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30 de marzo de 2013

Ignorancia selectiva: las escritoras de la UNEAC

¡Paredón, paredón!



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 Por Luis Cino Álvarez

LA HABANA, Cuba, marzo, www.cubanet.org – Un poeta digno que ha sabido enfrentar décadas de ostracismo, Rafael Alcides, ha escrito:  “Lamentaciones y esperanzas por un nuevo escritor encarcelado”. A partir de la carta de Alcides, empezaron a circular por los correos electrónicos notas de apoyo y firmas de varios escritores a favor de Santiesteban.
Entonces se produjo el contrataque oficial. Fue un ardid envuelto por lo políticamente correcto: ocho escritoras y periodistas firmaron un llamamiento contra la violencia de género, en el que el caso de Santiesteban parece ser el epítome del abuso masculino contra las mujeres, y el sistema judicial cubano queda impoluto, libre de  sospechas, excepto la de  haberse quedado corto en la sentencia de cinco años de cárcel.
Hasta parecen escucharse  los gritos de las féminas de la UNEAC contra el escritor-machista- abusador: ¡Paredón, paredón!
El documento, firmado por Sandra Álvarez, Marilyn Bobes, Zaida Capote, Luisa Campuzano, Danae Diéguez, Lirian Gordillo, Helen Hernández y Laidi Fernández de Juan, se solidariza con la ex esposa de Santiesteban  -de la que curiosamente no se menciona su nombre, Kenia Rodríguez-  y llama “a las instituciones y organizaciones cubanas a que se pronuncien sobre este caso en particular y también acerca de la violencia contra la mujer en nuestra sociedad”.
Así, luego de tanto esfuerzo por aclarar que el proceso judicial que envió a la cárcel al escritor por una riña ocurrida hace casi cuatro años, no tuvo motivaciones políticas ni la intención de represaliarlo por disidente, todo el que abrigue alguna duda al respecto, queda como machista y misógino empedernido. Amén de quedar señalado como proclive a ser manipulado por “la contrarrevolución”. ¡Y ya usted sabe lo que significa eso en la UNEAC!
¿Sabrán las firmantes  de las frecuentes palizas, atropellos e insultos sexistas que reciben las Damas de Blanco y otras opositoras  de parte de los segurosos y los porristas de las brigadas de respuesta rápida en los también frecuentes mítines de repudio?
Deben saber algo de estos mítines de repudio. Al menos una de las firmantes, Laidi Fernández de Juan, hace unos años, en el periódico Juventud Rebelde, calificó de “repudiables” estos progroms.
¿Se habrán enterado de que hace solo unas semanas, en Santa Clara, la opositora Iris Tamara Aguilera,  dirigente del movimiento femenino “Rosa Parks”, recibió fuertes golpes en la cabeza cuando fue proyectada contra la acera por un esbirro y fue maltratada en el hospital donde la condujeron por ser “contrarrevolucionaria”?
¿Conocerán del caso de Sonia Garro, una opositora que está presa hace más de un año, sin juicio, y que al ser arrestada en su casa, en Marianao, durante un aparatoso y violento operativo policial, fue herida con un proyectil de goma en una pierna?
¿Habrán tenido todos estos hechos en cuenta cuando redactaron su llamamiento y habilitaron una dirección electrónica para recoger firmas contra el abuso de género?
¿Estarán dispuestas a combatir la violencia contra las mujeres absolutamente en todos los casos?
Si es así, independientemente de la situación de Santiesteban,  seguro que recogerán muchas firmas más.

