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26 de enero de 2013

"¿Algún problema especial con Santiesteban se habrá omitido en este juicio?"

Santiesteban: los Fundamentos de Derecho y la Duda Razonable

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Wilfredo Vallín Almeida

El caso del laureado escritor Ángel Santiesteban Prats ha sido apelado ante el Tribunal Supremo Popular utilizando el recurso de casación que franquea la ley a su abogado defensor.
En un post anterior analizaba los elementos de hecho que estaban presentes en su caso y ahora lo haré con los de derecho que, a mi juicio, también intervienen en este controvertido asunto.
Ante todo, quisiera empezar por lo que se ha denominado el Principio de Inmediatez. Este principio se refiere al tiempo que debe mediar entre los hechos y su juzgamiento y propone esencialmente que ese tiempo debe ser lo más breve posible.
Cuando media mucho tiempo entre los hechos que serán analizados en el juicio y la celebración de éste (como es el caso que nos ocupa pues entre los hechos y el acto del juicio oral median más de tres años), el paso del tiempo puede:
  1. distorsionar recuerdos, borrar detalles, cambiar impresiones,
  2. introducir la ausencia por una razón u otra de testigos importantes
  3. otros elementos indeseables y perturbadores de la objetividad, veracidad y exactitud que un acto de esa naturaleza debe evitar.
Por otra parte, el artículo 70 inciso 4 de la Ley de Procedimiento Penal reza textualmente:
Cuando no se expresa clara y terminantemente en la sentencia, cuáles son los hechos que se consideran probados, o resulte manifiesta contradicción entre ellos”
Y esto sucede en el caso Santiesteban: hay contradicción en hechos que se dan por probados por el tribunal y otros elementos presentados en el juicio oral y en las declaraciones de algunos testigos. También hay oscuridad “por la omisión de elementos esenciales con trascendencia jurídica”.
Para agregar otro elemento legal más (pudiera señalar otros) me referiré al artículo 350 de la propia Ley de Procedimiento Penal cuando dice:
Se (haya) omitido algún elemento o circunstancia que sin alterar sustancialmente los hechos, puede afectar la calificación del delito, o se ha incurrido en error en cuanto a ésta o en el grado de participación del acusado o en la concurrencia de circunstancias agravantes de la responsabilidad penal…”
La sentencia dictada requiere del cumplimiento de este artículo, pero sus formalidades no han sido observadas.
Un detalle último (por razones de espacio).
La propia Sala del Tribunal Provincial reconoce en su sentencia los méritos personales y los premios obtenidos por Santiesteban. Por otra parte la Instrucción 175 de 21 de julio de 2004 del Consejo de Gobierno del Tribunal Supremo Popular orienta, cuando la sanción de privación de libertad no exceda los cinco años, sustituir tal pena por alguna subsidiaria que no implique internamiento.
Sin embargo, para Ángel Santiesteban la sanción no se refiere a estas subsidiarias manteniéndose la cárcel como única opción.
¿Algún problema especial con Santiesteban se habrá omitido en este juicio?


Publicado por Asociación Jurídica Cubana

25 de enero de 2013

Cronología kafkiana en la isla Utopía. Ángel Santiesteban

Un escritor cubano acaba de ser condenado a cinco años de prisión por un delito que jamás cometió. Acaba de ser mandado nuevamente a galeras por aquella mala manía que tienen algunos de desear que cien, cincuenta, diez, cinco o uno, tengan el mismo derecho a pensar y elegir que los otros millones de cubanos.

