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5 de abril de 2013

Diario en la cárcel X. A Los 5 (sibaritas) no les gusta el pollo


Dieta alimenticia


Los presos que me acompañan en esta barraca aseguran que leyeron en el periódico Granma que los 5 espías condenados en E.U, se quejaron porque sus carceleros les habían ofrecido pollo en dos ocasiones. Es decir, protestaban porque les repitieron el menú.

Cuando estaba libre, siempre que recibía estos comentarios que me parecían absurdos, de inmediato buscaba la forma de encontrar alguien que me prestara internet para verificarlo. Ahora, en las condiciones en que sobrevivo en esta prisión es imposible verificar nada.

Lo cierto es que me causa risa la forma con que los presos que me acompañan me hacen llegar la noticia. La he escuchado en varias ocasiones y siempre tengo que reírme: esa repetición de pollo de la que se quejan los espías sería motivo de fiesta para los reclusos en este penal.

Algunos viernes, como día festivo, entregan un cuarto del cuarto de pollo que normalmente se reconoce como tal. Ese día se llena el comedor. El resto de los días es preferible hacer huelga de hambre. Yo mismo, por ejemplo, llevo cinco días sin ir al comedor. Prefiero sobrevivir con las galletas y el pan tostado que me hace llegar mi familia y que conservo como un tesoro dentro de un saco.

También he leído declaraciones de Ángel Carromero, el político español que conducía el carro en el que perdimos a Oswaldo Paya y Harol Cepero. Dice que sus seis meses de encarcelamiento en Cuba le han bastado para dejarlo traumatizado y necesitar ayuda médica.

Habría que recordar que Carromero estaba recluido en una cárcel especial para extranjeros, que contaba además con la supervisión de la embajada y el tratamiento obvio de la policía política para “endulzarlo”, de modo que la versión real de lo sucedido ese funesto día no saliera a la luz.

Habría que preguntarse, independientemente de que cualquier cárcel, donde quiera que esta se encuentre, es siempre difícil de enfrentar y soportar, ¿qué dejaremos para los que están hacinados en cárceles infrahumanas, con alimentación casi inexistente y con el peso adicional de saberse mal procesados por la justicia?

Nada, que tanto los 5 espías como Carromero desconocen lo que es en verdad una cárcel







Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima. Abril de 2013


3 de abril de 2013

Diario en la cárcel IX. Un pueblo que evita a su gobierno

Las prisiones tienen abarrotadas sus barracas de presos que en su mayoría han cometido el delito de “malversación”. Han sustraído los bienes del Estado, que según la “legalidad socialista”, son del pueblo, bienes públicos que administran los hermanos Castro desde hace más de cincuenta años, por lo que han sumido al país en la más total pobreza.

Una contradicción: si los bienes son del pueblo, y éste, por hambre, toma parte ínfima de su propiedad, no comete delito, por lo tanto no habría que sancionarlo.

De todas formas eso solo queda en la teoría; en la práctica cumplen condena por ello, mientras se quejan por la falta de posibilidad de subsistir de su trabajo.

“Si no tomo lo que considero que me he ganado por mi esfuerzo, no puedo alimentar a mi familia. En mi caso lo hice porque pretendía comprarle un par de zapatos a mi hija por sus quince cumpleaños”, me dice un señor con los ojos llorosos. Otro se acerca para decirme que está preso por vender una antena parabólica, solo el plato, no el receptor, y abre los ojos como si observara un abismo. “exageraron en el registro que hicieron en mi casa. Con un vecino, por droga, no fueron tan exhaustivos; en mi caso, porque los enferma la información, las imágenes de libertad al pueblo les preocupa”.

Gran parte de esta masa de “malversadores”, son directores de empresa, compradores, almaceneros…, todo aquel que tenga al alcance de su mano cualquier artículo que sirva para vender, comprar, alquilar, y le reporte beneficio que luego sirva para adquirir los elementos vitales para la vida de sus hijos.

En una sociedad que se corroe, se desgata, donde sus jóvenes, los hijos que nadie quiso, solo piensan en abandonar el país o robar y sobrevivir, es lógico que las cárceles estén sobrepobladas con pésima alimentación.

La dictadura hace caso omiso al reclamo de una sociedad de tener un orden político y económico que le ofrezca a sus ciudadanos, sobre todo a los jóvenes, una realidad que les garantice un presente y futuro próspero.







Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima. Marzo de 2013

29 de marzo de 2013

Diario en la cárcel VII. Mi vida en un relato


Por estos días he leído el libro Felicidad obligatoria del escritor rumano Norman Manea, deportado en su infancia junto a su familia a un campo de concentración ucraniano, y me ha llamado poderosamente la atención cómo el autor describe magistralmente una historia cotidiana en los gobiernos totalitarios: la policía política rumana apresa a una artista que colabora con la oposición y la somete a continuas sesiones de tortura, un ritual constante día y noche, en un intento de llevarla a la locura. Aplica las técnicas de la vieja escuela de la KGB, asesorada por todo el campo socialista, incluyendo a Cuba, por supuesto.
 