 Publicado por Cubanet



uneac
uba actualidad, Arroyo Naranjo, La Habana, (PD) No dejan de desconcertarme los escritores de la UNEAC, con sus poses de liberales a la hora de creer en la apertura del régimen y sus murumacas y acrobacias para no arriesgar sus premios, viajes y publicaciones.
Con el encarcelamiento de Ángel Santiesteban en circunstancias bastante dudosas, no esperaba una protesta de los escritores de la UNEAC, ni siquiera de los que posan de más osados. Eso hubiese sido pedir demasiado de ellos. Pero suponía que al menos sus amigos, como Eduardo Heras León, que hasta hace unos años proclamaba orgulloso que Santiesteban era "uno de sus muchachos" del Taller Narrativo "Onelio Jorge Cardoso Cardoso", y Laidi Fernández de Juan, que lo consideraba de sus amigos más queridos, si no protestaran, al menos lo lamentaran.
Pero, ¡oh, sorpresas, milagros y birlibirloques de la cultura oficial!, he aquí que sí hubo una carta del poeta Rafael Alcides –uno de los pocos dignos- y notas de apoyo y firmas a favor de Santiesteban; y entonces fue precisamente Laidi Fernández de Juan una de las ocho intelectuales que firmaron un llamamiento contra la violencia de género, en el que el caso de Santiesteban parece ser el epítome del abuso masculino contra las féminas, y el sistema judicial cubano queda libre de toda sospecha, excepto la de haberse quedado corto en la sentencia de cinco años de cárcel.
En otros tiempos, se hubiesen escuchado los gritos de ¡paredón, paredón!
El documento, firmado por Sandra Álvarez, Marilyn Bobes, Zaida Capote, Luisa Campuzano, Danae Diéguez, Lirian Gordillo, Helen Hernández y Laidi Fernández de Juan, se solidariza con la ex –esposa de Santiesteban y llama "a las instituciones y organizaciones cubanas a que se pronuncien sobre este caso en particular y también acerca de la violencia contra la mujer en nuestra sociedad".
Así, todo el que ose dudar del proceso sin motivaciones políticas ni ánimo de vendetta que envió a la cárcel al escritor-abusador, queda como machista y misógino empedernido.
¡Y yo que esperaba, iluso que soy, que al menos con papá Retamar, el poeta--comisario-presidente con gorra bolchevique de la Casa de las Américas, en la intimidad del hogar, Laidi Fernández se quejaría y lamentaría que Santiesteban estuviese en la cárcel a ver si papito no se ponía calibánico, se condolía y podía hacer valer sus influencias "allá arriba"!
¿Sabrá Laidi Fernández de Juan –que dice ser "tan devota a la revolución como ácida en sus críticas"- de los frecuentes golpes y empellones que reciben las Damas de Blanco y otras opositoras de los segurosos y los porristas de las brigadas de respuesta rápida en los también frecuentes mítines de repudio que ella misma en alguna ocasión ha calificado de "repudiables"?
¿Se habrán enterado ella y las demás firmantes del llamamiento de que hace solo una semana, en Santa Clara, la opositora Iris Tamara Aguilera recibió fuertes golpes en la cabeza cuando fue proyectada contra la acera por un esbirro del MININT?
¿Habrán tenido estos hechos en cuenta cuando redactaron su llamamiento y habilitaron una dirección electrónica para recoger firmas contra el abuso de género?
Hace varios años, en una entrevista con el propio Ángel Santiesteban (revista El Cuentero, no.6, 2008), Laidi Fernández de Juan dijo no compartir el criterio de que entre los escritores no puede existir la amistad. "Lo que sucede es que a veces creemos que alguien (sea escritor o no) pertenece a ese círculo de amigos y luego descubrimos que es miserable, repugnante e hijo de puta. Pero eso no tiene nada que ver con la literatura", aclaró.
¿Será eso lo que le ocurrió con Ángel Santiesteban? ¿No habrá pesado más el temor de que la relacionaran con un disidente?
El caso de Santiesteban, bien confuso y contradictorio, se las trae. Muchos consideran que la Seguridad del Estado utilizó como pretexto el incidente con su ex esposa –que se llama Kenia Rodríguez por si no lo saben las autoras del manifiesto que se solidarizan con ella sin nombrarla- ocurrido hace cuatro años, para represaliar a Santiesteban por su vinculación a Estado de Sats.
Si eso es así, uno se pregunta, ¿y por qué precisamente a él? ¿Acaso es el más crítico de todos los blogueros? ¿Pretenden dar un escarmiento en la UNEAC? ¿Valdría la pena para el régimen, precisamente ahora que pretende simular cierta apertura, pagar el costo político de enviar a la cárcel a un escritor que ganó hace unos años el premio Casa de las Américas con el libro "Dichosos los que lloran"?
He escuchado a algunos intelectuales que sospechan si a Ángel Santiesteban la Seguridad del Estado no le estará creando una leyenda de súper disidente con este encarcelamiento. "Aquí ya no se sabe quién es quién", murmuran. Y así, además de hacerse los listos, justifican su miedo de meterse en este lío y quedar como machistas. Y puede que hasta tengan razón. Nunca se sabe...
Para Cuba actualidad: luicino2012@gmail.com

