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5 de septiembre de 2012

El triste centenario de Virgilio Piñera I

Siempre me ha sorprendido cómo los intelectuales cubanos, particularmente la generación que vivió los años setenta, que luego adornaron con el nombre de “quinquenio gris”, tienen esa mala memoria pública, y que por lo general, en círculos de confianza, expresan el dolor que aún guardan por los abusos cometidos contra ellos de parte de los funcionarios que respondían a Fidel Castro y su cúpula militar e ideológica.
Pasaron varias décadas sin exorcizar esos demonios que los marcaron de por vida, algunos por traidores al escribir una literatura “contrarrevolucionaria”, otros, por débiles al ser clasificados de homosexuales, también por “diversionismo ideológico”, religiosos, por tener el pelo largo, usar los pantalones estrechos o por escuchar a Los Beatles, Nelson Ned, Cheo Feliciano, Julio Iglesias, Roberto Carlos. Fueron tantas las censuras y demencias que la narrativa de Kafka comenzó a ser realista.
Crearon las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), campos de concentración al estilo de la Rusia de Stalin. Por los muertos de esa etapa que no resistieron la tortura aún no se han levantado las voces de justicia, y aún sus almas esperan, impacientes, que un día sus nombres sean recuperados y devueltos impolutos a sus familias, y que sus verdugos paguen la injusticia cometida, al igual que los que idearon el castigo.
Muchos de esos intelectuales que hasta hoy callan, fueron testigos de los atropellos, otros lo supieron por amigos y conocidos, todos en fin son cómplices silenciosos de la maldad y el crimen. Una generación que en su mayoría ha preferido fingir que olvidaron y continúan repitiendo hasta la saciedad el lema obligado de “soy revolucionario”, “apoyo la revolución”, “soy fidelista”, y mantiene esa imagen por el terror de volver a sufrir lo que una vez tuvieron que soportar.

El regreso de los verdugos
 
Cuando la afamada “guerra de los e-mails”, más bien yo diría: guerrita controlada; cuando aquellos personajes funestos: las marionetas visibles del fascismo socialista cubano, coincidentemente comenzaron a reaparecer en los medios públicos –dijeron los funcionarios de turno que no fue ex profeso-. Pero este es un país donde hace más de medio siglo no sucede nada por casualidad, donde todo es controlado por Fidel Castro, como la gran finca en que convirtió a Cuba: Birania, en honor al nombre de la finca de su padre y lugar de su nacimiento, que, por demás, como culto a su personalidad, desde hace muchos años fue transformada en museo. Y, recordando a su padre que daba las órdenes exhaustivas, donde nadie se atrevía a tomar una decisión, como ahora su hermano Raúl Castro no da un paso sin antes haberlo consultado con el “máximo líder”.
Lo cierto es que un joven escritor dio la alarma vía correo electrónico y, por primera vez, se fueron contagiando los ánimos de rechazo. Con rapidez, el Estado, comprobando la caldeada situación intelectual, reunió, en la Unión de Escritores y Artista de Cuba (UNEAC), a la cúpula de esa generación avasallada y aún muy disciplinada. Allí les prometieron que esos defenestrados funcionarios no volverían a la palestra cultural, que todo había ocurrido por “casualidad” y desafueros de la oficialista censura mediática. Para los intelectuales convocados era suficiente que los tuvieran en cuenta y garantizaran que sus verdugos no serían “reactivados”. Con palabras bonitas, Fidel Castro y el Comité Central del Partido, con exactitud el Departamento Ideológico del Partido, no tuvo otra salida que, para detener el tsunami había que hacer una declaración oficial, como muro de contención, que sería publicada en el órgano oficial del Partido, el periódico Granma. ¡Y cuál no sería la sorpresa para esos intelectuales, que la versión final redactada por todos en la UNEAC no correspondía a la misma que saliera publicada! Algunos detalles, palabras, comas, fueron desplazadas, borradas o sustituidas. Pero esa generación, que aprendió muy bien a callar y hablar bajito por los pasillos, permitió que ese acontecimiento, también, pasara desapercibido.
Otro detalle inadvertido es que a esa afamada reunión en la UNEAC, estuvo convocado el Presidente de los Estudios de Televisión Cubana, un oficial del ejército “retirado” y que, vestido de civil, continuó bajo las órdenes de los militares, un amanuense de los caprichos del Régimen, y que no se presentó pues sabía que le harían aceptar las culpas de aquellas misteriosas apariciones de impíos en “su” televisión. En su lugar envió a otro funcionario menor que tomó notas de lo acontecido, en la que los intelectuales exigían una retractación, una disculpa oficial por parte del Presidente de la Televisión que fuera publicada en los medios de difusión nacional.