Ángel Santiesteban

Hace diez años ya de aquella presentación de Ángel Santiesteban en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, a donde fue llevado por las autoridades culturales cubanas tras haber ganado el premio Alejo Carpentier por su recopilación de cuentos Los hijos que nadie quiso. Hace diez años Ángel Santiesteban se atrevió a ser la voz disonante de una delegación que, a la pregunta constante de los universitarios sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, sólo podían repetir las cantilenas fidelistas que, durante medio siglo, han acusado a cualquier persona de ideas propias como “mercenario al servicio del imperialismo”, y sin poder aguantarse, aquel brillante narrador nacido en 1968 dijo públicamente que “cien, cincuenta, diez, cinco o uno, tenían los mismos derechos a pensar y elegir que los otros millones de cubanos”, recibiendo el aplauso de la joven audiencia, un aplauso que mucho molestó a los representantes del régimen en la FIL y que repercutió en que, el resto del evento, lo apartaran a propósito y sin disimulo de las actividades que tenía programadas.
Ángel Santiesteban había recibido el premio Carpentier luego de notorias escaramuzas con la Casa de las Américas, que ganó finalmente luego de dos intentos en los que el jurado recibió presiones de las autoridades para hacerlo a un lado a como diera lugar —en esas dos ocasiones (1992 y 1994) los ganadores fueron, según Amir Valle, “dos de los libros más flojos premiados en la historia de ese concurso en el género cuento”—, y aunque para 1995 ya pudo alzarse con el premio de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) y el Carpentier para el 2001, sólo hasta el 2006 fue reconocido por Casa de las Américas, en una dudosa retribución, no exenta de coacciones oficiales al jurado, y que apenas le permitió disfrutar de controladas ediciones a Dichosos los que lloran. Sin embargo, sus libros, por lo general editados con diseño mediocre, se agotaban de inmediato en las Ferias del Libro de La Habana. Se escapaban en las manos ávidas de los mismos lectores que dejaban mosqueados en las estanterías a los volúmenes más favorecidos por la oficialidad.
Ángel Santiesteban ya había sufrido prisión. Aunque absuelto después de que un tribunal reconociera que no había delito alguno en despedir en la costa a su hermana —quien abandonaba la isla ilegalmente— de igual manera tuvo que sufrir catorce meses en los calabozos del régimen antes de ser reconocida su inocencia en el supuesto delito de “encubrimiento”. De aquella experiencia emergió literatura, emergió la traducción al verbo escrito de la hambruna y el trato inhumano de las cárceles cubanas.
Pero el régimen neoestalinista no podía permitir lo que vino después. Ángel, ya delimitada su línea ética con respecto al oficialismo, optó por escribir sus opiniones y publicarlas en la naciente blogosfera cubana independiente. Un viejo amigo, el poeta Camilo Venegas, lo instruyó en los avatares de la internet y el blogspot. Como buen cubano semianalfabeto de la 2.0, machacó la red y sacó a la luz el blog Los hijos que nadie quiso, domesticando las limitaciones de conectividad isleñas y posteando cada vez que podía sus escritos críticos, sus verdades y su riesgo explícito.
Ángel Santiesteban, dado que los medios y la poca red virtual de Cuba permanecen bajo estricto control de sus captores, necesita del apoyo internacional, necesita de la solidaridad de sus colegas y de cuanta gente decente quiera sumarse al reclamo de las redes sociales por su libertad.
Para fines de 2011 ya tenía Ángel un proceso legal construido a propósito, un mecanismo kafkiano que intentó pedirle condena de hasta cincuenta años por supuestos delitos de violación, robo, intento de homicidio, amenaza, asedio, lesiones y atropellar a un menor en la vía pública. Todo en un libreto muy mal escrito en el que su exesposa se aliaba a un oficial de la policía política para causarle el mayor daño posible.
Las pruebas falsas fueron cayéndose poco a poco y sólo ya casi terminando el 2012 —y después de que el escritor y otros activistas pacíficos fuesen brutalmente reprimidos frente a una sede de la Seguridad del Estado en La Habana, golpeados y encerrados por varios días— el infame proceso se retoma y Ángel Santiesteban, otra vez sin pruebas y con suficientes testigos a su favor, es llevado ante los “tribunales revolucionarios” y condenado a cinco años de prisión por los descaradamente fabricados delitos de “violación de domicilio y lesiones”.
No es, ni con mucho, el primer cubano reducido por cargos amañados, fabricados torpemente por la dictadura castrista. Muchos otros han sido sistemáticamente desacreditados por la publicidad oficial, enviados a la cárcel bajo cargos inmorales, pero hasta hace poco tiempo la disidencia se movía casi compulsivamente en terrenos de la protesta física, con poco manejo de la filosofía o el análisis sociológico. Ángel, en su carácter de narrador prestigioso, se incorporó a las mesas de debate que otro intelectual, Antonio G. Rodiles, había abierto en su propia casa. Estado de Sats se dio en llamar a aquel espacio de inclusión, de conceptualización, de proyección cívica que tanto necesitaban las nuevas generaciones para compartir sus diferencias de pensamiento.
El gobierno no ha podido endilgarle relación, siquiera superficial, con la CIA o con la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en Cuba. No encontró manera viable de encauzarlo por “mercenario al servicio del imperialismo”, así que se imponía un escarmiento por vías extraoficiales. La acusación falsa de cargos exacerbados podía ser la respuesta, pues entre tantos supuestos delitos alguno podría funcionar. Y funcionó.
Un escritor cubano acaba de ser condenado a cinco años de prisión por un delito que jamás cometió. Acaba de ser mandado nuevamente a galeras por aquella mala manía que tienen algunos de desear que cien, cincuenta, diez, cinco o uno, tengan el mismo derecho a pensar y elegir que los otros millones de cubanos.
Jóvenes universitarios aplaudieron hace diez años a Ángel Santiesteban Prats durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Hoy el escritor necesita de ellos, y de los intelectuales mexicanos que ya distinguen entre la utopía revolucionaria y la decadente tozudez de un régimen totalitario que nos embaucó a todos por igual. Ángel Santiesteban, dado que los medios y la poca red virtual de Cuba permanecen bajo estricto control de sus captores, necesita del apoyo internacional, necesita de la solidaridad de sus colegas y de cuanta gente decente quiera sumarse al reclamo de las redes sociales por su libertad. ®