Publicado en Primavera Digital

24 de marzo de 2013

Rafael Alcides acerca de la Novela Oficial contra Ángel Santiesteban

Les presento aquí el artículo que publicó en Penúltimos Días el escritor y poeta Rafael Alcides sobre la farsa judicial montada a Ángel Santiesteban con el único y escondido objetivo de silenciar su voz crítica y condenatoria sobre la dictadura castrista.

Pido a los lectores que lean este artículo sabiendo que Rafael se expresa por la vía irónica pero sin quitarle un ápice de verdad a lo que dice sobre Ángel, el horrible antihéroe en que pretenden convertirlo, el falso testigo y la manipulación judicial y de los personeros y los escribidores de la infamia que tan bien supo comprar el régimen para ejecutar y "legitimar" tan sucio objetivo.

La aclaración la creo necesaria por las múltiples reacciones que provocó su primer artículo sobre el tema y que ya se ocupó de aclarar él mismo en otro artículo y que con tan mala saña fue utilizado por las Escritoras de la Infamia nucleadas en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) para criminalizar a su colega (y amigo en muchos casos) y convertirlo en el ejemplo del hombre machista, abusador y violento al que solo deberían reconocer en el dictador Castro, sus esbirros y aquellos hombres que lamentablemente sí son violentos con las mujeres en Cuba y cada día persiguen y golpean brutalmente a las Damas de Blanco y a otras valientes y pacíficas opositoras a lo largo y ancho de toda la isla.

Resta decir que también existe -lamentablemente- un número grandísimo de hombres que practican la violencia doméstica y de género. Contra estos hombres entre los cuales se encuentran destacados integrantes de la nomenklatura, jamás la Justicia ha hecho nada; pareciera como si hubieran asumido que la violencia contra la mujer y el machismo son ingredientes del folclore nacional. 
El Editor

 

Acuse de recibo: Rafael Alcides vuelve sobre el “caso Santiesteban”





CONSIDERACIONES ELEMENTALES SOBRE EL CASO SANTIESTEBAN

Por Rafael Alcides

Un novelista que quisiera escribir la compleja y diversa novela que se insinúa detrás del abultado “caso Santiesteban”, podría empezarla por la presumible cara de susto que debieron de poner los pobrecitos magistrados que fallaron en dicho proceso al conocer los hechos que juzgarían. La saco por mi propio susto y por el que a todas luces, sobrepuestas ya por fortuna, llevó a las Damas de la UNEAC a manifestar su cólera. El laureado escritor Ángel Santiesteban, Premio UNEAC, Premio Juan Rulfo, Premio Casa de las Américas, y a quien en lo físico sólo le faltaría el caballo para parecer un todopoderoso vaquero de rodeo (El Novelista no podría no describir a su personaje), amenazó de muerte a su ex mujer, le pegó, la amarró para violarla con comodidad y le prendió fuego a la casa.

Yo, que al principio lo creí riña magnificada, discordia, desacuerdo de amantes de los que tan a menudo suelen alimentarse los grandes amores mientras duran (y al respecto escribí unas líneas de las que no me arrepiento), al conocer en detalle los hechos o supuestos hechos (El Novelista deberá investigarlos y tomar posición), me dije: este no es el Ángel que yo conozco. No lo es. Y buscándole explicación al indudable fallo de los magistrados, hasta se me ocurrió pensar en brujería. ¿No habría sido Ángel víctima de un bilongo, uno de esos “daños” de los que se ocupaban los hechiceros de la serranía de Guantánamo en los tiempos de mi niñez? También El Novelista se lo preguntaría, pero al dar con cierto video bajado de Internet acaso dejaría de buscar en el Más Allá.