En la primera historia del libro, cautivadora desde el comienzo, “El interrogatorio”, el personaje oscuro de la policía política -caracterizado soberbiamente- después de torturar brutalmente a su víctima, dice:

Quizás te soltemos. Aunque también podría condenarte. No necesariamente por delitos políticos. Buscaremos otra cosa. Todavía no hemos decidido. He sido franco contigo. No te engañes, no siempre soy sincero (…) La libertad del trabajo, la libertad de amor, la libertad de creación. ¿Bonito, no? Es normal que los artistas se vuelvan, por todo lo que son y sobre todo por lo que no son, rebeldes.
En definitiva, el artista es un precursor o un rezagado.
Sea lo que fuere, es un ser fuera de lo corriente. No ha encontrado un lugar, su tranquilidad y su armonía. No se ha entendido en su profesión, su familia y las leyes; ha elegido una forma por completo distinta de vanidad. El arte, ciertamente, tiene como punto de partida la apariencia de una dislocación, una inadecuación, un desarraigo. Pero alimentado……
(…) Se ha comprobado, se ha confirmado. Que estéis siempre en la oposición, quiero decir. La libertad (…) Es normal que estéis junto a todo los desposeídos (…) Al final, los libros se llenan allí.”

Norman Manea, como un profeta, escribió parte de mi realidad más inmediata, o simplemente dio testimonio de las tantas veces que padecieron las persecuciones, la tortura y castigo en su país. Lo único que conozco del socialismo. Y que siempre coincide aunque nos separen los continentes y el tiempo: la misma manera de acallar las voces disonantes.

Sólo pido una oda para Norman Manea.







Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima. Marzo de 2013

25 de marzo de 2013

Diario en la cárcel V. El frío marzo

El neurólogo y psiquiatra austríaco Viktor E. Frankl, en su libro “El hombre en busca de sentido”, en el que plasmara su experiencia como prisionero en los campos de concentración nazis por su condición de judío, asegura: “Considero un concepto falso y peligroso para la higiene mental dar por supuesto que lo que el hombre necesita ante todo es equilibrio o, como se denomina en biología “homeostasis”; es decir, un estado sin tensiones. Lo que el hombre realmente necesita no es vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena. Lo que precisa no es eliminar la tensión a toda costa, sino sentir la llamada de un sentido potencial que está esperando que él lo cumpla”.

Sus palabras definitivamente definen, apuntalan y resumen mi actual existencia. Vivo mis días respondiendo al llamado de mi conciencia, dándole respuesta a mi necesidad de trabajar para conseguir el cambio político en mi país que devuelva la esperanza a los cubanos y termine con el sacrificio de las familias de ver a sus hijos partir a otras tierras buscando mejores condiciones.

Más adelante asegura Viktor E. Frankl: “(...) lo que importa no es el sentido de la vida en términos generales, sino el significado concreto de la vida de cada individuo en un momento dado. Plantear la cuestión en términos generales puede equipararse a la pregunta que se le hizo a un campeón de ajedrez: “Dígame, maestro, ¿cuál es la mejor jugada que puede hacerse?” Lo que ocurre es, sencillamente, que no hay nada que sea la mejor jugada, o una buena jugada, si se considera fuera de la situación especial del juego y de la peculiar personalidad del oponente. No deberíamos buscar un sentido abstracto de la vida, pues cada uno tiene en ella su propia misión que cumplir; cada uno debe llevar a cabo un cometido concreto. Por tanto ni puede ser reemplazado en la función, ni su vida puede repetirse; su tarea es única como única es su oportunidad para instrumentarla.”

A través de la lectura, de mi creación literaria y de mi devoción por expresarme en el blog, mis fuerzas se multiplican.

Estoy resuelto a continuar, sea cual fuese el sacrificio, para alcanzar nuestros sueños y que se den por terminada las luchas emancipadoras del siglo XIX, con el ideal martiano como bandera. No olvidemos que Dios conserva todas nuestras lágrimas.

No estamos lejos, mi olfato me dice que los acontecimientos vaticinan el cambio que por fin nos devolverá el significado de la vida, con la democracia como única puerta a una Cuba mejor.








Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima. Marzo de 2013

22 de marzo de 2013

Diario en la cárcel IV. Cuba: Legalidad urgente

El cubano es culpable hasta que demuestre lo contrario. Así funciona la justicia en el archipiélago. Si sospechan te detienen, luego investigan, y si no encuentran elementos para procesarte, de todas formas te envían a la cárcel por el beneficio de la duda.