Publicado por Revista Replicante

24 de enero de 2013

Mi letra "inclinada" y de "tamaño sospechoso" publicada en Francia.

Cuba dejó ser  tema de buenas noticias en la prensa mundial desde hace ya muchas décadas. Hoy por hoy, las violaciones de los Derechos Humanos, la represión y la violencia de estado, los secretismos a cerca de la salud de los dictadores -el retirado Fidel Castro y el "activo" Hugo Chávez-, las persecuciones políticas, las detenciones arbitrarias, la persecución religiosa, los presos políticos y los campos de concentración donde los tienen hacinados, las epidemias de cólera y dengüe, las miserables condiciones de vida y de la sanidad, son, entre otras muchas desgracias que padecemos quienes estamos atrapados en la isla, el leiv motiv en los periódicos y medios de comunicación extranjeros. Claro que siempre hay algunos que llenan de halagos al cruel régimen, porque los negocios son negocios. Y tampoco les importa la verdad porque viven fuera.
El dictador debería ya haber tomado nota de que es él mismo su principal detractor. Ninguna persona en su sano juicio y en plenitud de sus facultades puede pensar -e intentar hacer creer- que son el embargo y el "imperio" sus enemigos.Y debería asumir que ser dictador es mala prensa en todo el mundo.
A los cubanos nos puede intentar mentir y silenciar, pero no puede hacerlo con el resto del mundo.
Y mientras espero la respuesta a la apelación del vergonzoso fallo judicial sobre una causa inventada con el que me quieren encerrar cinco años en un campo de concentración, alegando que "escribo con "cierta" inclinación, y dibujo las letras de un "tamaño muy sospechoso", en Francia alaban mi obra literaria, la publican y la promocionan.

Ángel Santistesteban-Prats
Escritor cubano.

A Cuba, l’écrivain et blogueur Angel Santiesteban est condamné à cinq ans de prison

Le harcèlement des dissidents cubains par des interpellations à répétition et des arrestations de courte durée a connu un rebondissement inédit depuis le remplacement de Fidel Castro par Raul Castro : l’écrivain et blogueur Angel Santiesteban Prats, 46 ans, vient d’être condamné par un tribunal de La Havane à cinq ans de prison, pour violation de domicile et lésions.