Inquietado por las desconcertantes mutaciones en la conducta del protagonista del mencionado video y principal testigo de cargo de la ex esposa de Ángel Santiesteban, escudriñaría en el misterio de este hombre joven, apuesto, locuaz y buen expositor quien al parecer apiadado de sí mismo se desdice en el video de sus primeras declaraciones en la estación de policía contra Ángel. Arrepentimiento nada extraño, pensaría El Novelista, que ha leído a fondo a Dostoievski, pero que ahora lo llevaría a quedarse en blanco cuando sepa que a posteriori, en el acto del juicio, este mismo joven locuaz y generoso hasta la opulencia en los detalles que en la filmación parece estar borrando sentimientos de culpa que no lo dejaban dormir, de repente, así como cambiado de repente por un clon, como si un poder más grande que el de todos los brujos de mi infancia se hubiera puesto a pesar sobre su cabeza, volvió a ser el testigo fundamental de la parte acusadora, el enemigo de Ángel.

Tal vez imagine entonces El Novelista que bien pudo ser la piedad un protagonista de número en el Caso, y acaso no se equivoque. Como no es El Novelista persona que crea en la maldad a priori, tal vez disculpe a la ex de Ángel imaginándola una de esas almas poéticas que terminan creyéndose y jurando con la mano puesta en la candela lo que inventaran en uno de esos raptos en que cualquiera de nosotros, fantasioso o no, daríamos media vida por poder transformarnos en artefactos nucleares, lo cual explicaría el afán de la Ex por borrar a su Ex de la memoria de las personas bien nacidas. Pues si a algo se parece la vida es a las novelas radiales. No en vano en Cuba Félix B. Caignet ha sido a veces tan medicinal como la Virgen de la Caridad.

Vistas así las cosas, acaso se detenga El Novelista en el oficial policiaco que según el joven del video empezó a visitar a la Ex después de su denuncia en el precinto y con frecuencia empezó a quedarse a dormir en la casa. En ese caso, a lo mejor le diera al Novelista por crear una inoculación mutua entre ambos personajes. Ella le pasó los bacilos contra Ángel y él a ella los que cabría esperar en un policía que no nació mañana. Pero no compliquemos al Novelista. Supongamos que ha dejado al oficial oyendo a pie de obra los relatos de la acusadora sobre sus días infelices con Ángel, cuitas que tanto y de tal manera lo apiadaron que no pudo evitar contagiarle su piedad a los funcionarios encargados de incoar el sumario del caso, esta solución le permitiría al Novelista explicar la parte de piedad que parece haber decidido el fallo de los magistrados de la Audiencia, en primera instancia, y luego el de los del Supremo.
Investigando como era su deber, podría El Novelista —sabiéndose por su oficio psicólogo de su época, el historiador mejor documentado de su tiempo no obstante valerse de aparentes ficciones para representarlo—, podría estar para entonces al tanto de que cuando años atrás, el joven y laureado escritor Ángel Santiesteban empezó a pensar por su cuenta, fue asaltado por unos entusiastas desconocidos que le partieron un brazo con fines pedagógicos. Por lo que podría sospechar El Novelista, puesto a identificar a aquellos educadores de la cabilla envuelta en periódico tan frecuente en los mítines de repudio pero sin lograr confirmarlo, fueron remanentes sueltos, a la deriva, al garete (pero negados a desparecer) de los viejos días anteriores al caso Elián, cuando las Brigadas de Acción Rápida salieron con el fin de recuperar la calle —tarea que, en efecto, sobre cumplirían estos destacamentos con un saldo discreto pero suficiente de huesos zafados, dientes perdidos, ojos sangrantes y fulanos por aquí y por allá cojeando durante semanas y alguno —es inevitable— quién sabe si para toda la vida.
Al Novelista, no le gustarían estos métodos. A mí tampoco. Empero, antes de juzgarlos, debería El Novelista hablar con quienes los han practicado. Tampoco entonces los aceptaría, pero al menos comprendería a esas devotas personas. O han peleado, y a veces vertido su sangre en las numerosas guerras de ultramar libradas por el gobierno cubano en sus primeros treinta años en el poder o han elaborado con cuanto fue dicho o hecho por su gobierno una mística tan poderosa que no les cabría en la cabeza el que pueda existir alguien en la tierra, la mar o el cielo que no comparta la idea de sus dirigentes. Ni aun en el cielo. “Son herejes”, me decía uno de ellos una vez. Otro me dijo: “Yo los mataría a palos”, y otro que fuera muy católico, tal vez pensando en la caldera del infierno, con los ojos humedecidos y la pasión de un árabe que ha visto atacada su fe, me dijo hace veinte años apretándome una mano con fervor y mirándome fijo fijo en una mesa ante dos cervezas: “Yo sin ponerles un dedo encima los dejaría caer desde una azotea bien alta en una piscina llena de aceite hirviendo”. No había crueldad en el corazón de estos devotos sin embargo. Había amor, había lealtad y amor más allá de la muerte para el proyecto de gobierno que constituía la razón de su vida, sus médulas que han gloriosamente ardido por decirlo con el poeta.