Promesas que se llevó el viento

Semanas después, cuando los intelectuales presentes en aquella reunión comenzaron a indagar por el arrepentimiento público, les dijeron que había sido una promesa del mencionado Presidente de la Televisión y que en su momento sería dada a conocer la que, por supuesto, tampoco llegó. También esta vez esos intelectuales volvieron a silenciar sus voces ante la palabra empeñada con ellos. Claro, no comprendieron, o no quisieron comprender que habían sido manipulados en los propios derechos de sus espacios, de su obra y su historia plagada de lágrimas; ellos fueron el muro de contención.
Entre tanto los mensajes por correo continuaron, y algunos comenzaron a narrar los pasajes de aquellos acontecimientos. No bastaba con la nota en el periódico, había que permitir otras concesiones, dejar que sus viejas heridas destilaran la sangre contenida. Y a puertas cerradas, por invitación personal al cuartel de la Casa de las Américas, se accedió a que expiaran sus sufrimientos (luego, para alejarlo del medio social, lo llevaron a al Instituto Superior de Arte (ISA), y ahí, como niñitas, vertieron las lágrimas aplazadas. Siempre estuve a la espera de que alguno de los lastimados señalara al verdadero culpable, que todos sabíamos que era Fidel Castro, el autor intelectual de nuestros sufrimientos nacionales. Pero, unánimemente, todos prefirieron callar, nadie mencionó el nombre de la Bestia de Birán, para ellos ya era suficiente dejar que expulsaran, como volcanes, todo lo que habían sufrido para que, satisfechos, volvieran a callarse sus secretos y dejaran de ser noticia.

Mencionar al verdadero culpable del terror

En un intercambio por correo electrónico con el escritor Amir Valle, le dije que los artistas se habían despachados con aquellos funcionarios que no eran más que títeres, pero que nadie mencionaba el nombre del verdadero causante del Mal: Fidel Castro. Me dio sorpresa ver un file con todos los correos reunidos, de una y de otra orilla, y que el mío no se tomara en cuenta. Luego me dijeron varios escritores que estuvieron en aquella reunión de la UNEAC, que no había sido muy “inteligente” mencionar al comandante, que había que tener cordura. En otras palabras: se podía jugar con la cadena, pero jamás con el mono. Eso bastó para corroborar lo que ya tenía por seguro: el miedo en esa generación había sido sembrado tan profundamente, que las raíces apenas llegaban a la superficie, por lo tanto, los nombres de aquellas víctimas de la UMAP, los parametrados, los excluidos, los fusilados (ya nadie se acuerda del atroz fusilamiento del narrador Nelson Rodríguez Leyva, autor del maravilloso libro de cuentos: “El regalo”, publicado en 1964 con la ayuda precisamente de Virgilio), los censurados, angustiados, torturados, como el propio Piñera, Lezama Lima, Rodríguez Feo, Reinaldo Arenas, Heberto Padilla, entre tantos, tendrían que continuar esperando, para que sus coterráneos, compatriotas, amigos y colegas, saldaran la deuda, y señalaran al verdadero culpable de sus desgracias personales, y, por ende, de la cultura nacional; el culpable de aquellas obras literarias y artísticas que el Régimen de terror implantado había truncado por el miedo de sus autores, y la necesidad de sobrevivir, a toda costa, una dictadura militar y comunista que arremete su Poder absoluto contra todo vestigio de creación libre. 

Ángel Santiesteban-Prats

4 comentarios:

Habanero Cubano dijo...

Hola Angel, me alegra ver que los tienes bien puestos y no te dan miedo las consecuencias que tus palabras te pueden traer. Ya saldra la maquinaria a revolcar tus logros en el fango con el cuento de que eres mercenarioo que te han manipulado. Aplaudo la valentia que tienes y que muchos de nosotros nunca tuvimos. Cuando la mayoria de los intelectuales pierda el miedo y comience a llamar las cosas por su nombre, el pueblo les seguira y el regimen finalmente llegara a su fin.

Anónimo dijo...

Como disse Lord Acton “O poder corrompe; o poder absoluto corrompe absolutamente”.

Anónimo dijo...

te apoyo en lo que predicas,
las generaciones anterior a la de Angel, se enquisto,, le lavaron demasiado el cerebro, les sembraron el miedo,,, solo vimos la opcion de irnos.. parece que por suerte para Cuba,, la generacion de hoy no tiene tanto miedo como tuvimos nosotros,, o sera que nos sentimos tan culpables de, una vez, habernos creido el cuento chino de Fidel ??

Anónimo dijo...

Angel eres de los buenos, sabes lo que te espera,, eres bien inteligente y no desconoces la realidad cubana..
no se si necesitas mas coraje del que ya tienes

mi admiracion a ti y a todos los que como tu se enfrentan a diario a los malditos depredadores de Cuba