Ángel Santiesteban Prats est un auteur reconnu, primé à la fois par des institutions cubaines, comme la prestigieuse Casa de las Américas, et étrangères, comme Radio France Internationale.
L’écrivain alimente un blog critique, Los hijos que nadie quiso ("Les enfants dont personne n’a voulu").
Depuis trois ans, il a fait l’objet de diverses menaces et agressions de la part d’agents de la Sécurité de l’Etat, la dernière en date le 8 novembre, devant un commissariat de La Havane, alors qu’il demandait des nouvelles d’une avocate indépendante détenue la veille.
A cette occasion, il avait été brutalement interpellé, puis relâché après que ses proches eurent mis en ligne sur Internet la photo de sa chemise ensanglantée.
Santiesteban Prats a été jugé par le tribunal du quartier Diez de Octubre, à La Havane, le 29 octobre, mais la sentence n’a été connue que ce week-end, répercutée par la blogosphère cubaine. A défaut de pouvoir l’inculper pour ses activités dissidentes, les autorités ont invoqué des charges de droit commun, la plupart d’entre elles écartées par le tribunal. L’écrivain s’attendait d'ailleurs à une absolution, avant son interpellation musclée du 8 novembre. Il a annoncé son intention de faire appel.
Angel Santiesteban Prats (La Havane, 1966) avait été récompensé par le prix Juan Rulfo de Radio France internationale en 1989, le prix de l’Union nationale des écrivains et artistes de Cuba (Uneac) en 1995 (pour son ouvrage Songe d’un jour d’été, sur les expériences dramatiques des Cubains dans la guerre d’Angola), le prix Alejo Carpentier de l’Institut cubain du livre en 2001, le prix Casa de las Américas en 2006 pour son recueil de contes Dichosos los que lloran (Heureux ceux qui pleurent).
Les éditions L’atinoir publient la traduction française des nouvelles de Laura à La Havane (134 pages, 14 euros), disponible en librairie à partir du17 décembre.

Publicado por Le Monde

23 de enero de 2013

Angel Santiesteban: La dignidad no se mata ni se enjaula.


La mayoría de los seres humanos compartimos con el reino animal el amor a la libertad y el respeto al prójimo. Todos no, evidentemente. Porque si fuera así, no existirían los dictadores ni demás espíritus inferiores que -reencarnados en deleznables esbirros y matones- ejecutan -literalmente- a la dignidad humana día a día. Pero la dignidad es imbatible y cuantas más veces la asesinen, más veces resucitará.
La Cuba castrista forma parte de una lamentable lista de estados cuyos gobernantes representan todo lo que no deberían ser.
Afortunadamente también estos países cuentan con intelectuales dispuestos a luchar con todo su ser por acabar con el sistema que los oprime.
Ser un perseguido político en Cuba por defender la libertad y la dignidad e integrar la lista con otros hermanos del mundo que también lo hacen aun sabiendo a lo que se exponen, me llena de orgullo. La dignidad no se mata ni se enjaula. 
La actitud es la del león que enfrenta al temible cocodrilo. 

¡Que el tirano sepa lo que hay!

 



Ángel Santistesteban-Prats
Escritor cubano.

 