De esa manera pululan los acusados en las penitenciarias, sin una prueba que amerite tenerlos en prisión. Personas que claman ser inocentes pero no siempre pueden probarlo, por ende, hasta tanto, serán condenadas.


Las sentencias “por convicción”  que los jueces determinan según su olfato y percepción son las que deciden si son culpables o no.


También, desde hace décadas, a través de los Jefes de Sectores, se entregan los nombres de los que deben ir a prisión porque se considera que son elementos delictivos y pudieran cometer fechorías, pero en realidad no lo son, quizás ni lo hayan pensado.


Hay casos en que los Jefes de Sectores, algo así como los dueños de los destinos de los convivientes donde radiquen o sean ubicados, han enviado a la cárcel a hombres con bellas esposas y, con la intención de separarlos y hacerlas asequibles a sus propósitos morbosos, les inventan esa clasificación de “peligro”; en otras ocasiones lo hacen para presionar a una hermana que se resiste a ser su amante, o simplemente porque un enemigo le paga un precio acordado para que se lo aparte del camino y ampliar su negocio al suprimirle la competencia.


En ocasiones los han elegido para incluirlos en la lista negra por una mirada que les disgusta o porque su rostro no les agrada, u otra impresión según su carácter o complejos de su personalidad.


Una injusticia que provoca diariamente la llegada de decenas de jóvenes que nadie quiere, a los jóvenes cubanos.









Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima, marzo de 2013

19 de marzo de 2013

Aclaración oportuna acerca de más infamias contra Ángel Santiesteban



Carta del Editor



Creo imprescindible explicar algunos asuntos a todos los lectores del blog y a todas aquellas personas de bien interesadas por la suerte de Ángel Santiesteban, injustamente encerrado en una prisión castrista a raíz de unas acusaciones falsas hechas por su ex mujer. Como ya se ha difundido internacionalmente, tras un juicio amañado y sin ningún tipo de garantías, se le condenó a cinco años de un encierro que, dicho sea de paso, lleva con una dignidad a toda prueba. Y esa dignidad es lo que más fastidia al régimen y a los que han decidido aplastar el prestigio nacional e internacional ganado en estos años por Ángel Santiesteban.

A lo largo de más de cinco décadas, el mundo ha sido testigo de cómo la dictadura silencia a sus críticos. Una de esas tácticas, aprendida de la experiencia criminal de la policía política de Hitler y trasmitida a los servicios de seguridad del Estado rusos y del antiguo campo socialista, es la criminalización de los opositores, fabricando falsas acusaciones para acabar con la reputación y la credibilidad de los mismos. Ángel, como todos sabemos, no es el primero y lamentablemente no será el último si no se les para los pies a estos terroristas disfrazados de humanistas que dirigen hace 54 años los destinos de Cuba y ahora, también, los del resto de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), gracias a los rejuegos sucios, la hipocresía y el oportunismo de los políticos que votaron para que un dictador, que viola sistemáticamente todos los Derechos Humanos, sea quien presida dicho organismo. Con este gesto, no solo entregaron su dignidad, sino que sentenciaron de muerte a la libertad y a la democracia en el continente.

Bajo este estado de cosas no es de extrañar que Calixto Martínez y Ángel Santiesteban se encuentren en prisión y que asistamos al silencio cobarde de quienes deberían pronunciarse con contudencia. Podría mencionar otros nombres de una larga lista de presos políticos injustamente encarcelados hoy en Cuba. Pero menciono a Calixto y Ángel porque “osaron” expresarse con libertad, informar, denunciar..., armas de paz que la dictadura teme más que a nada. Y por eso, cuando la censura dejó de ser una herramienta efectiva para acallar sus voces, optaron por el encierro: Calixto sin juicio y Ángel con un juicio amañado.

La línea de conducta de Ángel ha sido bien clara con respecto a su condena. Pide justicia, pide la revisión de su juicio con todas las garantías procesales a través de la independencia que el poder judicial debe tener con respecto al poder político en cualquier Estado de Derecho, cosa que todos sabemos no existe desde hace décadas en Cuba. Ángel demostró su inocencia por todas las vías, pero el tribunal desestimó todas sus pruebas y a todos sus testigos con burdas maniobras que sus abogados han denunciado en los necesarios documentos legales.

Los ciudadanos de la isla jamás recibieron información sobre el proceso. Y en la misma Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) dijeron desconocer la causa y la situación de Ángel cuando fueron llamados por MartíNoticias (presten atención al video a partir de 1.05 min hasta 2.12 min). La funcionaria que se presenta como Margarita y que recibe la llamada asegura que la institución está totalmente al margen y dice desconocer lo que sucede a uno de sus miembros más destacados: Ángel Santiesteban.