En una declaración en Internet, el doctor Vallín, hombre de honor y prestigioso abogado, denuncia que en el juicio contra Santiesteban no se le permitió presentar testigos, alega que la defensa fue obstruida, menciona leyes que no fueron tenidas en cuenta por la sala. Si bien no las justificarían, las razones de los devotos gubernamentales expuestas en el párrafo anterior le permitirían al Novelista comprender las irregularidades observadas por el doctor Vallín. La piedad ya dicha de un lado, y del otro lo que para esos doctos varones de toga y birrete debió de representar el librepensador Ángel Santiésteban vivo aún, fue demasiado. Y fallaron.

Por supuesto —y El Novelista lo sabe—, esta mezcla de sentimentalismo y lealtad gubernamental que en nuestra Isla tiene razones para funcionar en el empleado del camión de la basura que ha visto a su hijo bajar de la universidad con un título de doctor, no convencería en el extranjero. No podría. Esa curiosa gente de Afuera ve las cosas de otro modo. Ellos todavía hablan de contrato social y cosas así. Es por eso por lo que desde el principio di en suponer —o mejor, di en creer, en estar seguro—, que el gobierno del General de Ejército Raúl Castro, velando por la buena imagen de su administración en este momento excepcional de su historia, le haría justicia al escritor Ángel Santiésteban. No permitirá que este caso, pensé (y espero que conmigo lo crea el hipotético Novelista), vaya a convertirse en otra cosa. Pues cualquier persona, por humilde que sea (o lo parezca) puede ser, empero, el comienzo o el fin de una época. Pensar en el desconocido aquel que en Sarajevo le salió al paso a un coche.

Por último (segundo final posible: a escoger), parecería decir El Novelista, oblicuo, sin que lo parezca, en su acostumbrado subtexto (y si no lo dijera él, lo estoy diciendo yo ahora para que no se me vuelva a malentender), por último, damas y caballeros, basta ya de repetir episodios, de dimensión distinta pero en esencia semejantes al de Cristo, Herodes y los fariseos de aquel tiempo.

En La Habana, a 19 de marzo del año 2013

Publicado por Penúltimos Días

19 de marzo de 2013

Aclaración oportuna acerca de más infamias contra Ángel Santiesteban



Carta del Editor



Creo imprescindible explicar algunos asuntos a todos los lectores del blog y a todas aquellas personas de bien interesadas por la suerte de Ángel Santiesteban, injustamente encerrado en una prisión castrista a raíz de unas acusaciones falsas hechas por su ex mujer. Como ya se ha difundido internacionalmente, tras un juicio amañado y sin ningún tipo de garantías, se le condenó a cinco años de un encierro que, dicho sea de paso, lleva con una dignidad a toda prueba. Y esa dignidad es lo que más fastidia al régimen y a los que han decidido aplastar el prestigio nacional e internacional ganado en estos años por Ángel Santiesteban.

