mi ex y yo llevábamos más de dos años separados.

Hubo otra testigo con la cual solo tengo un saludo educado y cordial, pues visito una familia que vive en el fondo de su casa, y obligadamente debo estacionar el auto frente a la suya. Justo el día y a la hora en que mi ex dijo que me encontraba en su casa, al pasar por la vivienda de esta testigo, la oigo reprender con fuerza a su hijo y, sin poder contenerme, le pedí que no fuera tan violenta en la reprimenda, era un niño. Me explicó que había roto el parabrisas de un auto y el dueño le exigía 900 pesos. Entonces le dije, según recordó ella misma en la vista oral, que un parabrisas se podía sustituir cientos de veces, pero un hijo no. Ella, según relató ante el Tribunal, no se olvidó de aquel día porque gracias a mí no fue injusta con su hijo: luego se supo que no había sido su niño el culpable de la rotura de aquel parabrisas.

Hay otros dos testigos: un hermano de Logia, a quien necesitaba repasarle su examen para Maestro Masón que tendría en los próximos días, y su madre, quien nos preparó ese día el almuerzo.

Pues en resumen, el Tribunal decidió anularlos para que prevalecieran los testigos de la Fiscalía. Pero, además, lo hizo con mentiras evidentes, y contradicciones que pueden verse en la sentencia. Ante esa facilidad y agilidad con que el Tribunal encauzó todo en mi contra, me dejaron en total desamparo jurídico.

En cambio aceptaron a una testigo de oído y referencia, alguien que repite lo que su amiga le relató, una testigo que no estuvo presente en los supuestos hechos por los que se me acusó y aun así se valieron de su "testimonio". (Nota del editor: Según la Rae  Testigo: 1. com. Persona que da testimonio de algo, o lo atestigua. 2. com. Persona que presencia o adquiere directo y verdadero conocimiento de algo.)

Hasta hoy nadie ha respondido a mis preguntas:

¿Por qué el juicio tuvo lugar en la Sala Primera de la Seguridad del Estado, más exactamente en su sede especial para casos “relevantes” en Carmen y Juan Delgado, como le comunicaron a mi abogado?

¿Por qué mi sentencia me fue anunciada por el Oficial Camilo, de la Seguridad del Estado, un mes antes de que el Tribunal le diera a conocer?

No dudo que muchos no quieran ver lo evidente de mi caso amañado, y entiendo sus intereses. Y aunque no los comparto, respeto su total derecho a ser injustos.


¿Estado de derecho?

Algunos amigos también me han dicho que acuda a las leyes para acusar a quienes han mentido, pero eso sería otra ingenuidad. Amigos, hermanos, opinión pública internacional: no vivimos en un Estado de Derecho, esta es la Finca de Birán donde el capataz acata las órdenes del dueño. Vivimos en un feudo sin derechos donde lo único que protege es cumplir lo establecido por el Rey, sin cuestionar, porque si cuestionan, te envían a donde me encuentro hoy: tras las rejas.







Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima. Marzo de 2013



25 de marzo de 2013

Diario en la cárcel V. El frío marzo

El neurólogo y psiquiatra austríaco Viktor E. Frankl, en su libro “El hombre en busca de sentido”, en el que plasmara su experiencia como prisionero en los campos de concentración nazis por su condición de judío, asegura: “Considero un concepto falso y peligroso para la higiene mental dar por supuesto que lo que el hombre necesita ante todo es equilibrio o, como se denomina en biología “homeostasis”; es decir, un estado sin tensiones. Lo que el hombre realmente necesita no es vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena. Lo que precisa no es eliminar la tensión a toda costa, sino sentir la llamada de un sentido potencial que está esperando que él lo cumpla”.

Sus palabras definitivamente definen, apuntalan y resumen mi actual existencia. Vivo mis días respondiendo al llamado de mi conciencia, dándole respuesta a mi necesidad de trabajar para conseguir el cambio político en mi país que devuelva la esperanza a los cubanos y termine con el sacrificio de las familias de ver a sus hijos partir a otras tierras buscando mejores condiciones.

Más adelante asegura Viktor E. Frankl: “(...) lo que importa no es el sentido de la vida en términos generales, sino el significado concreto de la vida de cada individuo en un momento dado. Plantear la cuestión en términos generales puede equipararse a la pregunta que se le hizo a un campeón de ajedrez: “Dígame, maestro, ¿cuál es la mejor jugada que puede hacerse?” Lo que ocurre es, sencillamente, que no hay nada que sea la mejor jugada, o una buena jugada, si se considera fuera de la situación especial del juego y de la peculiar personalidad del oponente. No deberíamos buscar un sentido abstracto de la vida, pues cada uno tiene en ella su propia misión que cumplir; cada uno debe llevar a cabo un cometido concreto. Por tanto ni puede ser reemplazado en la función, ni su vida puede repetirse; su tarea es única como única es su oportunidad para instrumentarla.”

A través de la lectura, de mi creación literaria y de mi devoción por expresarme en el blog, mis fuerzas se multiplican.

Estoy resuelto a continuar, sea cual fuese el sacrificio, para alcanzar nuestros sueños y que se den por terminada las luchas emancipadoras del siglo XIX, con el ideal martiano como bandera. No olvidemos que Dios conserva todas nuestras lágrimas.