Sin embargo, como por arte de magia, días más tarde aparecen ocho escritoras de la UNEAC a hacer gala de esa “ignorancia” utilizando justamente la condena de Ángel como arma arrojadiza para defender los derechos de las mujeres y luchar contra la violencia machista. Lo curioso es que esta “Campaña” emancipadora ocurra en momentos en que el mundo se aterraba ante las noticias de golpizas, encarcelamientos, desatenciones médicas luego de golpizas por razones políticas a otras mujeres de la oposición cubana. Y tampoco es un detalle nimio que a estas “intelectuales por la dignidad” se les olvidó pedir respeto para las Damas de Blanco, violentadas, insultadas, encarceladas y acosadas cada día solo por reclamar libertad portando un gladiolo en la mano.

La pregunta obligada es: ¿cómo estas intelectuales, una de ellas miembro del ejecutivo de esa institución, que no sabían nada de la causa contra Ángel, de repente están tan bien informadas que se atreven a pronunciarse públicamente contra su colega –y, en muchos casos, amigo- Ángel?

Tengo muy clara la respuesta: son personeras y escribidoras del dictador, que saben muy bien todos los pormenores del caso porque cada día sin excepción entran a visitar el blog desde UNEAC, desde el MINED y desde otros sitios oficiales donde trabajan como personas “confiables” del régimen.

La mentira tiene patas muy cortas y más aun en la era digital donde todo, absolutamente todo, deja su huella.

Estas señoras saben perfectamente la situación de Ángel y del penoso proceso que viene padeciendo desde hace años, pues se nutren de la propia fuente, el blog Los hijos que nadie quiso, donde están absolutamente todos los elementos y las pruebas para conocer la realidad y concluir fácilmente que se está frente a una manipulación política para acallar a una voz molesta para la dictadura.

Es vergonzoso escuchar los cuentos que nos llegan desde Cuba, en las que muchas y muchos de esos firmantes, en la intimidad, confiesan a sus amigos que conocen bien la injusticia pero no se atreven a enfrentarse a ella, a levantar la voz como debieran o incluso, como murmuran unos cuantos, a negarse a firmar algo hasta que no pongan ante sus ojos todas las evidencias del supuesto crimen. Han firmado, y eso basta. Sienten que han superado esta prueba, una más en sus miserables vidas, y saben que vendrán más y que, como escribió en un mensaje uno de los más cínicos, “quién la va a notar una raya más al tigre”.

La naturaleza de los chivatos, los cubanos bien lo sabemos, es chivatear, tender puentes entre la orilla permitida y la orilla prohibida, de modo que algún día puedan decir: hice lo que pude, y gracias a esos puentes he ido recibiendo información de lo que comentan los oficiales de la Cultura con respecto a la situación de Angel: andan rumoreando qué cómo es posible que Angel escriba más ahora que cuando estaba en libertad.

En eso no hay secreto: Ángel jamás dejó de escribir; ni lo hará. No solo dejó material para ir publicando durante su “ausencia”, si no que en la prisión sigue escribiendo, cumpliendo así lo que él mismo dijo, que nada ni nadie ni ninguna circunstancia o la prisión harán cesar su necesidad de comunicar lo que él cree que es lo mejor para los suyos y para su país.

Así que, igual que no negocia sus principios, no pierde el tiempo y no para de escribir, en cada visita entrega muchos manuscritos, y en numerosas ocasiones se ha visto obligado a dictar por teléfono respuestas que no admitían demora a las afrentas tan desleales que sufrió.

Por si los escribidores del dictador no lo saben, según los convenios internacionales firmados por la dictadura, las llamadas telefónicas son un derecho que aún conservan los prisioneros en Cuba. Cuesta creer que les permitan ejercerlos, pero sí, todavía Ángel conserva ese derecho y espero que siga siendo así.

Me atrevo a sugerirles a los escribidores y personeros del tirano que en lugar de cuestionar cuánto escribe o no Ángel, se preocupen por cuidar sus retaguardias: hay muchas filtraciones entre ustedes; filtraciones que prueban claramente que incluso muchos de los partícipes de la infamia están contra ella, aunque no tengan el valor de denunciarla públicamente; filtraciones que demuestran, una vez más, lo que ya se sabe: Cuba es un país de máscaras. Cuantas más grietas haya, más cerca el final.

Y les pregunto, “Intelectuales de la dignidad”, simples personeras del régimen: ¿por qué no se pronunciaron contra la inocencia de Ángel, o lo que es lo mismo, por su culpabilidad, cuando él aún estaba libre y podía responderles cara a cara? Los ojos son la ventana del alma y ustedes, señoras mías, no tienen alma. El hecho de atacar a un ser humano encerrado tras las rejas es un signo de indudable cobardía y bajeza. ¿No les enseñaron de pequeños que no se debe hablar mal de nadie a sus espaldas?