On s’en fout grave


Au Qatar, un tribunal de Doha vient de condamner le poète Ibn al-Dhib à la prison à perpétuité pour avoir écrit un poème dans lequel il compare tous les pays arabes à la Tunisie en lutte contre une élite despotique. Mais soyons francs : cette affaire, on s’en fout. En Hongrie, l’écrivain Péter Esterházy a été censuré par une radio publique parce qu’il avait critiqué la politique culturelle du gouvernement du très conservateur Premier ministre, Viktor Orbán, lequel a mis les médias sous contrôle. Que les choses soient claires : on n’en a rigoureusement rien à battre. A Moscou, l’écrivain Edouard Limonov a été interpellé le 31 décembre pour avoir tenté de participer à un rassemblement non autorisé : il s’agissait de défendre, comme tous les 31 des mois comportant 31 jours, l’article 31 de la Constitution, qui garantit la liberté de rassemblement. Prenez note : nous n’en avons absolument rien à foutre.
En Chine, le poète ouïghour Nurmemet Yasin a été torturé et condamné en 2004 à une peine de dix ans de prison pour avoir publié une nouvelle intitulée le Pigeon sauvage, considérée comme un réquisitoire déguisé contre les autorités. Qu’il crève ! D’ailleurs, il semble que cela soit fait : on vient d’apprendre qu’il serait mort en prison en décembre 2011. En Chine toujours, le poète dissident Li Bifeng, emprisonné depuis 2011, vient d’être condamné à douze années de prison… pour escroquerie. Ce chien puisse-t-il pourrir comme l’autre, bon débarras ! Gérard Depardieu, acteur français de talent, est aux prises avec le gouvernement français qui veut lui piquer ses sous. Cette fois, on franchit les bornes du scandaleux et de l’inacceptable.
Car l’affaire ressemble fort à une persécution politique doublée d’une chasse à l’homme : Gérard voulait juste profiter de ses millions, péter dans la soie, roter son vin sans se faire emmerder par la collectivité. Or on le traque, on l’impose à 75%, on l’oblige à fuir en Belgique, et peut-être même jusque dans les montagnes de l’Oural. On aimerait se lancer ici dans une défense argumentée de ce comédien tyrannisé, mais la rage est trop forte, les mains tremblent, les mots se bousculent sous la plume, et tout ce que nous parvenons à écrire est : c’est vraiment dégueulasse. Mais à quoi bon s’indigner ? Tout le monde s’en moque et Depardieu, comme tous les autres sans voix, est condamné à subir le chapelet d’avanies que lui a concocté un régime despotique. Ayons une pensée émue pour ce grand lecteur de saint Augustin.
Et pendant ce temps-là, avec quoi nous bassine-t-on ? Avec l’écrivain et blogueur cubain Angel Santiesteban Prats qui, le mois dernier, a été condamné par un tribunal de La Havane à cinq ans de prison pour… violation de domicile. Inutile de dire qu’on s’en moque éperdument. Avec l’écrivain saoudien Turki al-Hamad, arrêté le 24 décembre pour avoir diffusé sur Twitter des propos jugés offensants envers l’islam. On s’en bat l’œil au point de se faire des cocards. Avec le journaliste et blogueur Hamza Kashgari, livré l’an dernier par la Malaisie au royaume saoudien afin qu’il soit jugé pour blasphème, suite à ses commentaires sur Twitter regardés comme insultants à l’égard du prophète. Nous nous en tamponnons férocement le coquillard.