A lo largo de más de cinco décadas, el mundo ha sido testigo de cómo la dictadura silencia a sus críticos. Una de esas tácticas, aprendida de la experiencia criminal de la policía política de Hitler y trasmitida a los servicios de seguridad del Estado rusos y del antiguo campo socialista, es la criminalización de los opositores, fabricando falsas acusaciones para acabar con la reputación y la credibilidad de los mismos. Ángel, como todos sabemos, no es el primero y lamentablemente no será el último si no se les para los pies a estos terroristas disfrazados de humanistas que dirigen hace 54 años los destinos de Cuba y ahora, también, los del resto de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), gracias a los rejuegos sucios, la hipocresía y el oportunismo de los políticos que votaron para que un dictador, que viola sistemáticamente todos los Derechos Humanos, sea quien presida dicho organismo. Con este gesto, no solo entregaron su dignidad, sino que sentenciaron de muerte a la libertad y a la democracia en el continente.

Bajo este estado de cosas no es de extrañar que Calixto Martínez y Ángel Santiesteban se encuentren en prisión y que asistamos al silencio cobarde de quienes deberían pronunciarse con contudencia. Podría mencionar otros nombres de una larga lista de presos políticos injustamente encarcelados hoy en Cuba. Pero menciono a Calixto y Ángel porque “osaron” expresarse con libertad, informar, denunciar..., armas de paz que la dictadura teme más que a nada. Y por eso, cuando la censura dejó de ser una herramienta efectiva para acallar sus voces, optaron por el encierro: Calixto sin juicio y Ángel con un juicio amañado.

La línea de conducta de Ángel ha sido bien clara con respecto a su condena. Pide justicia, pide la revisión de su juicio con todas las garantías procesales a través de la independencia que el poder judicial debe tener con respecto al poder político en cualquier Estado de Derecho, cosa que todos sabemos no existe desde hace décadas en Cuba. Ángel demostró su inocencia por todas las vías, pero el tribunal desestimó todas sus pruebas y a todos sus testigos con burdas maniobras que sus abogados han denunciado en los necesarios documentos legales.

Los ciudadanos de la isla jamás recibieron información sobre el proceso. Y en la misma Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) dijeron desconocer la causa y la situación de Ángel cuando fueron llamados por MartíNoticias (presten atención al video a partir de 1.05 min hasta 2.12 min). La funcionaria que se presenta como Margarita y que recibe la llamada asegura que la institución está totalmente al margen y dice desconocer lo que sucede a uno de sus miembros más destacados: Ángel Santiesteban.

Sin embargo, como por arte de magia, días más tarde aparecen ocho escritoras de la UNEAC a hacer gala de esa “ignorancia” utilizando justamente la condena de Ángel como arma arrojadiza para defender los derechos de las mujeres y luchar contra la violencia machista. Lo curioso es que esta “Campaña” emancipadora ocurra en momentos en que el mundo se aterraba ante las noticias de golpizas, encarcelamientos, desatenciones médicas luego de golpizas por razones políticas a otras mujeres de la oposición cubana. Y tampoco es un detalle nimio que a estas “intelectuales por la dignidad” se les olvidó pedir respeto para las Damas de Blanco, violentadas, insultadas, encarceladas y acosadas cada día solo por reclamar libertad portando un gladiolo en la mano.

La pregunta obligada es: ¿cómo estas intelectuales, una de ellas miembro del ejecutivo de esa institución, que no sabían nada de la causa contra Ángel, de repente están tan bien informadas que se atreven a pronunciarse públicamente contra su colega –y, en muchos casos, amigo- Ángel?

Tengo muy clara la respuesta: son personeras y escribidoras del dictador, que saben muy bien todos los pormenores del caso porque cada día sin excepción entran a visitar el blog desde UNEAC, desde el MINED y desde otros sitios oficiales donde trabajan como personas “confiables” del régimen.

La mentira tiene patas muy cortas y más aun en la era digital donde todo, absolutamente todo, deja su huella.

Estas señoras saben perfectamente la situación de Ángel y del penoso proceso que viene padeciendo desde hace años, pues se nutren de la propia fuente, el blog Los hijos que nadie quiso, donde están absolutamente todos los elementos y las pruebas para conocer la realidad y concluir fácilmente que se está frente a una manipulación política para acallar a una voz molesta para la dictadura.