Me gusta mirar al futuro y allí las veo. Me gustaría saber si han mirado cómo se derrumba el país a su lado, cómo ya la gente no cree en las consignas, cómo cada día que pasa los cubanos apostamos más por un país distinto, pero sobretodo cómo la dictadura para sostener su poder tiene que recurrir a la represión y a acciones indignas como esta en la cual ustedes han sido protagonistas. Las acciones de hoy traen consecuencias en el mañana, no lo olviden. Y una cosa bien distinta, incluso respetable, es haber tenido miedo y haberse callado, y otra es haber sido colaborador de una dictadura. Es una de las manchas que no se quitan jamás como lo demuestran las experiencias de las dictaduras latinoamericanas (esas dictaduras de derecha) y las dictaduras del antiguo campo socialista (esas dictaduras de izquierda).

Por último, quiero denunciar que apenas habían pasado 48 horas del ingreso a prisión de Ángel Santiesteban comenzó una clara campaña de acoso sobre mi persona.

Antes no necesitaron poner escuchas en mi teléfono porque escuchaban cuando llamaba a Ángel. Ahora, cuando ya eso no es posible pues Ángel sólo puede hacer llamadas dentro de la isla y no pude recibir ninguna, no les alcanzó con intervenirme el teléfono - que tuve que cambiar enseguida de número. “Sospechosamente” mi señal de wifi, que tenía codificada como las normas de seguridad exigen, ha sido hackeada, abierta y le han cambiado el nombre. Y también “sospechosamente” el blog Los hijos que nadie quiso ha sido hackeado y han eliminado la entrada más molesta: la que presentaba el video donde el testigo falso relataba cómo fue “contratado” para tal sucia misión. ¡Qué casualidad!

Ya está restituido el orden en mi teléfono, en mi señal y en el blog. No se cómo no se les ocurre pensar que ante tantas maniobras burdas y simultáneas saltan todas las alarmas. Ni de esbirros saben trabajar.

¿Alguno de estos personeros y defensores de la infamia podría explicarme esta última pregunta?: si se trata, como ellos dicen, de una denuncia verdadera, de un juicio con todas las garantías y de una condena justa, ¿por qué entonces necesitan “reafirmarse” atacando al inocente que ya está encerrado y vulnerando la privacidad de su representante en tierra libre?

Cada paso que dan en este sentido no hace si no ratificar la inocencia de Ángel.

18 de marzo de 2013

Diario en la cárcel III: Mi inocencia probada

Es inconcebible que 4 años después tenga que demostrar mi inocencia. No solo me bastó con decirlo, si no que presenté pruebas de ello, entre las cuales está el video que desenmascara toda la diabólica venganza en mi contra, con la invención de un testigo falso. 
 
Si la Fiscalía y los demandantes presentan este falso testigo, y es descubierta su trama, viéndose obligados a desmantelar su estrategia que iba por 54 años de cárcel,


¿Qué más tengo que decir para demostrar mi inocencia?
¿Acaso no bastan las extensas irregularidades en mi contra?
¿Dónde están las pruebas en mi contra, salvo la manipulada denunciante y la Teniente Coronel qué dice que mi letra inclinada indica que soy culpable?
¿Tampoco es suficiente que me hayan puesto una sanción ilegal?
¿Por qué llevo dos años presentando pruebas y testigos de que soy inocente?
¿Por qué no le piden al Gobierno cubano que presente una sola pruea que no sea la burda burla de mi letra inclinada?
¿A alguien se le ha ocurrido pensar que hubiese ocurrido si mis amigos no hubiesen filmado al testigo? ¿Cuál sería mi condición ahora con una persona diciendo que me vio en el lugar de los hechos?


Me asusta que no sea suficiente desarticular a un testigo falso y que alguien aún comente que en mi última declaración no volvía a reafirmar mi inocencia.

 
Me da vergüenza decir en cada momento: soy inocente. 

 
¿Por qué me piden que lo demuestre y  le hacen el juego a la Seguridad del Estado?
¿Por qué todos los cubanos somos culpables hasta demostrar lo contrario? 

 
No basta haber demostrado con creces mi inocencia.


Los Investigadores y toda la contrainteligencia no pudieron probar mi culpabilidad ni siquiera con sus mentiras.


Para presentar mi inocencia no tengo solo mis palabras. Hay evidencias claras:


  • Tres años y medio de espera y formación de un expediente. En Cuba, esos casos son sancionados en pocos meses a partir del momento en que se abre el expediente investigativo.
  • Quizás lo más contundente es el video del testigo falso. Después de ello, ¿qué más tengo que presentar?
  • Fueron cinco los testigos que probaban la infamia en mi contra, y sus declaraciones sobre mi inocencia fueron rechazadas injustamente con otra absurda mentira. También está publicado en internet.
  • Me condenaron a una pena que no tiene que ver con la acusación.
  • Toda la defensa de mi abogado está en internet a la luz pública.
  • Convoco a todos los que estén interesados en saber la verdad a que lean esos documentos y no me pidan más que escriba que soy inocente.