19 de enero de 2013

Ángel Santiesteban: la ronda del silencio





 Por: Leopoldo Luis
 
Yo escribía notas culturales para una agenda semanal de la revista electrónica Esquife. Eran unos textos sencillísimos, de apenas cuarenta líneas, por las que me pagaban —juro que de manera casual— cuarenta pesos, moneda nacional; es decir, agropesos, CUP (puesto que el Cuban Convertible Currency no deja de ser muy nacional también).
Entonces alguien me sugirió: “El viernes 28 de marzo (me estoy remontando al 28 de marzo de 2008) será la clausura del Primer Festival Internacional de Narradores Jóvenes de La Habana, a la 1:00 p.m. en Casa de las Américas, ¿por qué no preparas algo?”. Me dijeron más: “Por la mañana van a presentar Dichosos los que lloran, el libro con que Ángel Santiesteban ganó el Premio Casa de las Américas 2006”, a esas alturas todavía ausente de las librerías habaneras.
Llegué pasado el mediodía. Ni rastro de escritores (jóvenes o viejos) y ningún indicio de festival, encuentro, conferencia, coloquio… lo que sea que estuviera previsto. En cambio, tras el pequeño mostrador donde se exhiben las ediciones del Fondo Editorial Casa, una muchacha sonreía.
—Es un libro polémico —dijo, sin entrar en detalles—. No quedan ejemplares en el almacén. Se imprimen en el extranjero y esperamos que lleguen de un momento a otro…
Se me olvidó lo del “festival de narradores”, pero la curiosidad por el destino del volumen, premiado hacía dos años, me azuzó con renovados bríos. Un par de días más tarde remití un e-mail a su autor, a quien, por demás, no conocía personalmente. En su respuesta ratificaba lo dicho: “Pareciera que el barco que trae los libros ha extraviado el rumbo”, escribió. Creí percibir en su tono una dosis respetable de ironía. Prometió conseguirlo para mí, y ya no volví a tener noticias suyas.
Una tarde, visitando el Taller de Manero, situado en la localidad capitalina de La Ceiba —y al que suelen acudir no sólo pintores, sino escritores y artistas de otras ramas—, Ernesto Pérez Castillo tuvo la gentileza de obsequiarme una antología singular: Los que cuentan, publicada por la Editorial Cajachina del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Entre los cuentos había uno de Ángel: “Noche de ronda”, que, por la temática recurrente del presidio, supuse tomado del libro fantasma.
El siguiente eslabón de la cadena fue toparme en Internet con el relato titulado “Hambre”. Lo descubrí por casualidad en algún blog, no puedo recordar cuál. Era una historia breve, sin excesivas pretensiones de estilo, una lectura “fácil”.
En efecto, “Hambre” cuenta una anécdota que impacta por su sencillez. Un recluso se queja cuando apagan las luces. Tiene hambre. “No soy un tipo problemático ni nada”, alega. O algo por el estilo. “¿Puede alguien conseguirme un boniato, un poco de raspa? Con eso bastaría”, continúa, mientras los guardias insisten en hacerlo callar. El diferendo va subiendo de tono y el convicto termina amordazado en una celda de castigo. El resto de la noche transcurre en silencio. Hasta que al amanecer lo buscan para reintegrarlo a la galera…
Asombra que una historia tan simple discurra con un nivel de sugerencia que no cede en espontaneidad y fuerza. El hambre de “Hambre” va atenazando al lector en la medida que avanza. El protagonista siente un apetito atroz que lo impulsa a desafiar las reglas, no importa lo inflexibles. Es sólo un preso, un hombre común privado de libertad, a quien no pueden acallar su hambre. Nada más.
En lo formal, se trata de una prosa reposada que parece tomar distancia de los atormentados relatos de Sur: Latitud 13 (Premio UNEAC de Cuento 1995) y de Los hijos que nadie quiso (Premio Alejo Carpentier de Cuento 2001). Mas no hay sosiego espiritual en “Hambre”, como tampoco en los demás cuentos que completan el tomo (que por fin obtuve —autografiado por su autor— durante su lanzamiento “oficial” en el Palacio del Segundo Cabo, antigua sede del Instituto Cubano del Libro).
Digo prosa reposada pensando en el abismo narrador-historia. En “Hambre” el escritor no expresa el drama con la intensidad de Sur… No trasluce la misma carga vivencial, no duele el testimonio. Una suerte de extrañamiento (que no alcanzo a explicarme) nos conmina a percibir las emociones desde un ángulo pasivo. Incluso con humor. Y con cierta socarronería.