Es vergonzoso escuchar los cuentos que nos llegan desde Cuba, en las que muchas y muchos de esos firmantes, en la intimidad, confiesan a sus amigos que conocen bien la injusticia pero no se atreven a enfrentarse a ella, a levantar la voz como debieran o incluso, como murmuran unos cuantos, a negarse a firmar algo hasta que no pongan ante sus ojos todas las evidencias del supuesto crimen. Han firmado, y eso basta. Sienten que han superado esta prueba, una más en sus miserables vidas, y saben que vendrán más y que, como escribió en un mensaje uno de los más cínicos, “quién la va a notar una raya más al tigre”.

La naturaleza de los chivatos, los cubanos bien lo sabemos, es chivatear, tender puentes entre la orilla permitida y la orilla prohibida, de modo que algún día puedan decir: hice lo que pude, y gracias a esos puentes he ido recibiendo información de lo que comentan los oficiales de la Cultura con respecto a la situación de Angel: andan rumoreando qué cómo es posible que Angel escriba más ahora que cuando estaba en libertad.

En eso no hay secreto: Ángel jamás dejó de escribir; ni lo hará. No solo dejó material para ir publicando durante su “ausencia”, si no que en la prisión sigue escribiendo, cumpliendo así lo que él mismo dijo, que nada ni nadie ni ninguna circunstancia o la prisión harán cesar su necesidad de comunicar lo que él cree que es lo mejor para los suyos y para su país.

Así que, igual que no negocia sus principios, no pierde el tiempo y no para de escribir, en cada visita entrega muchos manuscritos, y en numerosas ocasiones se ha visto obligado a dictar por teléfono respuestas que no admitían demora a las afrentas tan desleales que sufrió.

Por si los escribidores del dictador no lo saben, según los convenios internacionales firmados por la dictadura, las llamadas telefónicas son un derecho que aún conservan los prisioneros en Cuba. Cuesta creer que les permitan ejercerlos, pero sí, todavía Ángel conserva ese derecho y espero que siga siendo así.

Me atrevo a sugerirles a los escribidores y personeros del tirano que en lugar de cuestionar cuánto escribe o no Ángel, se preocupen por cuidar sus retaguardias: hay muchas filtraciones entre ustedes; filtraciones que prueban claramente que incluso muchos de los partícipes de la infamia están contra ella, aunque no tengan el valor de denunciarla públicamente; filtraciones que demuestran, una vez más, lo que ya se sabe: Cuba es un país de máscaras. Cuantas más grietas haya, más cerca el final.

Y les pregunto, “Intelectuales de la dignidad”, simples personeras del régimen: ¿por qué no se pronunciaron contra la inocencia de Ángel, o lo que es lo mismo, por su culpabilidad, cuando él aún estaba libre y podía responderles cara a cara? Los ojos son la ventana del alma y ustedes, señoras mías, no tienen alma. El hecho de atacar a un ser humano encerrado tras las rejas es un signo de indudable cobardía y bajeza. ¿No les enseñaron de pequeños que no se debe hablar mal de nadie a sus espaldas?

Me gusta mirar al futuro y allí las veo. Me gustaría saber si han mirado cómo se derrumba el país a su lado, cómo ya la gente no cree en las consignas, cómo cada día que pasa los cubanos apostamos más por un país distinto, pero sobretodo cómo la dictadura para sostener su poder tiene que recurrir a la represión y a acciones indignas como esta en la cual ustedes han sido protagonistas. Las acciones de hoy traen consecuencias en el mañana, no lo olviden. Y una cosa bien distinta, incluso respetable, es haber tenido miedo y haberse callado, y otra es haber sido colaborador de una dictadura. Es una de las manchas que no se quitan jamás como lo demuestran las experiencias de las dictaduras latinoamericanas (esas dictaduras de derecha) y las dictaduras del antiguo campo socialista (esas dictaduras de izquierda).

Por último, quiero denunciar que apenas habían pasado 48 horas del ingreso a prisión de Ángel Santiesteban comenzó una clara campaña de acoso sobre mi persona.