Decirlo, es hacer lo mismo que el tribunal. Yo ya lo demostré y allí radica la injusticia en mí contra. 

 
No creo que existan personas honestas que, luego de leer los documentos de un lado y de otro y ver el video del testigo falso, se atrevan a comentar que no he vuelto a reafirmar mi inocencia. 

 
Espero que sea por falta de tiempo o vagancia de lectura y no una provocación.

Tampoco quise abandonar el país en las oportunidades ofrecidas, quise estar aquí, en esta cárcel, con mis pruebas, para enfrentar el Gobierno con sus injusticias y aquellos que se prestan y cumplen las órdenes, quedan ante la historia como soldados del régimen.

Apelo a sus conciencias, solo confío en ello. 
 



Ángel Santiesteban-Prats

Prisión La Lima. Marzo de 2013


Documentos de interés:

- Video con el testimonio del testigo falso Alexis Quintana Quindelán, quien confesó que mintió por orientaciones de Kenia Rodríguez, la cual le había prometido retribuirle con beneficios personales.
 

5 de marzo de 2013

Angel Santiesteban Prats: Diario en la cárcel I




El escritor Angel Santiesteban-Prats se encuentra  en el centro penitenciario La Lima, ubicado en Guanabacoa.  Fue traslado allí el sábado después de permanecer un día en la  prisión Valle Grande donde escribió este post, el primero que nos hace llegar desde su cautiverio.
Todos y cada uno de los posts que vaya escribiendo los iremos publicando aquí,  en su blog  "Los hijos que nadie quiso".



Diario en la cárcel I. Prisión de Valle Grande.


Entre rejas

Finalmente el gobierno cubano me tiene entre rejas. Después de 4 años de arbitrario ‘’proceso legal, donde se han violado las reglas más elementales del sistema legal y he enfrentado múltiples acusaciones, todas ellas, con la marcada intención de degradar mi imagen ante la opinion pública, que mi proceso sirva de intimidación a escritores y artistas cubanos y acallar mi blog ‘’Los hijos que nadie quiso’’ con el que he alcanzado la luz, que una vez poseída se vuelve irreversible.

A pesar del sufrimiento y el daño causado, especialmente a mi familia, siento orgullo de encontrarme en el lugar adonde han ido a parar tantos buenos cubanos.
Desde aquí intentaré hacer llegar mis post y cumplir mi modesto rol para lograr una apertura democrática en Cuba, continuaré mi lucha y resistencia al régimen totalitario. Sólo soy un ciudadano que decidió quitarse la máscara y denunciar la verdad de mi país como puedo hacerlo, escribiendo.

Ahora me encuentro rodeado de hombres que cometieron diversos delitos pero se quejan de racismo, golpizas e injusticias sociales. Cuando escuchan que Cuba pronto cambiará los ojos se le iluminan.
A otros reclusos les han aplicado ‘’peligrosidad’’ término supuestamente legal existente en nuestro país. Son individuos sancionados de antemano, bajo sospecha de que puedan cometer alguna ilegalidad, en su mayoría negros y sin trabajo estatal.

Hoy comienza una nueva etapa en mi vida y en el camino que he elegido. La esperanza de los cubanos y su persistencia en la lucha traerán el cambio necesario para convertirnos en un Estado próspero y democrático.

Sin más desde mi ‘’letra alta e inclinada’’ va mi abrazo y agradecimiento a todos los que muestran su solidaridad y apoyo a la causa.

Desde la prisión de Valle Grande, 1 de Marzo de 2013










 Ángel Santiesteban-Prats

29 de agosto de 2010

Diario en la cárcel IV (Hambre)


Foto: Karen Miranda

Los sargentos recogen las bandejas vacías, tan limpias por las lenguas de los detenidos que no hace falta fregarlas.

El sonido de la última puerta al cerrarse deja un silencio que los hace sentir más presos, y el aire, escaso y caliente, provoca asfixia.

Ningún detenido se atrevería siquiera a alzar la voz para evitar que lo lleven a la celda de castigo porindisciplina. Los sargentos caminan lentamente y se detienen a espiar tras las puertas y a escuchar qué hablan los presos cuando la abulia y el desespero por el encierro les provoca un febril estado de ansiedad que vuelcan en habladurías, para luego delatarlos con los instructores.