No estamos lejos, mi olfato me dice que los acontecimientos vaticinan el cambio que por fin nos devolverá el significado de la vida, con la democracia como única puerta a una Cuba mejor.








Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima. Marzo de 2013

12 de marzo de 2013

Diario en la cárcel II ¿Feria del Libro?

Gala 50 años de la UNEAC. Foto: EFE/Alejandro Ernesto


¿Feria del Libro?
 
En los últimos días antes de ingresar a la cárcel, alcancé a leer varios correos de amigos que rememoraban aquellas Ferias del Libro en La Habana, donde nos reuníamos para, además de compartir la cultura, darnos un abrazo los escritores de esta isla y los que nos visitaban.

“La generación de los novísimos” fue una familia que estaba presta a cualquier llamado de sus integrantes para defendernos de burócratas, funcionarios y de la policía política que nos perseguía constantemente como perros rabiosos, al menor indicio, a veces solo por una expresión entre un grupo de intelectuales o por la lectura de un cuento o simplemente porque en tu casa recibías muchos intelectuales, y de ello pueden dar fe los escritores Amir Valle, Jorge Luis Arzola o Daniel Morales.

Aquella emoción de encontrarnos en las Ferias del Libro la mataron, y ahora no es más que un espacio para apresar y condenar a los intelectuales sin el menor escrúpulo, y como si fuera poco, además, como en un ruedo de gladiadores, nos echaron a pelear entre nosotros, pero ni siquiera por nuestras vidas o ideales, como sería en mi caso, sino que algunos defienden solo sus posibilidades de que se los tenga en cuenta y poder sobrevivir lo mejor posible. Una negativa de ellas o ellos, sería comenzar el camino del ostracismo, y no todos están dispuestos a ello. 

Por eso los integrantes de mi generación prefirieron emigrar y salvar sus obras y familias y encontrar una vida digna donde sus hijos no sufran lo que ellos tuvieron que padecer porque sabían el calvario que les vendría encima si daban sus criterios adversos.
De todas formas, ya la Feria del Libro dejó de ser una plaza cultural, ahora ocupó su espacio lo político y militar, como ocurre en la mayoría de los libros que se presentan, y para esas tiradas son programadas las grandes ediciones.

De lo que sí estoy seguro es que un día estarán de vuelta esos intelectuales que buscan cobijo en otras partes, y volveremos a formar una generación, ya madura, con nuestros criterios, pero sobre todo, con el amor a la cultura, al arte y a la literatura que siempre ha sido la gran bandera de nuestra generación de los hijos que nadie quiso. 










Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima, Marzo de 2013

5 de marzo de 2013

Angel Santiesteban Prats: Diario en la cárcel I




El escritor Angel Santiesteban-Prats se encuentra  en el centro penitenciario La Lima, ubicado en Guanabacoa.  Fue traslado allí el sábado después de permanecer un día en la  prisión Valle Grande donde escribió este post, el primero que nos hace llegar desde su cautiverio.
Todos y cada uno de los posts que vaya escribiendo los iremos publicando aquí,  en su blog  "Los hijos que nadie quiso".



Diario en la cárcel I. Prisión de Valle Grande.


Entre rejas

Finalmente el gobierno cubano me tiene entre rejas. Después de 4 años de arbitrario ‘’proceso legal, donde se han violado las reglas más elementales del sistema legal y he enfrentado múltiples acusaciones, todas ellas, con la marcada intención de degradar mi imagen ante la opinion pública, que mi proceso sirva de intimidación a escritores y artistas cubanos y acallar mi blog ‘’Los hijos que nadie quiso’’ con el que he alcanzado la luz, que una vez poseída se vuelve irreversible.

A pesar del sufrimiento y el daño causado, especialmente a mi familia, siento orgullo de encontrarme en el lugar adonde han ido a parar tantos buenos cubanos.
Desde aquí intentaré hacer llegar mis post y cumplir mi modesto rol para lograr una apertura democrática en Cuba, continuaré mi lucha y resistencia al régimen totalitario. Sólo soy un ciudadano que decidió quitarse la máscara y denunciar la verdad de mi país como puedo hacerlo, escribiendo.

Ahora me encuentro rodeado de hombres que cometieron diversos delitos pero se quejan de racismo, golpizas e injusticias sociales. Cuando escuchan que Cuba pronto cambiará los ojos se le iluminan.
A otros reclusos les han aplicado ‘’peligrosidad’’ término supuestamente legal existente en nuestro país. Son individuos sancionados de antemano, bajo sospecha de que puedan cometer alguna ilegalidad, en su mayoría negros y sin trabajo estatal.

Hoy comienza una nueva etapa en mi vida y en el camino que he elegido. La esperanza de los cubanos y su persistencia en la lucha traerán el cambio necesario para convertirnos en un Estado próspero y democrático.

Sin más desde mi ‘’letra alta e inclinada’’ va mi abrazo y agradecimiento a todos los que muestran su solidaridad y apoyo a la causa.

Desde la prisión de Valle Grande, 1 de Marzo de 2013










 Ángel Santiesteban-Prats