Antes no necesitaron poner escuchas en mi teléfono porque escuchaban cuando llamaba a Ángel. Ahora, cuando ya eso no es posible pues Ángel sólo puede hacer llamadas dentro de la isla y no pude recibir ninguna, no les alcanzó con intervenirme el teléfono - que tuve que cambiar enseguida de número. “Sospechosamente” mi señal de wifi, que tenía codificada como las normas de seguridad exigen, ha sido hackeada, abierta y le han cambiado el nombre. Y también “sospechosamente” el blog Los hijos que nadie quiso ha sido hackeado y han eliminado la entrada más molesta: la que presentaba el video donde el testigo falso relataba cómo fue “contratado” para tal sucia misión. ¡Qué casualidad!

Ya está restituido el orden en mi teléfono, en mi señal y en el blog. No se cómo no se les ocurre pensar que ante tantas maniobras burdas y simultáneas saltan todas las alarmas. Ni de esbirros saben trabajar.

¿Alguno de estos personeros y defensores de la infamia podría explicarme esta última pregunta?: si se trata, como ellos dicen, de una denuncia verdadera, de un juicio con todas las garantías y de una condena justa, ¿por qué entonces necesitan “reafirmarse” atacando al inocente que ya está encerrado y vulnerando la privacidad de su representante en tierra libre?

Cada paso que dan en este sentido no hace si no ratificar la inocencia de Ángel.

14 de marzo de 2013

Ángel Satiesteban se portó como una dama

 

Por  Camilo Venegas Yero

Cada vez que algunos miembros Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) se han visto en la necesidad de firmar algún documento en apoyo al régimen, lo han hecho por docenas. Incluso en el caso más grave, donde insistían en la necesidad de fusilar a dos jóvenes negros, no fueron pocos.
Llama la atención que para “Tod@s contra la violencia” (a propósito de la sentencia contra el escritor Ángel Santiesteban) —tanto la arroba como el paréntesis son del documento original— solo se prestaran 8 mujeres: Sandra Álvarez, Marilyn Bobes, Luisa Campuzano, Zaida Capote, Danae Diéguez, Laidi Fernández de Juan, Lirians Gordillo y Helen Hernández.
No cabe la menor duda de que el "espontáneo manifiesto” (estas comillas sí son mías) no es más que una maniobra del régimen, en apuros por el enorme apoyo internacional que ha recibido Ángel Santiesteban, quien guarda prisión tras un juicio exageradamente irregular y manipulado.
Hay mil maneras de responder a la perversidad que se esconde detrás del discurso “solidario y liberador” (las comillas otra vez son mías) de estas 8 escritoras. Pero es innecesario. Desde la cárcel de La Lima, en Guanabacoa, el propio Ángel se ocupó de refrescarles su mala, terrible, memoria.
“Resulta paradójico que dichas escritoras que con tanto énfasis rechazan la violencia contra la mujer, parapetándose en las falsas acusaciones que se me imputan y esgrimiendo conjeturas sobre mi proceso, no hayan alzado su pluma ni una sola vez, para rechazar o denunciar las graves y constantes violaciones físicas y morales que han sufrido y sufren las Damas de Blanco, símbolos de valor y resistencia pacífica en Cuba”, escribe Ángel.
Todo lo que digan o hagan de ahora en adelante estas 8 damas (que también lo son y como tales deben ser tratadas), carecerá del más mínimo valor si antes no tienen la delicadeza y, sobre todo, la decencia de también defender a esas cubanas que han sido vejadas hasta lo indescriptible por una maquinaria represiva exageradamente machista.
Invito a las firmantes de “Tod@s contra la violencia” a pasar por el blog de la Seguridad del Estado de Cuba, para que tomen nota de todos los comentarios sexistas que contiene. Las Damas de Blanco y Yoani Sánchez son tan mujeres como ustedes y tan cubanas como ustedes. ¿O acaso pensar diferente les quita esos derechos?
Estoy orgulloso de Ángel Santiesteban, porque frente a un ataque tan cobarde se portó como una dama.

Publicado en El Fogonero