Cuando el silencio parece eterno, algún mecanismo sádico hace que la noche se detenga y dure más de lo acostumbrado; y llega un susurro, una palabra rechinando en las puertas metálicas, resbalando en el piso como un vaso de agua; y los detenidos se asustan porque conocen bien las voces de cada sargento, los pasos, la forma en que dejan caer las botas mientras caminan, cómo carraspean y hasta sus ronquidos. Por eso, desde sus celdas, todos quedan intrigados porque no pueden descifrar de quién es aquella voz que escapa como un lamento. Esta vez no es alguien que sueña y clama por un ser querido o grita el nombre del instructor para que no se le acerque, ahora alguien grita desde una celda y cada palabra pronunciada toma fuerza; primero no se puede escuchar qué dice, luego se entiende algo como «tengo hambre».

Los sargentos pasan de prisa por delante de las celdas, buscando, como perros con rabia, de dónde sale aquella voz; abren una ventanita, le dicen que se calle, pero el detenido habla, y por el orificio de la puerta escapan las palabras con mayor nitidez, perdone, sargento, pero no sé cómo soportar el hambre, no puedo aguantar, perdón mil veces, pero yo he sido siempre un hombre de buen apetito; los guardias siguen aconsejándole que mejor haga silencio, que si continúa le va a ir muy mal; el preso comienza a suplicar, y la súplica se convierte en llanto. Le advierten que después no van a poder hacer nada cuando quieras parar, ahora estás a tiempo; pero el detenido llora como un niño y pide perdón, nunca fue un hombre de problemas, nunca lo he sido, por favor, entiéndanme.

Se escucha el sonido del candado y luego de los cerrojos que se abren con violencia, después, el
chirrido de las bisagras. El pánico del hombre aumenta, su llanto se acrecienta mientras las voces amenazantes de los sargentos lo interpelan; ruega que no lo golpeen; y los guardias, que entonces se calle y se retirarán y no habrá problemas; le insisten en que comprenda que le están dando más oportunidades de las que acostumbran, pero el detenido asegura que no lo entienden, el problema radica en que no puede soportar el hambre, es algo que no está en mí, no sé cómo controlarla.

Se escuchan algunos golpes y luego el llanto. Los sargentos le preguntan si se va a callar finalmente, y el preso en medio de su llanto incontenible explica que con un pedazo de pan viejo es suficiente, que un poco de raspa le basta o un trozo de boniato. Los guardias comprenden que ni siquiera los golpes lo harán callar y deciden llevarlo a la celda de castigo. El llanto se convierte en gritos de pánico, al chinchorro no, por favor, allí no. Y los sargentos forcejean para inmovilizarlo y poder trasladarlo. El detenido gira el cuerpo, lo encoge para luego estirarlo como un resorte y escapar de las manos de los carceleros, hasta que ya no puede hacer más movimientos y lo conducen a rastras por delante de las celdas. Va llorando y pide disculpas, no quiere que lo tomen como un antisocial, es un hombre bueno, pero de mucho apetito, ese es su único delito. Al chinchorro no, tengo miedo, dice. Le quitan la ropa, como establece el castigo, lo echan dentro de la celda y la cierran; pero los soldados saben que no han
hecho mucho, el detenido continúa pidiendo comida porque es un hombre de buen apetito, está convencido de que esa excusa basta para que lo comprendan.

Los sargentos abren la celda, le advierten que si sigue alterando el orden se van a poner muy furiosos. Pero nada hace que se calle, pide comida una vez tras otra. Uno de ellos entra desesperado y lo golpea muchas veces hasta darse cuenta de que no se callará mientras tenga conocimiento. Otro soldado trae un juego de esposas para las manos y los pies y un poco de vendas para taparle la boca. Forcejean un rato hasta que se deja de escuchar la voz del detenido. Después cierran la puerta de un tirón y por los pasos de los sargentos y la manera en que dejan caer las botas, los detenidos deducen que están cansados. Vuelve el silencio, un silencio que habían olvidado por varios minutos.

Al amanecer, abren la celda de castigo. Nadie ha podido conciliar el sueño pensando en el hombre del chinchorro, en la humedad del piso bañado por esa gota de agua que inevitablemente cae desde el techo y choca contra su cuerpo; saben que es insoportable permanecer un día completo allí.

Cuando le quitan la venda de la boca todavía llora, ahora con menos fuerza, pero aún se puede escuchar su voz: tengo hambre, por favor, soy un hombre de buen apetito.

24 de agosto de 2010

Diario en la cárcel III (Prisión La Cabaña)



Foto: Alejandro Azcuy

CON LOS MESES EN LA CELDA Llegas a asumir la soledad. Luego las cosas mejoran.
Te acostumbras a saber que a unos pasos de ti existen otros desgraciados que lloran, rezan y suplican, que su estancia en ese lugar, increíblemente apacible, se termine alguna vez. Nada es eterno, por mucho que lo parezca.