Antes de “Hambre” yo había leído a Santiesteban con alguna aprensión. No por faltarle dotes como contador de historias, sino precisamente por las historias que prefería contar. ¿Excesivamente cosidas a la realidad cubana? No estoy seguro. Pero nos saturamos a lo largo de una década con balseros, jineteras y depredadores de ganado mayor. Los años cero se presentaron con un rostro diferente. Los ahora jóvenes escritores —a quienes no sabría que adjetivo endilgar después de haber envejecido los “novísimos”—, se negaron de plano a mantener el ritmo. La nueva narrativa, no menos iconoclasta, ya no se fue a la guerra ni abandonó el país en una embarcación rudimentaria. La generación de los 90, con sus “últimos serán los primeros”, se fue quedando al margen.
Claro, un libro como Sur: Latitud 13 se salva bajo cualquier circunstancia. Por muchísimas razones, más allá de la calidad literaria. Oficio de narrar e intuición abundan en aquellos textos desolados, profundamente humanos, en tanto el tema de la guerra y las campañas bélicas cubanas en África funciona de dos maneras: como pretexto para zanjar la deuda moral acumulada durante treinta años y como paneo abarcador, mirada global sobre una tragedia viva. Ningún otro cuentista de su promoción logró escalar esa altura. Ni siquiera la versión mutilada de Sueño de un día de verano (Ediciones UNIÓN, 1998) consigue socavar el profundo aliento antiépico que allí se respira.
En Los hijos que nadie quiso se nos presenta la cuestión de la cárcel, la otra gran obsesión del artista. Personajes caricaturizados, desubicados, a veces ridículos. Siempre desgarrados. Santiesteban elige un tema poco visitado antes por la literatura cubana (exceptuando quizá las narraciones de Eladio Bertot y Carlos Montenegro). Los condenados (¿los hijos?) de Los hijos… extinguen su pena en latitudes inexactas, en tiempos imprecisos. Escasos referentes se dan para situar la trama: King Kong, el faro del Morro, la canción de Julio Iglesias… El escritor elude descripciones, ex profeso. Quizás las juzgue innecesarias. En definitiva, ¿no lo son?
Dichosos los que lloran vendría a constituir entonces una suerte de saga de estos primeros relatos del presidio. A propósito de ese libro “duro y excelente” no voy a redundar: en su momento concebí una reseña (“Escribir con voz del llanto”) publicada en Isliada.com.
Del mismo modo que “Hambre”, con su aparente pereza argumental —aunque pletórica de insinuaciones vívidas, realistas como su propio título—, recibo la noticia de la sanción. El narrador cubano, uno de los que mayor reconocimiento nacional e internacional ha obtenido a lo largo de las últimas dos décadas, ha merecido, no un premio, sino la sanción de cinco años de privación de libertad, como autor, no de un texto literario, sino de los delitos de Violación de domicilio y Lesiones.
En un post reciente (de los pocos que he tenido ocasión de leer), el escritor se declara inocente y atribuye la persecución a su activismo político. La sentencia, dictada por la Sala Primera de lo Penal del Tribunal Provincial Popular de La Habana, le fue notificada el pasado 6 de diciembre de 2012 y, al amparo de lo autorizado en la Ley procesal, su defensor estableció el Recurso de Casación pertinente ante el Tribunal Supremo.
En resumen, que aunque no cabe descartar una decisión favorable de parte de nuestro máximo órgano jurisdiccional, Ángel Santiesteban puede tener sus días de libertad contados. Asombra que una historia tan compleja discurra con un nivel de sugerencia que no cede en apatía y mudez.
En efecto, la información llega a mi bandeja de entrada (cortesía de cualquiera de mis contactos) y cuenta una anécdota que impacta por su crudeza. Un escritor se queja, no cuando apagan las luces, no porque tenga hambre. El extrañamiento se desvanece y nos conmina a percibir las emociones desde un ángulo activo. Sin ningún humor. “No soy un tipo problemático ni nada”, tal vez alega el acusado-personaje. No puedo saberlo. No puedo responsabilizarlo por las infracciones que le imputan. No puedo absolverlo. No puedo aseverar nada: nada se ha dicho en la prensa (pues claro que no —se burlará seguramente algún listillo—, tampoco dijeron nada del juicio de Agustín Bejarano en Miami).
Puedo decir solamente que conocí a Ángel Santiesteban, no con la profundidad necesaria para llamarlo amigo; que me acercaron a él lazos de fraternidad que no vale la pena mencionar ahora que mis afectos masónicos no muestran signo de recuperación alguno. Puedo decir también que he leído su obra y que he sido desde entonces un mejor ser humano, mucho más abierto y sensibilizado con el dolor ajeno. Puedo decir, por último, que un creador de su estatura no merece —aunque aplastado por la peor de las desgracias—, que el resto de la noche transcurra en silencio, hasta que al amanecer (como al protagonista de “Hambre”) lo busquen para reintegrarlo a la galera.
El encarcelamiento de un escritor es bajo cualquier circunstancia una tragedia.
Y las tragedias nunca tienen un final feliz.