Lo mejor es cuando sientes ganas de masturbarte, el momento del orgasmo se estira, repasas cada imagen guardada en tu mente, pasa el tiempo y parece como si te hubieras fugado de aquel lugar, quedas con la sensación de haber estado alejado por un tiempo de esas cuatro paredes; en esos instantes crees que en realidad posees a tu mujer, que ella grita de placer y se desespera; inconsciente olfateas debajo de tus axilas, extrañamente ese olor a sudor te recuerda el de tu mujer, pasas los dedos por entre las nalgas y ese también la recuerda, percibes que vas a explotar, y ella se detiene, te vuelve a recorrer el cuerpo con su lengua, después se acuesta para que le hagas lo mismo, y bajas desde el cuello hasta los dedos de los pies, luego retornas con lentitud, regresas sobre esos contornos ya lamidos, es un ritual en el que no se admite desconcentración; vuelves a detenerte, quieres que el tiempo no pase, ya sabes que después del orgasmo es peor, que el semen provoca náuseas, te deprime y quieres gritar que te devuelvan a tu casa.

20 de agosto de 2010

Diario en la cárcel II (Prisión La Cabaña)

Foto: Alina Sardiñas



AL PRINCIPIO PENSÉ Que estaba aislado, que no había más detenidos en las otras celdas; a veces escuchaba alguna puerta que se abría lenta y silenciosa, como tratando de no lastimar sus bisagras; con el tiempo y tanto silencio, los oídos se afinan, comienzan a advertir cierto roce, luego algo que se arrastra, después descubres que son los pasos tristes de alguien que carga el mundo sobre sus hombros y las piernas temblorosas se le doblan de pánico, pero no te importa, te invade la alegría de saber que no estás solo, que no eres el único desgraciado, los ojos se humedecen, tienes deseos de golpear la puerta, de mirar tras el hierro y los muros, ganas de abrazar, de que te abracen, de escuchar una palabra, un susurro, pero que sea de un ser humano; luego preferí no hacer ningún ruido o pronunciar palabras, o no tuve el valor, solo me fui dejando caer frente a la puerta, sabía que los guardias me localizarían de inmediato y en represalia me mandarían para el chinchorro, la celda de castigo, y, posiblemente me negarían las visitas de mis familiares.

Estuve un rato llorando sobre la losa fría. Hubiera querido sentir el calor de otro ser humano; probé pegando mi cuerpo al piso, así me mantenía unos minutos hasta sentir la espalda sudada, y con un movimiento ágil me volteaba y corría a pegar la cara sobre el pedazo ya caliente que estuvo cubierto por mi piel; pensaba que de esa forma materializaba a otra persona, preferiblemente mujer, que permanecía a mi lado; el movimiento apenas se demoraba dos segundos, lo practiqué tantas veces que lo llegué a efectuar en un segundo, pero siempre que me pegaba al piso me sobrecogía la frialdad, la misma que le brotaba por los ojos a los militares cuando me interrogaban, o salía de las paredes y las puertas, emanaba de la comida y del aire; también echaba el aliento entre mis manos, tratando de apresarlo con los dedos y poder olerlo, buscando la sensación de que había alguien cerca y me acompañaba.

Finalmente, llegué a la conclusión que todo esfuerzo que hiciera sería inútil, percibí que el lugar estaba diseñado para hacernos sentir como un pedazo de carne en el matadero.

15 de julio de 2010

Diario en la cárcel I (Prisión La Cabaña)



FUERA DE TODO Mundo imaginario, es el extremo consciente de la realidad, vives dentro de una celda de dos metros de largo y uno de ancho, por lo general con cuatro reclusos, a veces dieciséis que tienen que convivir de pie, y a la hora de dormir, van cayendo lentamente, como desmayando, cañas que se tiran unas encima de las otras, y conforman una masa deforme que no podría adivinarse a quién le pertenecen las extremidades.
El aire no alcanza para dos, ni siquiera para uno solo, y el sonido por el jadeo de la falta de aire se
escucha como un instrumento desafinado. Pero esa asfixia que se convierte en asma crónica, no es peor que estar solo. Muchas veces, según el tratamiento, te dejan solo para que la locura llegue con más rapidez. En ese caso, por unos instantes, lo único que se puede ver, que no sea tu propio cuerpo, son algunos dedos de una mano que desaparece como si fuera producto de la imaginación, cuando abren, tres veces al día, una pequeña ventanita rectangular en la parte baja de la puerta para introducir
las bandejas. Entonces hay que conformarse con observarla esos pocos instantes en que una mano cualquiera tira una bandeja hacia el interior de tu celda y los frijoles o la sopa se esparcen por el piso, se confunden con el arroz que se recoge con la cuchara, porque en esas circunstancias, no se puede desperdiciar ni un solo grano.
A veces dan deseos de tocar la mano, sujetarla, besarla, pedir perdón, misericordia y que ésta se
conmueva y te permita salir de allí, detener la angustia; pero de nada valdría la pena, esa mano solo sabe amenazar, empujar y golpear.