Foto tomada de: correodiplomatico.com


Publicado en : VerCuba

18 de enero de 2013

Causas inventadas y otros delitos judiciales.

En esta entrevista explico el estado en que se encuentra la causa que me inventó la dictadura y por la que me quiere encerrar cinco años en un campo de concentración.

Mi abogado ya presentó el recurso de casación que está disponible para su lectura en mi blog.

En dicho recurso están detalladas todas y cada una de las violaciones a la Ley que ha cometido la misma Justicia  a la hora de condenarme por "escribir con “cierta” inclinación, y dibujar las letras de un tamaño muy sospechoso."

La Justicia que pretende enjaularme es la misma que -un mes antes de fallar sobre mi "culpabilidad" y adjudicarme cinco años de condena- puso al agente Camilo en mi camino para acosarme, amenazarme y advertirme de que ya había sido condenado un mes antes de que el Tribunal dictara sentencia. Un proceso sin garantías donde se inventan las acusaciones y se dictamina la sentencia a priori. El agente Camilo está tan satisfecho en su rol de esbirro acosador que no cesa en su empeño de perseguirme y amenazarme como lo demostré ya en un par de videos.

Una vez más apelo a la opinión pública internacional para que denuncie los atropellos que sufrimos en Cuba todos aquellos que no profesamos la idolatría al dictador y su criminal sistema de gobierno.



14 de enero de 2013

Yo denuncio: si me pasa "algo" no hay "accidente" posible.

El delito más grave que puede cometer un ciudadano en Cuba es querer que su país sea la libre y democrático, pero más grave aun es expresarse en contra de la dictadura criminal que nos gobierna desde hace 53 años. Y en mi caso personal, el cúmulo de "delitos" que coroné caligráficamente escribiendo con "cierta" inclinación y dibujando las letras de un tamaño muy sospechoso por si a alguien le quedaban dudas, son los que ahora me llevarán a un campo de concentración castrista si alguien no detiene esta barbarie.
La sentencia de cinco años de privación de libertad por supuestos delitos de violación de domicilio y lesiones, me fue anticipada por  un agente de la Seguridad del Estado cuando fui violentamente golpeado y luego detenido junto a otros compañeros que reclamábamos la libertad de Antonio Rodiles en la unidad policial de Acosta, en el reparto de Lawton el 8 de noviembre del pasado año.
El agente Camilo, en su infinita "bondad", me dijo que si no me bastaba con los cinco años que me iban a echar por la supuesta causa común.

Agente Camilo

Agente Camilo

Agente Camilo


No me sancionó el tribunal: me condenó la Seguridad del Estado por abrir un blog y ser opositor al gobierno.

Un agente "secreto" de cuarta, que no es más que un esbirro barriobajero, conocía la sentencia antes de que la pronunciara el Tribunal. ¿Alguien en su sano juicio puede llamar a eso Justicia?
En un país cuyo gobierno fue secuestrado hace cinco décadas por una manga de desvergonzados y corruptos criminales que se hacen llamar "comunistas" y que se lo reparten todo dentro de la dinastía como si de una satrapía se tratase, no cabe ni por un momento esperar que exista la Justicia. Lo que existe es la "justicia castrista", es decir un poder del estado y al servicio del mismo que regula y administra los castigos y las venganzas que decide el poder político bajo mandato exclusivo del tirano Castro II.

En aquella ocasión fui puesto en libertad luego de que salieran de Cuba el video del operativo y la fotografía de la camisa que yo llevaba puesta y que se convirtieron en pruebas irrefutables de que la policía política cubana reprime violentamente. Con dichas pruebas dando vueltas alrededor del mundo no pudieron mantenerme más tiempo enjaulado.














Tras ser puesto en libertad y a la espera de la sentencia cuya apelación está ahora en proceso, no cesó el acoso y la persecución de la Seguridad del Estado sobre mi persona.
Es al mismo agente Camilo a quien le han encomendado espiarme, perseguirme y acosarme.
El día 15 de diciembre por fin logré obtener una prueba de ello y quedó inmortalizada en los videos que aquí presento.





En estas capturas les enseño el auto verde del agente Camilo y a él mismo manejando y haciéndome un gesto amenazador:

Agente Camilo en el auto verde
Agente Camilo en su auto verde.
Agente Camilo con gesto amenazante.

El auto blanco es el que acompaña al agente Camilo en la "misión":

Este auto blanco acompaña a Camilo en la misión de seguirme.

Auto blanco que acompaña al agente Camilo.


Con las pruebas aquí presentadas, quiero dejar sentado que si algo me sucediera, si tengo un "accidente" de tráfico o muero de un "extraño virus" o en cualquier otra extraña circunstancia, se tratará de un asesinato ordenado por el dictador Raúl Castro quien quiere sacarme del medio a cualquier precio.

Ángel Santistesteban-Prats
Escritor cubano.